Con los párpados cerrados veo mi mundo rosa, con la palma de las manos siento las paredes abullonadas con una tela muy suave, parece, de pétalos de rosa. Mis piernas caminan sobre globos de algodón de azúcar y yo misma, en las vitrinas me veo como una extraña flor sensible a la más mínima vibración, pero mi reflejo es azul, mi silueta no es de mujer, al contrario, es viril y emana un aroma que enloquece mis sentidos.
Mi sombra es el amor, no lo sé, pero lo presiento, el aroma es sexual, lo sé de cierto.

Por: Ágata.