Camino como en sueños, el asfalto es blando, la gente está de fiesta a mi alrededor, los coches se detienen, hay música, los jóvenes hablan, ríen, bailan y cantan. Una pantalla gigante al final de la calle muestra la alegría. Yo, en cambio, estoy aburrida, pero sigo ahí porque no tengo a donde ir. Debo esperar, sé que debo hacerlo. Cuando los ojos se me cierran dentro del sueño, del fondo de la calle surge un amigo de la adolescncia, se acerca, nos miramos, borramos el mundo, silenciamos la calle, queremos estar solos pero la alegría no nos deja.
Al fin huimos, corremos entre los jóvenes y nos metemos a un bar, nos sentamos, nuestras manos vuelven a encontrarse, hablamos de lo que hemos vivido por separado, de nuestros otros amores, de los otros seres que llenaron nuestras existencias, siempre con las manos unidas, adheridas, sin embargo la distancia entre su boca y la mia es cada vez más grande.

Por: Ágata