Sin recambios

Infinidad de arañas minúsculas se balancean en largos hilos que penden del lejano techo, tan lejano que no lo distingo de la niebla que danza a mi alrededor.
Llenan el aire de la asfixiante habitación; son tan pequeñas que casi no se ven, pero son tantas que es casi imposible no verlas.
Y todas bailan, agitándose en el espacio interior. Ahora no las toco, pero sé que si me muevo sólo un suspiro, cientos de ellas me cortarán los brazos y el rostro.
Aquí estoy, esperando que llueva y entre el agua; porque cuando llueva, se marcharan, eso espero; no soportan el agua. Claro que pensándolo, yo me ahogaré.

Por: Sergio Rodríguez Alonso