3 de Marzo, 2007, 12:03: ÁgataUn libro para ti


Yi Mun-yol, El poeta (Barcelona, Ediciones B, Colección Afluentes, 2000; traducción de Me Young-Chae)
Yi Mun-yol (Yongyan, Corea del Sur, 1948), prolífico autor de narrativa breve, novela y ensayo, y traductor de los clásicos chinos, goza en su país del reconocimiento de la crítica y los lectores. Su apellido es un seudónimo que en coreano significa “pasión por la literatura”.
Su novela El poeta, es la historia de Kim Byung-ion (1807-1863), más conocido como Kim Sa-kat, por el sombrero de bambú con que se protegía y con el que, también, pretendía ocultar la vergüenza que padecía su familia, perteneciente a la nobleza, a causa de la supuesta traición de un abuelo que, tras apoyar una revuelta popular, fue condenado a muerte.
Es, sin duda alguna, una excelente lectura para tiempos de confusión, de desorientación, un texto de una brevedad que sorprende por su riqueza y su intensidad.
Como señala la traductora en su “Nota”, el autor, que reconstruye el itinerario de Kim Sa-kat recurriendo a la interpolación de episodios ficticios, estructura la vida del poeta en tres etapas: “1) la etapa de los reproches y el odio;2) la etapa de la compasión y la belleza; 3) la etapa de la comprensión del mundo”.
He aqui una pequeña muestra a manera de abrebocas de lo que podemos disfrutar en este maravilloso libro:
"Al caer la noche los pájaros duermen en la misma rama,
pero al amanecer echan a volar cada uno por su lado.
Mira, así es la vida,
¡para qué empapar de lágrimas el borde de las mangas!"

Espero que disfruten de su magia, como yo lo estoy haciendo.

Por: Ágata
  

3 de Marzo, 2007, 11:41: Ágataminirelatos


Oigo la voz de una amiga despidiéndose al final de pasillo. No la alcanzo a ver, corro hasta el recodo y puedo distiguir su cresta antes de cerrar la puerta.

Por: Ágata
3 de Marzo, 2007, 11:33: SelváticaAlaprima


Contemplaba una antigua construcción en medio de un terreno rodeado de árboles milenarios, un tramo asfaltado conducía hasta la entrada de las instalaciones. La vereda era blanda al caminar, como de goma.
Del frente del caseron se destacaban enormes boquetes como compatimentos para aparcar coches, pero estaban vacios. Ciegos.
Un hombre de mediana edad caminaba solitario, su cabello largo, negro y desordenado se movía al andar. Yo lo veía, veía todo, pero mi cuerpo no estaba allí, solamente mis ojos.
Por: Selvática
3 de Marzo, 2007, 11:25: ÁgataHablando de...


Dos poetas arrogantes apostaron que aquel de los dos que se quedara en blanco o vacilara al improvisar un poema, se arrancaría un diente cada vez.

NOTA: Tomado de la biografía-novelada del poeta Byung-ion.

Por. Ágata