Está mirando un gato,
ese que trepa por las paredes de las casas blancas.
No es mi gato, el mío
come abejas y no baja nunca del tejado.

A lo mejor le tira una piedra
o puede
que sólo quiera mirarlo bien
para beberse uno de sus minutos.

Lo mira pero ya no está, imaginó
que quería hacerle daño
y se fue.

No lo juzguéis.

Si pudierais oír un pensamiento cualquiera
del hombre que vive solo
y muere solo,
si pudierais
os daríais cuenta de la gran tragedia
que significa
el pequeño y continuo roce
de una cuchara sobre los dientes.

Por: Rafael Calmaestra
08.05.07