Fantasmas de lo nuevo
Ray Bradbury

Minotauro

Cerré las páginas del libro y en seguida me puse a tararear: “vuelvo a ti, como se vuelve siempre al primer amor…” un canción que baila en mi memoria en la voz particular de Caetano Veloso. Y es verdad, volví a Bradbury, volví a sumergirme en su mundo y aunque esta vez no estaba tan atenta como otras veces a sus palabras, seguí insistiendo, seguía repasando sus páginas, devorando cuentos como El invento Kilimanjaro, Terrible conflagración en la casa, El niño de la mañana, Las mujeres, El motel de la Gallina inspirada; sin embargo su mundo, sus temas y esa ambigüedad temporal de sus relatos, que antes me cautivaba, no lograba cuajar del todo. Hay en la ordenación de palabras y pensamientos de este autor un código particular que exige al lector una predisposición especial, una especie de vacío mental indispensable para dar cabida a esa arquitectura conformada por retazos de realidad hábilmente amalgamados con la magia de la fantasía, y sinceramente, a veces uno no está dispuesto a contagiarse de locura.

“Vuelvo a ti…” volvió la canción y es que al llegar a la página 140 “llamada nocturna” me sacó de esa coraza de realidad en que me había resguardado. En este relato se haya contenida toda la esencia de Bradbury, sus palabras nos sitúan en un mundo de absoluta soledad, en un mundo de infinito y apabullante silencio… nosotros que despotricamos tan orgullosos del barullo y el agite de las ciudades, nos encontramos de repente en un universo – Marte- donde las calles están vacías, donde las casas no son habitadas, donde no huele a tocino, ni a tortilla, ni a carne asada, donde no hay chiquillos que revoloteen, ni hombres envidiosos, ni mujeres chismosas, ni guerra, ni paz… nada, absolutamente nada y allí vive un hombre de 80 años, que a sus veinte, previendo lo que le depararía tal planeta de soledad, grabó sus propia voz y la dejó programada para que sesenta años más tarde, cuando la necesidad de oír voces humanas fuese apremiante, al menos pudiera poderse escuchar a sí mismo.

“Vuelvo a ti…” y nunca mejor dicho es un placer volver a este autor. Y como los placeres no son tanto si no los compartimos, se los recomiendo sinceramente.

Por: Ágata