1 de Diciembre, 2006, 16:07: GladysGeneral

 

    

PARPADEO

María avanzaba lentamente por la autovía que bordeaba el gran parque de diversiones recién inaugurado, y que constituía el orgullo de los políticos de turno, y de la ciudadanía en general. Sobre el cielo profundamente azul se recortaba el armazón desafiante de la montaña rusa, que como roja serpentina se elevaba sobre el horizonte para hundirse en desniveles de vértigo, obligando a las gargantas humanas a rugir en cuanto el vagón iniciaba el descenso, justo después de asomar su trompa sobre el borde más alto; parecía como si por una milésima de segundo, la montaña mecánica regalara a sus pasajeros un paréntesis de calma antes de lanzarse al vacío.

María casi presentía los alaridos de la gente en cuanto el vagón caía y sonreía pensando en lo que ella disfrutaba con esa atracción, en cómo cerraba los ojos y se entregaba sin voluntad alguna a la explosión de adrenalina que su cuerpo producía y que la devolvía renovaba a sus rutinas de funcionaria del Estado.

         En el espejo del retrovisor de su automóvil apareció el vagón de la montaña lleno de gente y como impreso sobre el cielo azul, sin duda se hallaba en ese estado medio entre el ascenso y el descenso, donde los pasajeros se preparan para saltar al vacío aferrándose con todas sus fuerzas a la barra de hierro. María disminuyó la velocidad y dio gracias al cielo por ese semáforo en rojo que le regalaría la fascinante visión del raudo descenso del vagón. Su pie se posó firmemente sobre el freno y lanzó un suspiro de alivio, pero al mismo tiempo sintió miedo, un miedo repentino que como tenaza de acero le apretó el corazón y tuvo el presentimiento de la inminente desgracia que de un momento a otro se produciría, y su cerebro, para más desazón de su entendimiento, le permitió percibir la magnitud de su responsabilidad. Sí, por insólito que parezca María sintió que de ella dependía el variar el cauce de los acontecimientos próximos a suceder, supo que tendría que mantener los ojos abiertos para atrapar en su retina la mayor cantidad de variables, estar alerta a como diera lugar y pasara lo que pasara, de lo contrario todo se desmadraría, pero sus ojos se le resistían, le escocían produciéndole un ardor insoportable, como si dos gruesas gotas de limón hubieran caído sobre sus pupilas, en vano intentaba mantenerlos abiertos en una lucha en la que su voluntad estaba perdiendo la batalla contra la fatalidad y ya no pudo más; la visión se le nubló y en un acto involuntario parpadeó. Cuando sus pestañas superiores se tocaron con las inferiores, el vagón de la montaña rusa salió disparado de su carril y fue a estrellarse contra el otro vagón que acababa de iniciar su ruta; una enorme profusión de chispas anaranjadas nubló la visión y al ir desapareciendo permitió ver pedazos de hierro retorcido mezclándose con miembros humanos mutilados que iban cayendo a la velocidad de un meteorito, para impactar inmediatamente sobre la tierra.

         María sintió alivio en sus ojos, el semáforo cambió a verde y el pie derecho se hundió en el acelerador.

 

 Por: Gladys

1 de Diciembre, 2006, 16:05: SelváticaGeneral

Gracias a todos los escritores que poco a poco nos están haciendo llegar sus relatos del semáforo. Sean bienvenidos y espero que los disfruten.

La Dirección

1 de Diciembre, 2006, 15:31: SelváticaUn libro para ti

TÍTULO:. El maravilloso traje de color vainilla

AUTOR: Ray Bradbury

GENERO: Teatro

No suelo leer teatro. Para mí resulta sumamente difícil seguir las instrucciones de la puesta en escena e individualizar cada personaje.

A diferencia de la prosa, uno acomoda nombres con absoluta libertad, les pone color en los ojos, un tono de voz, y su presencia está ahí sin dejarse notar demasiado. En cambio en el teatro el autor nos  pone delante al actor, a su puesta en escena y los diálogos se tienen que acomodar al clima que él nos propone.

Sin embargo, a pesar de tanta dificultad y porque he sido una gran admiradora de la obra de Bradbury me decidí a leerlo y me encontré con "el maravilloso traje de color vainilla" y claro, al principio me estrellé contra el escenario, por decirlo de alguna manera,  me estrellé con la historia de seis hombres que anhelan un maravilloso traje de color vainilla, para dar a sus vidas algo de brillantez; uno quiere ser guapo y amado; otro, triunfar en "sus pequeños negocios"; otro, desea llamar la atención... y así, cada uno de estos hombres se transforma, se amolda, promete y cumple hacer lo que sea por poder lucir su maravilloso traje...

Como ven, una idea original, una trama profundamente humana y un desarrollo genial, como todo lo que escribe Bradbury y no, no exgero, aunque pueda parecerlo dada mi pasión por el autor. De todas maneras si no lo han leido, este sería un buen principio y si no han leido teatro... un reto.

Por: Selvática 

1 de Diciembre, 2006, 15:14: SelváticaUn libro para ti

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TÍTULO: El corazón de las tinieblas

AUTOR: Joseph Conrad

GENERO: Ficción

Un interrogante que nos revolotea alrededor de la cabeza desde que leemos el título. ¿Qué quiere decir? y a medida que avanzamos en su lectura: ¿A dónde irá a parar? y las páginas se van deslizando entre nuestros dedos mientras nosotros seguimos tanteando a ciegas por el mundo propueto por el autor, nos tropezamos, caemos, nos levanamos, volvemos sobre nuestros pasos, inventamos nuevas rutas hasta que de repente algo empieza a tomar forma, algo va calando en nuestro cerebro: "el altamar estaba obstruída por una negra faja de nubes y el tranquilo camino de agua conducente a los últimos confines de la tierra fluía sombrío bajo un cielo cubierto.Parecía conducir al corazón de unas inmensas tinieblas".

Esa es la magia de la literatura, por eso quien quiera perderse ya puede abrir las páginas de este libro.

1 de Diciembre, 2006, 14:55: SelváticaUn libro para ti

TÍTULO: Tiempo Cero

AUTOR: Italo Calvino

GENERO: Ficción

A todos los amigos que quieran embarcarse en un viaje muy particular por el pasado... o por el presente.

Como dice Calvino en su prólogo: "La ciencia ficción trata muy a menudo del futuro, mientras que cada uno de mis cuentos se remonta a un pasado remoto".

Y es este viaje el que les proponemos desde Cae la noche, pues tiempo cero no nos muestra únicamente imágenes del pasado, también nos pinta esos tiempos muertos que nos acorralan en el momento menos pensado, como cuando tropezamos y perdemos el equilibrio; es ese instante intermedio entre el tropezón y la inminente caida, el que fascina a Calvino y ahonda en ello explorándolo, analizando cada posibilidad para deleite y aosmbro de sus lectores.