Decidió que ya era hora de manifestar sus sentimientos. Se miró al espejo, respiró hondo, y dirigiéndose al teclado comenzó a mover los dedos febrilmente. No había marcha atrás, los pensamientos brotaban atropelladamente. Los dedos se tropezaban ante las teclas de aquel aparato endiablado, dibujando los pensamientos de una mujer que deseaba terminar con los fantasmas del pasado.

 

Jimul