“Quien reduce las conversaciones pierde expresiones y reduce

relaciones… la palabra dormita en nuestras mentes y desea

recorrer el sendero hasta los labios, si éstos se cierran

mutilan la lengua y desgastan la espera del que no pierde la

esperanza de escuchar aquello que sabe o no sabe. Fulminas al

otro con un silencio tan doloroso como la más perversa tortura…

si fuéramos conscientes del desenlace diríamos y diríamos…

aprenderíamos a regalar palabras y llenaríamos los espacios,

entre ellas, de gestos llenos de significado”.

Charo González - Barcelona - España