“…Tratando de no despertarla me senté desnudo en la cama con la vista ya acostumbrada a los engaños de la luz roja, y la revisé palmo a palmo. Deslicé la yema del índice a lo largo de su cerviz empapada y toda ella se estremeció por dentro como un acorde de arpa,...”

Memoria de mis putas tristes.

Gabriel García Márquez.

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“No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido”.

La casa de las bellas dormidas.

Yasunari Kawabata

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“Lolita, luz de mi vida, juego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lolita: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse en el tercero, en el borde de los dientes. Lo-li-ta.”

Lolita

Vladimir Nabokov

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Cuando se rebasan los límites de “cierta edad”, bien podemos darle la espalda a la vida y hacer lo que nos dé la gana. Esto no implica desde luego, una actitud displicente por parte del autor, más bien es una manifestación de su absoluta libertad.

Libertad para reflexionar en voz alta sobre ciertos temas, no muy populares entre nuestra sociedad caracterizada por su doble moral. A eso es lo que nos enfrentan estos autores con sus respectivas y muy particulares obras, obras que en algunos lugares del mundo enfurecieron a feministas, repelieron a algunos ciudadanos “de bien” o que simplemente silenciaron la boca a los intelectuales.

Y es que el tema común en estos libros, nos enfrenta a los “imposibles” de algunos ancianos obligados a quemar sus últimos cartuchos viriles de una sola vez, acostados al calor del cuerpo de una jovencita, mientras repasan mentalmente su impotencia.

El mundo externo pasa a un segundo lugar mientras el escritor da rienda suelta a su imaginación, juntando palabras con minuciosa atención, alineando situaciones, perfilando protagonistas, tallando caracteres y eligiendo la materia prima de éstos desde la profundidad de sus entrañas, impregnando sutilmente a sus personajes de la magia que caracteriza a las auténticas obras de arte, realizadas única y exclusivamente para la degustación estética. Así de sencillo.

Por: Selvatica