31 de Marzo, 2007, 11:17: ÁgataHablando de...


María Antonieta
Sofia Coppola

Ese paréntesis de la historia protagonizado por la delfina de Francia y que Sofia Coppola ha convertido en una película, es una burbuja de placer que todos deberíamos paladear muy lentamente, esa profusión de joyas. postres, vestidos refrescados en música de los 80 y salteados por dos jóvenes que no saben qué hacer ni en la cama ni con sus vidas, nos brindan dos horas de burbujeante irrealidad.
Ese es el sello de Sofia Coppola, una directora que tiene la magia de encontrar perlas entre los basureros de nuestras ciudades, así lo demuestran sus películas: Las vírgenes suicidas (200) y Lost in traslation (2003)
Por: Ágata
31 de Marzo, 2007, 10:45: La direcciónHablando de...



La Cronica.
En un artículo publicado hoy 31 de marzo en el suplemento cultural del País, Babelia, encontramos una reflexión del escritor portugués Antonio Lobo Antunes, sobre las eternas preguntas que aún hoy, la humanidad no ha podido resolver, y eso que está bastante vieja y se supone sabia, ¿Quien soy?, ¿Por qué me siento diferente?, ¿Por qué yo?
Preguntas que, de tan manidas y repensadas ya no nos inquietan, pero creemos que de vez en cuando deberíamos volver los ojos hacía aquellas cosas que indolentemente dejamos atrás. Quizás nos sirvan para tener otra óptica del mundo. ¿Por qué no probar? Abra la portada del pais.com, busque el suplemento Babelia y navegue por la crónica PARA QUIEN ESCRIBIR.
Piense y luego nos cuenta, ¿vale?

La Dirección.

Antonio Lobo Antunes - Portugal, 1942
Escritor portugués nacido en Lisboa. Licenciado en Medicina y Psiquiatria, ha sido varias veces propuesto para el premio Nobel y es junto a José Saramago el escritor portugués mas traducido en el extranjero, especialmente en el Norte de Europa. Es autor entre otras obras de: Memoria de Elefante (1979), Fado Alejandrino (1983), Auto dos Danados (1985),Tratado de las pasiones del alma (1990), El orden natural de las cosas (1992), La muerte de Carlos Gardel (1994), Crónicas (1995), Manual de Inquisidores (1996), Esplendor de Portugal (1997), Exhortación a  los cocodrilos (2000) y ¿Qué haré mientras todo arde? (2002).

     
31 de Marzo, 2007, 10:21: GladysGeneral

 
- Hace tiempo que no hacemos nada los viernes por la noche.

- Supongo que son los años que se nos echaron encima sin darnos cuenta.

- Yo antes, desde las tres de la tarde empezaba a sentir un desasosiego en el estómago y no se me calmaba hasta que no me tomaba la primera cerveza. ¿Te acuerdas de aquellas juergas? ¿De las caminatas en la madrugada?

- Yo hace tiempo decidí no recordar… es menos doloroso.

- No si a mi no me duele.

- Pero extrañas.

- Hombre pues si.

- Extrañar es un dolor encubierto.

- Quiero decir que no me entristece.

- Pero te pierdes en el pasado, te evades.

- ¿Y qué?

- Ya no tenemos nada que perder.

- Por perder que no sea, ya ni nombre tenemos.

- Y de dónde sacarían aquello de NN

- Ni Puta idea. Como no haya sido un error de funcionario, que al querer escribir SIN NOMBRE, por abreviar se equivocó y puso NN – No Nombre. ¿Porqué qué más pudo ser?

- Schits, por ahí viene alguien.

- Ya está, otro beato que quiere un milagrito.

- Joder, con lo tranquilitos que estábamos. Ahora nos entretendrá por lo menos dos horas sobándonos el cuerpo y susurrándonos una sarta de problemas con voz lastimera a ver si se nos ablanda el corazón.

- La semana pasada casi me vomito con una vieja que quería un amarre para su marido… casi le pongo en la mano un espejito y un estuche de cosméticos a ver si con eso se componía un poco.

- ¿Tan fea era?

- Fea no alcanza a describir el cúmulo de adversidades que tenía en esa cara.

- ¿Y usted qué hizo?

- Lo de las putas, cerré los ojos y me imaginé a Julia Roberts.

- Eso está bien. Cállese que ahí llega.

 

- Dónde estarán los nichos de esos dos que me dijo el compadrito, - se preguntaba Alirio mientras avanzaba con paso decidido por el cementerio abandonado - según las indicaciones eran cien pasos a la derecha del ángel de la entrada. Debe ser por aquí, en este muro. Ahora eran cuatro huecos de arriba para abajo empezando por la izquierda. Uno, dos, tres…cuatro – se frotó las manos que ya empezaban a chorrear de sudor – ¡sí! es aquí. Ahí están dos cuerpos NN, ahora si que se me hace el milagrito.

La cara que va poner Violetica cuando me vea llegar en mi flamante todo-terreno azul tocándole la pita desde la esquina, pa´que todo dios en la oficina sepa que al pobre mensajero le llegó la buena. Y después me la llevo a bailar a… no primero le compraré su buena pinta con joyitas de oro y todo, ya por la noche iremos a cenar a un restaurante de esos bien caros… o mejor nos vamos a ver el mar, si mejor darles con la puerta en la cara al jefe y a todos los empleados e irnos al mar, quedarnos en un hotelito cinco estrellas y tal –

 

Mientras la mente de Alirio ya saboreaba las mieles de la costa, sus manos torpes iban desatando una gruesa cobija de lana que había llevado para ocultar los cadáveres, lo único que tenía que hacer era llevárselos para su casa y al día siguiente muy tempranito iría donde el cura, le entregaría los cuerpos, les mandaba decir una misa, ojala la plata le alcanzara para una cancioncita…. es que el cura últimamente le ha dado por cobrar las canciones que pone en la iglesia, bueno – reflexionó – no importa, si hay que gastarse los ahorros en el funeral, pues se gastan y listo, hay que tomárselo como una inversión.

Así lo hizo, se cargó los cuerpos a la espalda, caminó hasta su casa y no durmió en toda la noche por temor a que de repente cobraran vida y se le escaparan, eso era lo de menos, también había que vigilarlos de los demás hombres del barrio que siempre estaban a la caza de cadáveres sin nombre para adoptarlos. Desde hace unos años para acá los muertos sin nombre habían reemplazado a los santos en eso de hacer milagros. Él mismo era testigo de primera fila, su primo Onofre se había encontrado uno, y a los tres días, después del entierro… ah lindo entierro le hizo… se le concedió el milagrito, se ganó el gordo de la lotería.

Alirio espantó el sueño, con sus propios sueños de grandeza, y cuando los ojos empezaban a obedecer a la naturaleza, él los forzaba a abrirse imaginando la cara de asombro y envidia de sus colegas de oficina, los ojos de Violeta cuando el lunes siguiente llegara en su todo-terreno, estacionara frente a la oficina, donde ella pudiera verlo bajarse del carro.  En esas divagaciones le llegó la mañana. Sin pensarlo dos veces, sin bañarse la cara ni tomarse el café cogió los dos cuerpos y se fue para la iglesia.

Todo salió como estaba previsto, ese cura era un mago para organizar tales eventos, había que ver la carita de felicidad de sus dos muertitos, digno trabajo el del embalsamador, y los trajes de paño inglés, la camisa de seda, las corbatas finísimas, claro, todo alquilado, pero daban el toque de distinción que Alirio deseaba. Y en la iglesia fue lo máximo, las flores, los cirios encendidos, el incienso, la música, si hasta parecía que se hubieran dado cita allí los mismísimos monjes de San Bautista salidos de su ancestral claustro.

¿Qué más podía pedir Alirio?- Pero Alirio ya no contestó más. Esa noche unas fiebres tropicales acabaron con su fé.

 

- ¿No crees que nos pasamos con el virus de las fiebres tropicales?

- Que va se lo merecía por pendejo. Por creer en tanta mariconada milagrosa. Es que este país anda en muletas.

- Si, - se rió el otro-

- Schisttt ahí viene otro… con este podríamos probar lo del…

- ¡Cállese carajo que ya se está arrodillando!

Por: Gladys

 

28 de Marzo, 2007, 12:20: Ágataminirelatos


Estoy en el prostíbulo universal. El hombre me deja mirar. Abro los ojos en esa urna de cristal. Veo lo que hacen las mujeres en sus cuartos con sus clientes.
Todos hacen los mismos movimientos mecánicos. Me aburro.

Por: Ágata
28 de Marzo, 2007, 11:55: ÁgataAlaprima


Camino por una zona de la ciudad bastante oscura, no se ven coches, no hay luz pública, pasa a lo lejos un taxi, le hago la señal. No me recoge.
Tengo miedo. Se acerca una pareja. Voy llegando hasta ellos con la esperanza de que me protejan, camino a su lado. La pareja desaparece. Fondo negro. Me robaron todo.
Vuelve la luz y estoy ante una pared antigua, ¿siglo XIII? Tengo en mi mano un garrote de hierro. Golpeo un ídolo con toda mi rabia. El ídolo se desmorona, en vez de tierra cae agua.
Camino un poco, en una pared lateral hay dos fuentes de agua, deseo que el agua se desborde como una catarata y lo hace anegando al ídolo.
Ahora estoy en la calle, en mi ciudad, en la acera queda la esencia de la pareja que me robó, en su lugar encuentro los cuerpos de dos mendigos durmiendo a la intemperie. Me acerco y una fuerza nueva me nace en el pecho.
Soy una ganster de pelis viejas, mi voz sale ronca y poderosa de la garganta. Ellos tienen miedo. Mi voz resuena en la ciudad, mi cara debe estar roja y me siento ridícula, pero ellos se aterran ante mí. Yo domino la situación. He ganado. Le he ganado la batalla a esa pareja de mierda. Puedo con todo.

Por: Ágata.
28 de Marzo, 2007, 11:45: Jimulminirelatos


La ceremonia tuvo lugar en un punto indeterminado del espacio, realmente fue Caos, el oficiante del acto, quien lo escogió a su capricho.

Los contrayentes  se dieron cita en un lugar tan pequeño y frágil, que era una temeridad, siquiera idear una propuesta que saliese adelante.

     Y allí fueron las parejas. Por una parte los cónyuges Vida y Amor, cuyo aspecto era tan sencillo y diáfano que pareciera que no llevaban vestimenta alguna. De otro lado, Sumisión contraería enlace perpetuo con Poder, dejando tras de sí un rastro de ostentación, aparentando dominar el entorno que pisaban.

 Los padrinos a la doble ceremonia fueron Pasión y Cinismo, ambos hacían apuestas por el tiempo que duraría la fidelidad en estas parejas, cuchicheando y tonteando entre ellos sin ningún tipo de pudor, ante la mirada severa de Muerte, que actuaba de solemne Notaria, recogiendo fielmente segundo a segundo los hechos que allí se iban produciendo.

 Orden, el organizador del evento se mostraba orgulloso de que el complicado engranaje de la ceremonia se fuese desarrollando a las mil maravillas.

 Y en el preciso momento en que todo marchaba sobre ruedas, Caos decidió hacer la observación:

 Si alguien tiene alguna objeción que hacer a la unión de estos dos matrimonios, que hable ahora o que calle para siempre.

 Guerra, la invitada incómoda en la fiesta, quiso hacer su aportación, haciendo su particular comentario:

Creo que no debería celebrarse esta ceremonia, al menos hasta que no se aclarase la relación entre Vida y Poder. Sí, es que los vi el otro día en actitud cariñosa. ¿O no es verdad, Cinismo?

(Sabiendo la falsedad de tal hecho) Sí, yo los vi saliendo del mismo lugar, 3 horas después.

 Orden huyó cobardemente del lugar, ante el panorama que se avecinaba, Pasión intentaba inútilmente dar ánimos a Sumisión y Amor, que agonizaban en un rincón, consumiéndose en el dolor, mientras Vida luchaba por mantener la verdad aún a costa de su existencia.

 Totalmente inútil, Caos y Muerte, se habían hecho amos de la situación, haciendo rehén a Poder. La Lucha por el control se había desatado.

 

Por: Jimul Abdallah


26 de Marzo, 2007, 13:19: Ricardo AbdahllahGeneral

Leaving a note that she hopes will say more

The Beatles, She’s leaving home

Today we escape

Radiohead,  Exit music (for a film)

Escape is never the safest place

Pearl Jam, Dissident

Andrea Camila estiró la mano y apagó el despertador. Fue un acto instantáneo. Primer timbre, mano que lo apaga. Sin embargo pensó que quizás había tardado demasiado y escuchó con atención pesimista pensando que no era la única que se había despertado. Pero ni en la casa ni en la calle había ruido. Se le hizo extraño haber dormido, considerando la expectativa, y pensó en que lo mejor habría sido ser raptada, que su salvador entrara por la ventana o algo así, pero ya los tiempos no dan para caballeros y dragones y, aunque vive en un buen barrio, su casa no es un castillo.

De todas maneras habría sido mejor si él entrara por la ventana y susurrara para despertarla y al menos ese día, el último día, la hubiera salvado del sonido del despertador. Estaba muy oscuro y Andrea Camila encendió la lámpara de la mesa de noche haciendo que el cuarto se llenara de ese amarillo puro que la luz artificial sólo puede lograr en la madrugada. Se frotó los ojos, un gesto inevitable, y siguió haciéndolo mientras caminaba hasta la ventana sobre la baldosa helada. La calle estaba completamente sola y la invadía la niebla que sube desde Ciudad Norte y a veces cubre la meseta antes de la madrugada. Andrea Camila esperaba al menos ver un celador o un repartidor de Vanguardia Liberal pero no había nadie. Nadie andaría por ahí con ese frío y esa niebla.

Clavadas con tachuelas en un corcho colgado en la pared hay varias fotos; la más grande es una de Fernando Barajas. Camila siempre pensó que en esa foto Fercho no se parecía a Fercho, pero la dejó colgada porque, de todas maneras, en esa foto Fercho se veía mejor de lo que era. Tantas veces Fercho llegó junto a su ventana como un caballero al rescate y le gritó “Tira el lazo” y ella tiraba un lazo por la ventana y se escapaba a veces hasta el día siguiente y luego entraba sin saludar y se encerraba en el cuarto, en ese mismo cuarto que ahora le parecía tan frío, y ponía música a todo volumen para no escuchar a su papá regañándola desde el primer piso. Andrea Camila siempre pensó, siempre tuvo por cierto, que un día se escaparía con Fercho y se irían por una carretera donde casi no había árboles y acamparían en el desierto. Andrea Camila pensó si estaría en una carretera al final del día y se contestó que la pregunta no tenía sentido, que uno nunca sabe dónde va a estar cuando termine el día. Uno no sabe si al día siguiente amanecerá bajo la misma niebla.

Fercho Barajas y Andrea Camila se conocieron en el colegio y se hicieron amigos porque cada vez que los sacaban de clase se iban a tomar tinto a la sala de profesores. A Fercho le perdonaron los piercings y los cigarros y a Andrea Camila la manía de fingir cólicos para no entrar al salón, pero el día en que de común acuerdo se negaron a ponerse la cruz en la frente el Miércoles de Ceniza los echaron con humillación pública y todo y ni siquiera el profesor Medina pudo interceder por ellos. Al final del día estaban celebrando su expulsión tomando cerveza en un andén y fumándose una caja completa de cigarros.

Por ejemplo, ese día ellos no sabían que iban a terminar en un andén. Camila caminó hasta el baño, abrió un poquito la llave (“el agua está helada”) y se limpió la cara. Irse siempre es triste así uno se quiera ir. Nunca había pensado dejarle una nota a su papá el día que se fuera, buscó un cuaderno y garrapateó una explicación. La dobló por la mitad y escribió “Papá” y pensó que hace mucho no escribía esa palabra y se sintió un poco como en preescolar. Por fin se había despertado del todo. Su morral estaba empacado desde la noche anterior. Abrió un poco la ventana. Hacía frío. Buscó un cigarro, lo encendió y pensó en que igual podría escaparse con el humo que salía por la ventana y se mezclaba con la neblina.

Uno puede escaparse con el humo de un cigarrillo…

La imagen de la televisión mostraba el cielo ennegrecido y luego uno de los muchos incendios de la ciudad durante los peores días de la guerra, pero el mensaje era optimista: habíamos ganado y la siguiente imagen mostraba un desfile donde, mezclados con los militares que copiaban el paso marcial que, también en la televisión, habían visto hacer al ejército ruso, pasaban mujeres disfrazadas de venados, leopardos y cazadores vestidos con chaleco verde; y luego el ruido que era el ruido de los aviones mezclados con la banda de guerra que tocaba un bambuco viejísimo y con los cañonazos que todavía se escuchaban y la campana, la campana de la noche anterior y la noche anterior a esa, la campana que le gana a todos los ruidos. Él sólo tenía tiempo para despertarse, saltar de la cama, mojarse la cabeza y peinarse con las manos y ni siquiera se acordó que estaba soñando con días de armisticio y desfiles absurdos. Ella ya estaría esperándolo. Las llaves del carro estaban donde siempre y allí, donde estaban, dejó la nota. Bajó en segundos las escaleras del edificio. Encendió el R9 rojo de la familia (no planeaba robarlo, sólo lo necesitaba por lo del escape), bajó hasta el parqueadero del edificio y pitó para que el celador le abriera la puerta. “Pero dónde se metió este desgraciado”, pensó después de pitar por segunda vez y de inmediato pensó que estaría en la esquina tomando tinto o metido en algún apartamento con una empleada. Nada qué hacer, porque no podría salir del edificio hasta que el celador no apareciera. Bajó del auto, sacó un cigarrillo de la chaqueta (hacía frío) y pensó que el humo podría salir sin problema por las rejas de la puerta del parqueadero. Sabe lo que va a suceder y por eso no tiene importancia la pequeña tardanza del celador. Unas horas después él está recorriendo el desierto junto a Andrea Camila, perdiéndose en algún lugar entre el Cañón del Chicamocha y el Paso de Arcabuco. El desierto es la tierra prometida, hay gasolineras con lagartijas gigantes en las paredes y pequeños pueblos donde se esconden ladrones y fugitivos con deudas de sangre, bares donde un hombre de treinta y pico y su amante de dieciséis fuman marihuana todo el día hasta el día en que se vuelven arena y una ciudad sin ley y cementerios indígenas cubiertos de conchas y cruces de caminos que llevan a todas las carreteras el mundo y vodka servido en vasos sucios y hogueras en las noches. Sentada en su vieja ventana, Andrea Camila arroja la colilla que cae sobre la arena (antes había asfalto, ahora hay arena, el desierto está llegando) se pone los zapatos, piensa que lo tomó mucho tiempo aprender a amarrarlos y se coloca el morral. La indescriptible sensación del viaje, el dulce peso que debe sentir el caracol sobre la espalda. Una última mirada por la ventana ya con la carta en la mano. Su padre la descubrirá con el primer tabaco de la mañana, (el tabaco viejo, su único vicio) y no podrá creerlo y buscará más pistas y durará como loco todo el día hasta el tabaco de la noche y pasará derecho hasta la niebla de la madrugada cuando para tratar de dormir va a destapar una botella de vino importado.

Andrea Camila soltó una lágrima que parecía seguir el camino de la colilla. El celador llegó tomándose un tinto caliente y abrió la puerta del garaje. El auto salió despacio pero aceleró apenas llegando a la esquina. Sus padres encontrarían la nota cuando su mamá lo llamara el desayuno está caliente y nadie contestara y de una pensarían en la muchachita esa, en la muchachita esa que siempre supimos le iba a dañar la vida. Su madre no va a llorar (estará más bien histérica), pero a su padre se le aguarán los ojos. Su padre es un buen tipo, es sólo que así son las cosas y hay que huir y sino era él alguien más huiría con Andrea Camila y la esperaría en un cruce de trenes (él sabía que Andrea ya había dejado a alguien porque no fue capaz de escaparse con ella); pero no, Andrea Camila no era una mala persona, sólo estaba asustada y cada vez más asustada. Andrea Camila sólo quiere quemar las naves y una lágrima cae sobre la colilla y se vuelve vapor y desaparece. Todo lo que no se vuelve humo sigue existiendo. Era tanta la rabia. Tantas cosas que no se van a volver a ver, su padre, la ciudad. Los parques repetitivos, el escape no es el lugar más seguro pero es un lugar, tira el lazo somos jóvenes. Fercho Barajas, ¿por qué nunca lo vio vestido con colores alegres?, Fercho, en el andén, Fercho sin ceniza en la frente, Fercho incapaz de encender un fuego. Andrea Camila puso la carta sobre la mesa, sólo unos escalones más y luego la calle que se volverá la carretera interminable, el polvo del camino y la arena del desierto y nuevas ciudades y una gasolinera como las de las películas (porque siempre todo es tan como lo de las películas) como las gasolineras que ya han visto a la orilla del camino. Han visto tantas cosas desde que dejaron la ciudad. Parejas ilegales, asesinos en fuga y varios candidatos a terapias de litio y electrochoques y un letrero que decía

“Larga vida (aquí y en El Desierto) a las almas atormentadas”.

O algo así.

La tierra prometida es un alto en el camino, un cruce de caminos, un rastro de polvo en la carretera “Ojalá no despierte” pensó Andrea Camila mirando a su padre. “Ojalá no despierte” piensa de nuevo mientras baja del auto en la gasolinera. La tradición exigiría un trago fuerte pero ella tiene la garganta seca y bien se conformaría con agua fresca. Un tipo sentado a la entrada, no un vaquero ni nada, un tipo común y corriente, tiene una pistola sobre la mesa y ella piensa en cómo habría sido dispararle al viejo mientras dormía y piensa en la felicidad que traería esa pistola humeante mientras su padre enciende el primer tabaco de la mañana y observa una nota sobre la mesa y de inmediato piensa en el escape y llora de rabia ante lo irremediable de la situación. “Un vaso de agua y cigarrillos” dice Andrea a la mujer tras el mostrador y luego pide un encendedor. La primera bocanada, ¿Cuánto tiempo han viajado?

“¿Cuánto tiempo hemos viajado?”

Él contesta. Cuánto tiempo ha pasado desde el último cigarrillo en casa, con la puerta entreabierta y siempre mirando hacia la esquina, cuando apareció un auto rojo girando lentamente, cortando la niebla, el humo del primer cigarro y la pistola humeante y el polvo del desierto que nubla la vista y no deja ver si uno está realmente durmiendo en el asiento trasero de un auto rojo y los vidrios han comenzado a empañarse (y El Desierto es un cuerpo desnudo), los vidrios del auto que llegó en la madrugada (uno puede escaparse con el humo). Fercho, el viejo Fercho en unos años estará loco y caminará por ahí repitiendo la misma frase (y es la frase de un cuento de horror : “El miedo siempre triunfa”) , pero por supuesto, eso no importa ahora, no en la madrugada del escape, porque a pesar de haber querido tanto a Fercho, a pesar de tener su foto pegada en un corcho y a pesar de haber huido con él un par de veces por un par de días, Andrea Camila sabe que escapar un poco es quedarse y Fercho nunca tendrá la fuerza suficiente. Por eso, en esta madrugada de miércoles, mientras Fercho Barajas duerme tranquilo en su cuarto que ha decorado con relojes, Andrea Camila escapa con Vlacho. No lo quiere tanto, pero es él quien conduce, quien maneja el auto que gira en la esquina que ella cree no volverá a ver y desde ese carro Vlacho mira la luz apagada de la ventana, aspira su cigarro y bota el humo y cuando el humo se dispersa (quizás ha cerrado los ojos mientras tanto) la ve junto a la puerta. Tal vez lo descubran al tiempo en las dos casas.

Tal vez, pero no importa. Andrea Camila pide un cigarrillo, el mismo que tendrá que esperar hasta que lleguen a la gasolinera porque Vlacho está terminando el último cigarro que le quedaba. Sube al auto y toma a Vlacho de la mano y uno puede seguir la trayectoria de la manguera azul brillante que sale por la mínima abertura de la ventana del conductor y empieza o termina en el tubo de escape y es por eso que los dos lloran suave y respiran profundo cuando Vlacho gira la llave y enciende el motor o  en realidad lloran y respiran porque han llegado al desierto, a la gasolinera soñada, y se recuestan para descansar o si lo que sucede es que escapan, se aman en autos viejos y minas abandonadas y llegan a conocerse tanto que terminan por odiarse y cada uno regresa a su casa sin que nada cambie y se ven muy poco hasta que Camila, saturada de todo, hasta de esa respiración profunda, salta por la ventana de su nuevo apartamento en un noveno piso en una noche en la que también llueve. Uno no sabe (tampoco ellos) donde va a estar cuando termine el día. Lo de la noche lluviosa pasará en algunos años porque hoy es un hermoso día soleado y al encender el motor, Vlacho se da cuenta que no vale la pena desperdiciarlo y respira profundo y el humo (cigarro o tubo de escape, no hay manera de saberlo) se mete en sus pulmones mientras Camila sonríe entre lágrimas con cara de libertad recién estrenada.

Por: Ricardo Abdahllah

 

 

 

 

 

 

24 de Marzo, 2007, 10:12: Giovanni GonzálezHablando de...


Entrevista con John Reed, 87 años después de su muerte

 John Reed será recordado como una de las más nobles figuras d periodismo internacional, no sólo por su impresionante experiencia como reportero de guerra, sino por su incidencia en los importantes hechos de los cuales fue testigo. La delicia de  su prosa y su sincero interés en los más necesitados le merecieron la confianza y admiración de quienes le conocieron, tanto los más sencillos y anónimos personajes, como los más influyentes y venerados. La historia no podrá dejar de concederle un lugar prominente como periodista, literato o líder político, y menos en lo que a sus altruistas cualidades se refiere.
G.G: John, ¿Cómo es que un territorio al que podría considerársele una de las sedes principales del capitalismo de primera mitad del siglo XX es capaz de engendrar a un comunista consagrado como usted?

J.R: Siendo, como tantos lo aseveraron, cuna del capitalismo, Estados Unidos sufre, como ningún otro pueblo, las terribles consecuencias que un sistema de producción de tales magnitudes acarrea, así que lo que sorprende no es la emergencia de ese tipo de personajes sino su visible ausencia, en una nación que vive la misma iniquidad, propia de tan aberrante estructura y que, además, se esfuerza en reproducir y mantener, en otras latitudes.
G.G: Hablando de Norteamérica, ¿por qué no haber promovido una revolución en ese territorio, teniendo en cuenta su condición de nacional estadounidense y lo que este país representaba para el capitalismo, durante el siglo XX?
J.R: Era difícil movilizar a las masas norteamericanas del momento; el movimiento comunista de mi país no despertaba la simpatía requerida. Usted y el mundo observaron cómo fracasaron nuestros esfuerzos en Portland y Colorado, para referirme a un caso particular; todos debieron advertir cómo la llama que un día logramos encender, se apagó, para nunca revivir. Creo que esa fue la más grande frustración de mi vida. Tal vez, me apresuré, uniéndome a una revolución que, como en el caso de la de la revolución bolchevique, ya estaba resuelta, sin antes reevaluar una estrategia revolucionaria para Norteamérica. Si tuviera la oportunidad de devolver el tiempo, lo haría, porque, ¿imagina lo que habría significado una revolución socialista en la Norteamérica de principio del siglo XX?
G.G: Una revolución socialista, a nivel mundial.
J.R: ¡Exacto! Se habría cumplido la predicción de Marx y el planeta habría entrado en una etapa de inconmensurable evolución, donde la lucha de los hombres no abandonaría el escenario inherente a una sociedad sin hambre y sin explotación; por su puesto, hablo del intelecto. Sólo entonces, quienes dejaron la vida en la Francia del siglo XVIII recibirían una justa honra a su sacrificio.
G.G: ¿Cree entonces que la derrota del capitalismo norteamericano habría significado la derrota del capitalismo como ideología?
J.R: Por el momento histórico del que le hablo, muy posiblemente, eso es lo que habría ocurrido. Claro, nadie habría podido garantizar que mi país no repitiera la historia de la otrora gloriosa U.R.S.S. Cuando me refiero a esa etapa evolutiva, para la humanidad, me refiero también a una exitosa evolución del comunismo internacional.
G.G: ¿Qué hizo falta para que los soviéticos lograran consolidar una sociedad marxista-leninista?
J.R: Actuar como tal. Desgraciadamente, el proyecto para el cual el propio Vladimir me convocó, nunca llegó a desarrollarse, pues la U.R.S.S. se convirtió en un Estado guerrerista, radical e imperialista. Para mí, el mensaje de Lenin se difuminó bajo la bruma de un poder insaciable ejercido por algunos falsificadores del marxismo-leninismo. Los excesos que se cometieron, sobrepasan, en demasía, los límites de nuestra doctrina, más humanista que otra cosa, y, como usted lo observó, esa no fue la dirección que tomó el proyecto soviético.
G.G: Para finalizar esta amena charla, que, me encantaría, se prolongara mucho más, John, no podría dejar de preguntarle ¿qué opina del momento que vive Colombia?
J.R: Colombia, para mí, es, tal vez, lo más parecido al México revolucionario que yo tuve la fortuna de vivir y relatar. Un país infinitamente cautivador, con paisajes empalagosamente bellos, de inmejorable condición anfitriona y –es lo lamentable-, indignantemente maltratado. El poder inexpugnable de sus terratenientes y grandes empresarios lo ha sumido en una gran crisis. Históricamente, el país ha estado enmarcado por una terrible iniquidad y la incapacidad operativa de su Estado. Es muy doloroso todo lo que ha ocurrido en Colombia; las organizaciones delictivas, la explotación de sus trabajadores, sus indígenas, sus campesinos y la forma como han sido maltratados. Todo, bajo la prestancia de gobiernos como el norteamericano y la posición lacaya que, ante estos, asume su propio gobierno. Creo que lo se avecina para Colombia es aún más dramático, vista la política librecambista de su actual gobierno, pues imagínese, ¿cómo podría competir una industria como la colombiana ante la estadounidense? Lo único que protegía su producción ante las importaciones emergentes de las grandes potencias, como Estados Unidos, eran los aranceles; el precio de costo medio de la producción estadounidense es infinitamente inferior al precio de costo medio de la colombiana, teniendo en cuenta el tiempo que tarda en efectuarse y sin restricciones arancelarias, la balanza entre sus valores de cambio se hará lo bastante dispar como para hacer invendibles los productos colombianos. Esto, sin contar los numerosos empréstitos que, seguramente, adquirirán industriales y comerciantes colombianos. Su deuda crecerá a niveles insospechados y, casi indudablemente, me atrevo a vaticinarlo, Colombia se hará más vulnerable y dependiente, tanto a nivel político como económico. No sé, podría ser que tal estado de cosas, por fin, produjese una revolución que ha debido estallar hace más de 100 años; eso es lo que desearía yo.

Por Giovanni González Arango


 

 


24 de Marzo, 2007, 9:42: SelváticaHablando de...



Qué cada generación tiene su propio lenguaje, nadie lo duda. Es como si cada oleada de seres humanos se refugiara en un universo propio al que sólo tienen acceso  los "colegas" y en el que se puede disfrutar de la libertad absoluta del anónimato, mientras los padres contemplan a través de un cristal empañado el nuevo mundo de sus hijos y agudizan sus orejas para tratar de escuchar o entender, qué diablos estarán diciendo.
Para la muestra un botón... o varios de los aportados por niños entre 9 y 13 años en el congresito de la lengua, en Medellín - Colombia.:
Acurrunchadito: Poder estar lo más cerquita de mi mamá, mi papá o hermano sin que nadie pueda estar en el medio.
Amasadijas: Cuando alguien te quiere mucho y te quiere abrazar, muy fuerte y cariñosamente... te hace las amasadijas.  Generalmente entre padres e hijos.
Bicinetiar: Es un juego donde uno monta el bicicleta y arrastra al otro que está en patines.
Bancar:que existe en el sur del continente americano como "soportar", pero no es usada en el norte: Bailar y cantar al mismo tiempo.

Carcanuabla: Esa risa que da, que es tanta que uno no puede hablar.
Celulero: aparato para llevar el celular (teléfono móvil).
Chuchulina: Muchachita hermosa que provoca abrazar.
Clasbur: Clase aburrida con ese profesor.
Cosiampirulita: Palabra rara que a uno se le olvidó que no tiene significado exacto.
Dedopies: Los dedos de los pies.
Feliztupidez: Dícese del estado en el cual la alegría es extrema y no se tiene el conocimiento de la causa que produce este estado.
Fruspiro: Sensación que tienes cuando entras a la ducha y te mojas con agua helada.
Googliar: Dicese de la acción de búsqueda en Google.

Gritisgrosería: Ataque de llanto inesperado y grosería que le da a las hermanas menores cuando tienen dos o tres años y los papás no hacen lo que ellas dicen. (Término vulgar: pataleta)
Impedius mosquiris: Veneno para moscas.
Lloriznar: Es aquella lluvia muy leve de gotas de agua muy finas.
Llorición: Es aquello que sientes cuando estás a punto de llorar. Ese latido fuerte y ese vacío inmenso dentro de ti.
Loliar: Cuando salimos de compras y no compramos nada.
Perelunes: La pereza de los lunes por la mañana.
Pinochazo: decir una mentira.
Poemiga: Un poema hecho con migas de pan o un poema para una amiga.
Peludar: Hacer cosquillas a alguien con un cachito de pelo !pruébenlo, es genial!.
Perensar: La pereza de pensar.
Tristesinrra: Cuando uno no sabe lo que tiene.
Tritongo: Estar triste.

La pregunta es ¿cómo diablos vamos a hacer para entendernos? Tendremos que comprar pilas y pilas de diccionarios juveniles,seniors, veteranos, costumbristas,regionales,spanglis, panispánicos, transhispánicos,de sinónimos y antónimos, de época, etc, etc. ¿O será una nueva estrategia por parte de las editoriales, para hacernos sentir la necesidad compulsiva
de comprar dieciochomil diccionarios para poder hablar con nuestros propios hijos?

Por: Selvática
22 de Marzo, 2007, 10:44: Selváticase busca lector


Es aquel que lee atentamente cada renglón, cada página, cada capítulo, deteniéndose de vez en cuando para pensar o releer un parrafo. Luego toma las palabras del autor, las desordena en su memoria y no se queda tranquilo hasta que no lo reescribe a su manera, convencido de que él lo hace mucho mejor que el escritor.  Luego, por supuesto se encarga de difundir su creación en detrimento del autor.
Por: Masdiez

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