Enjuago la maquinilla en el lavabo;
cada pasada
corta minúsculos pelos fuertes.

Subo la mano, rasuro,
bajo la mano, limpio la cuchilla.

Mi afeitado es eso, sólo eso.

Pero en un momento dado
ya no queda agua.

Se ha filtrado y descubro
que he estado jugando con el aire sin darme cuenta.

Abajo hay espuma seca y restos de pelos muy negros.

Abro el grifo.
Todo desaparece menos el lavabo
y mis manos blancas.

Mi poesía es eso, sólo eso.

Rafael Calmaestra

05.05.07