Nadie sabe bajo qué bandera

navega el desterrado
cuando viaja a las nostalgias
de su puño y letra describe,
en el aglomerado país
de sus recuerdos, noches de grillos
y perros conocidos,
sólo para llevar su corazón a casa
y quedarse adentro, dentro de un abrazo,
bajo el umbral de un pecho,
hasta sentirse a salvo. Y nadie sabe
si en su urgencia de perseguido intuye
que la piedra en su reposo oculta
la forma mas desesperada y sólida del fuego.

Por: Luis Aguilera