Que alguien me alcance su mano y pronto:
me sumerjo.
La patria que era mía se me va.
Derivo hacia el terror de los déspotas,
ahora es lejano el cielo que me viera.

Desterrado,
la ausencia no curará a mi corazón de su despojo.
(Si volviera encontraría a mi padre
al fondo de la casa, con la mirada adentro,
bajo el cielo gris de su sombrero, transparente
en el humo del tabaco. Si volviera
reconocería en mi cara el rostro descarnado
de los hombres). Pero toda la música
que me acompañó a este punto está por olvidarse:
la memoria de los derrotados anula el tiempo
dorado de los cisnes. Quiero vivir otro país.
El mío como un barco hace nostalgia
y no queda otra realidad que su mentira.

Por: Luis Aguilera