
El
camino tuvo unos inicios tortuosos y complicados. Sus vecinos que aparentaban
ser menos evolucionados, sabían sobrevivir mejor en aquellos parajes salvajes,
cuya misión consistía en vivir el día a día. Aún así, había algo en aquella
mujer de aspecto primario que le atraía irremediablemente. Por si fuera poco el
único de su especie que estaba desemparejado era él, un instante fue el
suficiente para que una idea absurda e inconcebible cruzara por su mente:
“emparejarse con un miembro de una tribu inferior”. Y
aunque su cabeza y razonamiento primitivo le decía que no, sus hormonas
manifestaban que el “apetito” debía ser saciado. Indudablemente buscó la forma
más discreta y oportuna de acercarse a ella. Ella
sabía perfectamente de quién eran los susurros y tímidas caricias que
despertaban su cuerpo dormido, esperando un nuevo movimiento que tardaba en
llegar. Decidió que era el momento de tomar la iniciativa, su venganza de
hembra, mostró su deseo de ser conquistado por aquel cuerpo febril que llamaba
intensamente a su puerta. La
guerra por conquistar los más deliciosos secretos se había desencadenado. Batalla
a batalla se les echó la noche y el día siguiente encima, olor y sudor de ambos
cuerpos dieron como resultado una paz abrazada por ambos con un beso eterno de
pasión.
Una
nueva raza acababa de nacer.
Por: Jimul
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