NOS VEN
El humo del cigarrillo le impide una buena visibilidad, para colmo, los ojos le empiezan a llorosear y el maldito rimel va a dejar unos diminutos caminos negros en sus mejillas. Menos mal que el semáforo se ha puesto en rojo, lo que le permitirá parpadear fuerte, mirarse en el espejo retrovisor a comprobar los estragos de la mala calidad de sus cosméticos y una vez inspeccionado el panorama de su cara podrá ir ejecutando el plan de recomposición: kleenex en la guantera para limpiar las mejillas y en el pequeño neceser los cosméticos para el retoque antes de llegar a la oficina.

Tras ella, un hombre se saca los mocos sin mirar a nadie confiado en que nadie lo mira a él… y encima es su jefe. Mierda – piensa – mejor que no me vea, porque si se da cuenta que lo ví haciendo eso tan feo, seguro que me coje ojeriza y vaya a saber de lo que es capaz.

Disimula, se concentra en sus ojos, se agacha, abre el bolso pero se interrumpe al ver que la ceniza del cigarrillo está a punto de caerse sobre el tapete, la tira por la ventanilla y el semáforo se torna ámbar. Va soltando lentamente el freno y en el momento de acelerar fija su atención en la calle y un auto blanco se le atraviesa veloz para lograr pasar antes del cambio. En él, como una especie de sombra iba una niña con uniforme de colegio de monjas metiéndole la trenza de su pelo a la oreja de su marido.

Sacude la cabeza y el pensamiento de que a ella no le puede estar pasando esto, no alcanza a formarse en su cerebro cuando escucha el tronar insistente de una bocina y una cara que se sale por la ventanilla gritando su nombre, - es su amiga Berta – que gesticula no sabe que cosas a grito partido mientras la gente…

Pisa el acelerador pero las lágrimas no le permiten ver nada más.

Por: Gladys