Sueño
Escribí este texto siguiendo una propuesta. Se trataba de relatar sueños verdaderos desde la visión onírica, es decir, sin intentar explicar el absurdo.

 

Espero el micro junto a la ruta, es un día precioso y tengo mi valija lista: es una canasta de mimbre, con libros de la escuela y frutas. Ahí viene el micro, enorme, con un cartelito en el frente “Mar del Plata” ¡Qué alegría! Hace años que no voy al mar.
María Elena, mi amiga de la infancia, está conmigo. Y trajo al nene, le cabe bien en la cartera. Mi prima Diana también está, no la había visto, la quiero saludar, pero no me mira.
Subimos al micro, me quiero sentar con María Elena, pero otra mujer se sentó con ella. ¡Carajo! Me siento atrás.
-¿Me tenés el nene? Me lo pasa por entre los asientos, es muy flaquito. Pero tiene un vestidito: es una nena. Me busca el pecho, María Elena me mira ¡Ay, Dios! Me tapo como puedo, pero este vestido de cuando tenía nueve años me deja todo al aire.
-Creo que tiene hambre- le digo, con una sonrisota culpable, y se la alcanzo. 
-Tenélo, si tengo otro.
-¡¿Me lo das?!
-Sí, nena ¡Si tengo media docena!
¡Me lo regaló! ¡Tengo un bebé! El corazón se me agranda tanto que se me va a salir del pecho. Ahora sí le puedo dar, ya no queda mal, soy la madre, pero me parece que no tengo leche. Creo que tengo una mamadera en la canasta. No, sólo frutas y pescados. Pero no es tan chiquita, ya puede comer. Le doy una banana. Es un monito. Me empiezo a deprimir ¡Yo quería un bebé! Pero es una dulzura, y me habla. Lo acuno. Mi prima se sienta al lado mío. Le muestro mi nena, orgullosa.
-¿La viste?- es una nena otra vez, pero está un poco rígida, tiene las piernas duras.
-Yo también quería uno- dice mi prima, y empieza a llorar. La abrazo. Las dos lloramos.
Le doy más banana a mi nena, pero no le puedo abrir la boca. La acuno. Se le van los ojos para atrás, y se le sale un brazo. Intento ponérselo de nuevo, no puedo, así que lo guardo en la canasta para implantárselo, necesitaría hielo para conservarlo. Se le sale la cabeza. Es una muñeca. El corazón se me vuelve a encoger. La tiro al piso, ahora es un pájaro muerto, me da un poco de impresión.
-Yo tampoco tengo, era una muñeca- intento abrazarme a mi prima para seguir llorando, pero se levanta y se va para adelante. Se va a bajar.
-¿Adónde vas?- le grito
-¿Adónde va a ser?- y me sonríe ¡Entonces es cierto! La quiero alcanzar, pero tropiezo con la gente que duerme en el pasillo. Se quejan, protestan. Les digo las peores groserías que se me ocurren, a uno lo pateo a propósito. Mi prima se baja, le digo al chofer que espere, pero me insulta y arranca. Me tiro del micro. Se va a toda velocidad, chirriando ¡Carajo! ¡Yo quería ir a Mar del Plata! Pero hay unos nubarrones horribles, así no vale la pena ir al mar, menos mal que me bajé. Mi prima va muy rápido ¿No me puede esperar? Se ve que estuvo lloviendo mucho, está todo empantanado. Estos charquitos son más profundos de lo que parecía, el agua me llega a las rodillas. Ahora me llega a la cadera, me estoy hundiendo.
-¡Dianaaaaaaaa!- mi prima se ríe desde lejos -¡No sé nadar, tarada!- me da la mano, pero no tiene fuerza, no me puede sacar, mejor salgo sola ¡Uf!
-Vamos por la tierra, yo al agua no me meto más.
-¿Vamos a la casa de la tía Mina?- me dice con picardía.
-¿Pero la tía Mina todavía vive?
-¡No!
-¡Jaaaaaaaaa!-nos matamos de risa. Me agarra de la mano. Vamos a los saltitos. Estoy contenta, aunque el cielo tan gris me oprime un poco.
-¿Y vos?- le pregunto. No me contesta, no sé cómo decirle ¿Y si no sabe nada?
Mira para adelante. Le veo los ojos. Sí sabe. Me quiero asegurar. Le pregunto más directo:
-¿Vos sabés lo que te pasó?
-Más vale.
-¿Y?
-Y ¿qué?- se está enojando, mejor me callo.
Veo la casita, vamos corriendo, yo corro más rápido, casi no toco el suelo. Menos mal, este pantano me da miedo. Golpeo la puerta. Caroline me abre, veo a Charles sentado a la mesa, fumando una pipa y leyendo el diario. Laura también está a la mesa y me sonríe. Les digo que me caí al agua. Caroline me hace entrar, me arropa con una cobija y me acuesta en la cama. Se va para la cocina, me dejó sola, y me está costando respirar. Me miro el pecho, la carne se me hunde entre las costillas cuando inspiro. No me quiero morir así ¡No me quiero asfixiar! Me da pánico. Quiero llamar a Caroline, pero no me sale la voz. Me arrastro hasta el comedor, pero no me hacen caso.
-¿Qué hacés en el piso?- Laura me mira risueña, le causo gracia.
-Laura, ayudáme- me doy cuenta de que no es Laura Ingalls, es una actriz, son todos actores. Seré tarada. Intento disimular:
-Te digo Laura porque no me acuerdo tu nombre... - parece que estoy mejor, ya respiro bien, aunque tengo un agujero en el pecho, por ahí me entra el aire. Respiro hondo. La ventana está abierta, y salgo volando.
-¡Chaaaaaau!- los saludo, me responden agitando las manos. Son tan amorosos.
Me encanta volar, me dejo llevar por el viento, aleteo para tomar más velocidad ¡La capilla de mi escuela! Bajo en el medio del patio, la hermana Dora viene corriendo a recibirme, se le cae el velo, y el pelo le llega hasta el piso, le arrastra.
-¡Recalde!- me dice con cariño.
-¡Qué pelo, hermana!
-Es que tenemos prohibido cortárnoslo.
María Elena está ahí con el nene. Claro, con ella es de verdad. Le pregunto por mi prima, y me dice que está en el confesionario. Entro y me siento en el pupitre de al lado.
-¿Querés dejarle algo dicho a tu viejo?- le pregunto. Le haría bien a mi tío, pobre.
-¿Viste que era cierto?- me dice. Me siento feliz ¡Era cierto! La hermana Dora se asoma y me reta con el dedo.
-¿Viste que nosotras te decíamos, Recalde?
-Sí, hermana- y se me agranda el corazón de nuevo- Le voy a decir a mi tío, se va a poner tan contento...
-¡Qué le vas a decir, si vos también estás muerta, gil!- mi prima se ríe, como siempre. No sé si creerle. Salgo afuera y levanto vuelo. Sí, estoy muerta. Floto, aleteo, avanzo a zancadas. Había vida, después de todo. Me envuelve una sensación de plenitud, me desborda. Ya es de noche, y veo las luces de la ciudad brillando debajo de mí ¿Y si intento llegar a Mar del Plata? No, quiero volver a la escuela. Mi vestido flamea con el viento y se me adhiere, etéreo. Me siento mujer, me siento joven, fuerte. Tengo brazos poderosos, con cada aletazo avanzo varias cuadras. Soy toda vitalidad, energía pura.
¿Qué...? ¿Qué es eso....? ¡Bajen ese ruido, me está dejando sorda! ¡Es un tango a todo volumen! ¡No lo aguanto! ¡Bastaaaaaaaaaa! Le pego manotazos ¿A qué? Al radio-reloj. Me revuelvo, me tapo con la sábana, quiero volver, quiero que sea cierto. Quiero que todo sea cierto. Quiero volar. No puedo. Se me abren los ojos. Carajo. Me desperté.

Por: Nofret