Autopista preferente

Ya  estaba harto de coger siempre atascos en las horas puntas o en las fechas clave, con esos endiablados semáforos lentísimos. Así que decidió que crear una autopista sólo para él y su equipo más restringido de colaboradores, para ello ampliaría el nuevo plan urbanístico, aprovechando el espacio del Arco Iris como vía preferente. Naturalmente nadie dijo nada, aunque el silencio fue más evidente que de costumbre. Pero claro, Dios era dueño y señor de todo aquello y lo que hiciese estaría bien hecho. A partir de aquel día nunca llegaba tarde al trabajo ni a su casa, salvo cuando quería perderse, pero de eso ahora no hablaremos. Tan sólo comentar que desde entonces, cada vez que se ve el arco iris, una estela luminosa lo rasga imperceptiblemente de principio a fin, a la velocidad de la luz. Algunos incluso han visto varias estelas  a la vez, y es que todos los domingos hacen carreras de Fórmula Celeste.

Por: Agencia Secreta del Infierno