Planeta humano

Los planetas que componen mi sistema están dispersos. Yo no. Pero cuando tomo un lápiz, un boli, o la cosa para escribir, éstos cambian inmediatamente, se ponen en órbita independiente, ajenos a mi.

Se disponen a su capricho.

Entonces el planeta barriga se tensa; el planeta corazón oprime sus arterias, el planeta vulva se yergue en deseo carnal. Cada uno ocupa su sitio. Yo lo lamento. Me gusta más cuando ellos me pertenecen.

Y ese tiempo que no están en mí, ¿también se cuenta como mío?

Cuando ellos orbitan, ¿también soy yo?

Cuando respiro, ¿también soy yo?

Por: Gladys