30 de Junio, 2007, 12:59: SelváticaAlaprima


Debo enviar unas cartas a la luna.
Las termino.
Hablo con el mensajero. Le pregunto cómo lo hará
Él se ríe de mi.
Se queda callado mirándome.
Soy un bicho raro.
Sigue el procedimiento
Yo lo veo y me decepciono.
No es bueno ser tan romántica.

Por: Selvática
30 de Junio, 2007, 12:41: Charo GonzálezHablando de...


"Cuando las señales coinciden en el tiempo y el espacio la rueda ha comenzado nuevos ciclos en sus giros."

"Firmeza en las manos que sujetan la rabia, la paciencia del que acaricia inundará las voces de flores"

"Varios es una infinidad, palabras sin límites nos ayudan a dejar abiertos los espacios."

"De espaldas a la abrumadora inmesidad, con sonidos expresa su ser, sonidos que antes de nacer ya están registrados en nuestras almas y aún sabiendo permanecemos de espaldas."

"Zarpas cubiertas de algodón, rugidos de pájaros despistados, aleteos de serpientes frustradas, visiones de un mundo desorientado."

Por: Charo González


30 de Junio, 2007, 12:20: SelváticaGeneral


ESTADO INESTABLE DE UN SISTEMA
DE PARTÍCULAS ELEMENTALES EN
INTERACCIÓN

    Mi calle es como una mujer orgullosa que mira por encima de sus hombros la ciudad. Altiva se aleja ondulante de las humanidades que la pueblan y a cada metro en ascendencia construye una tapia de concreto para ahogar los sonidos vibrantes de ocho millones de almas en ebullición; entonces, a medida que los pasos avanzan, se escucha el monótono conversar de las piedras, éstas, con sus roncas voces reviven las cadenas que ataron miles de tobillos, los azotes que se estrellaban contra las espaldas sangrantes, los callos de los pies descalzos y curtidos, pero también evocan los susurros, las voces dulces de las mujeres, las promesas de los enamorados.

    Unos metros más adelante ese murmullo épico se confunde con las voces guardadas en la madera de los balcones, con las historias lanzadas de balcón a balcón por las comadres, con los gritos de los vendedores y las madres llamando a sus hijos.

    A la derecha, los eucaliptos también tienen cosas que decir, unen sus ramas para escucharse mejor sin delatarse, insinuando apenas secretos milenarios negados a los débiles oídos de los humanos. Si continuo por ahí, si me introduzco en el laberinto vegetal, sé que pronto oiré el lamento de los guijarros al sentir mis pisadas, los graznidos de la verja de hierro oxidado, que hace muchos años guardó mi casa y si el ánimo me acompaña abriré la puerta y el sonido de tu risa me golpeará la cara, me espantará mi habitual modorra andina como una cachetada poderosa que haría que mis pies se posaran de nuevo en esta tierra.

    Por eso sigo adelante, le dirijo una mirada temerosa y mis pasos avanzan presurosos hasta la próxima esquina, hasta que la curva demarcada por las nuevas construcciones oculten la visión de todo aquello que amé.

    Sé que me tacharás de cobarde, y tal vez tengas razón, pero voy a confesarte, de una vez por todas, que no me hace falta subir esta altiva calle hasta tu casa para oírte. Mi cuerpo, con los años se ha convertido en un ataúd que guarda celosamente todos los sonidos que compusieron nuestra historia, aquí, dentro de mis costillas permanece en un estado inestable, tu sistema de partículas elementales eternamente en interacción.

                   V DE LA VIDA, DEL AMOR Y DE LA MUERTE

Por: Gladys

 

 

 

30 de Junio, 2007, 10:56: La DirecciónGeneral


En medio de esta guerra queremos levantar una hoja en blanco con la esperanza de que los que nos apuntan retiren, al menos por unos instantes, el fusil de sus ojos y contemplen lo que están haciendo. ¿Es esto lo que soñaron?

Y mientras transcurren esos segundos de vida que aún nos quedan, traguemos estas aspirinas en forma de poesía.

Mi primer bikini

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

Por: Elena Medel


I will survive

Tengo una enorme colección de amantes.
Me consuelan y me aman y con ellos mi ego
se expande y extramuros alcanza la azotea.
Cuando estoy con cualquiera de ellos,
o con todos a la vez, siento la pesada carga
de millones de pupilas subidas a mi grupa,
y a mi oído lo acosan millones de improperios,
se habrá visto niña más desvergonzada / pobrecita,
Dios le libre del problema que suponen / habría
que encerrarlas a todas. Languidezco.
Quiero volar y volar y volar como Campanilla
                —blanco y radiante cuerpo celestial,
                pequeño cometa, pequeño cometa—
de la mano mis amantes, que dicen cosas bonitas
como estigma, princesa, miss cabello bonito, asteroide.

Todo sea por mis amantes, que no son dignos de elogio:
son minúsculos, y redondos, y azules,
azules o blancos, o azules y blancos,
y su boquita de piñón es invisible,
y para besarles introduzco a los pitufos
en mi boca, y para gozar de ellos
los trago, porque me sé mantis religiosa.
Quién soy, quién soy, ni siquiera sé quién soy.
Sólo los necesito cuando me desdoblo en dos,
cuando mi ego se encoge incomprensiblemente
e intramuros alcanza un punto mínimo,
cuando lloro demasiado o río demasiado,
y entonces los llamo y ellos, decidme vosotros
quién soy, mi pequeño y urgente consuelo,
se adentran en mi boca sin dudarlo, complacidos,
y me recorren por dentro, y al fin sonrío, soy,
sonrío tras sus cuatro, cinco, seis besos azules,
un balanceo en mi regazo, la sonrisa desencajada,
quién soy ahora, quién soy realmente ahora,
quizá sea una muñeca de trapo, me toman prestada,
sonrío con sus besos fríos color pitufo, color papá pitufo,
besos de colores, ligero toque frío y plástico en mi lengua,
quién soy ahora, quién soy realmente ahora.
 
Les comparto con muchas otras, Sylvia, Anne,
ay mis amantes pluriempleados, no lo he dicho,
mis amantes que son minúsculos, redondos y azules,
apuestos príncipes de un cuento de hadas,
cuando hago como que duermo
creen que soy la Bella Durmiente,
y entonces quiebran el relato y me besan,
y son como cualquier beso que lo es para dormirse,
buenas noches pequeñas plásticas azules y blancas,
quién soy, ya no quiero responder, no sé quién soy,
y contradigo el cuento y mi sueño es más profundo,
y no quiero despertar, no quiero, sólo quiero más
besos azules, quién, besos blancos,
besos porque mi ego tambalea en el centro de mi estómago,
quién soy, besos redondos o cilíndricos,
no importa quién soy, quién soy realmente,
falo químico para mi sonrisa, quién soy ahora,
falo químico de colores para mi cabeza baja.

 
De Mi primer bikini

Por: Elena Medel


El Ahora

Arrastro mis ojos
hasta el pálido reflejo
- me veo muerto y lo disfruto -.
Sobre él extiendo un beso
que más parece un llanto
y vuelvo mi rostro hacía el ahora
- ese espacio polvoriento
que colma de desilusión mi memoria –

Por: Mario Echeverry


Esplendor de mariposa

He vuelto a aquella casa
rodeada de ceniza,
de besos incompletos,
de grandes puertas
detenidas con guijarros.

En silencio,
bajo el pórtico,
he recordado tu cuerpo
y tu abdomen
esplendor de mariposa.

Por: Mario Echeverry


Caido

Soy un hombre solo
caido en sueños sin hazañas.
Sólo un hombre solo
sin historia. Desfallezco
sobre la tierra de mi infancia,
abrazo la soledad,
soy mi silencio. Ahora no me ciega
el estallido sangriento de las bombas
y cesa el cruce mortal de los fusiles.

Por fin la patria perdida
se hace cierta, debela en mí
al vencido, cae la máscara.
Madre: sólo quise morir
con un cielo más libre en la mirada.

Por: Luis Aguilera


Historia Leve

"Es muy poco tiempo
para estar tan viejo"
dijo para adentro
Eliécer González
mirando de memoria
el retrato hablado
de sus 76 años. Fue una tarde
de 1967. En la habitación contigua
alguien tosía un olor barato
a jabón de baño. A Eliécer
lo filtraba la luz apoltronada
al fondo de la sala.

Lo debió pensar esa mañana
frente al espejo
mientras despuntaba hirsuto
su bigote negro, el que prestaba
sombra a sus palabras de árbol.

Y si fue una conclusión o una queja
o la idea final que anuncia
la otra orilla devanada del ovillo,
eso no lo sabremos nunca. (Debo
recordar que todo muerto es un extranjero).

Pero fueron necesarios más de 24 años
para que su frase nos volviera a reunir
en esa casa grande y mal vestida
donde a tontas y a locas
nos sigue la memoria. Fue ayer
- La Eternidad se puede desordenar
en un segundo - cuando al levantar los ojos
y desestibar mis días palpé,
en el espejo de cuerpo entero que me acecha,
al viejo que ha venido robándome la cara.

Eliécer tenía razón: historia leve,
dos saetas son en dirección contraria
el corazón y el tiempo.

Por: Luis Aguilera


Poema roto

HUESOS de sombra
remecen su memoria de algas
en que se enreda lo que fue y no ha sido.

Para la luz, toda rosa es de oro,
y los cuchillos, hojas sin viento que mover.
Y se doblan.
            Gime un pestillo que se niega
a ofrecer el umbral: de su trabajo
tan solo el mar conoce.

Son
lo que ya olvidaron y lo que nunca fueron
y recuerdan, a veces, en la luz incierta
como la bruma de un parque de París
por la que ella paseaba. Los árboles,
los otros paseantes, enganchados
en la niebla de aquel atardecer - lo he dicho
pero vuelve - nunca lo vieron.
                             Su traje gris
como una nube más entre las otras nubes.

Por: Julia Uceda



Con música antigua

CRUZÓ un ráfaga de sombra.
Su mano dijo adiós desde el lugar
que ya no está en el tiempo.
No cruzó la frontera.
Sólo se vio su gesto y su humo.
                          Al despertar
quedó la huella de una frente
que fue y estuvo
en el espacio cóncavo de luz.

Por: Julia Uceda






29 de Junio, 2007, 9:26: La DirecciónGeneral




24 de Junio, 2007, 5:57: La direcciónHablando de...


Alguien hace un par de años comentó, que si a un niño se le empezaba a enseñar cosas desde antes de su nacimiento, se ganaría tiempo en su educación.

Y “ese ganar tiempo” no suena un tanto absurdo. Ganar tiempo ¿para qué? Para poner a producir a las crias mucho tiempo antes de la edad consideraba apropiada y obtener ganancias de toda índole.

¿Se beneficiaria en realidad un chico o chica con aprender desde el vientre de la madre, o ganarían más sus padres?, ¿la sociedad?, ¿la humanidad?

¿Qué quiere decir en realidad GANAR TIEMPO?

En un artículo escrito por Lisa Belkin y publicado en el The New York Times, la periodista cita varios estudios realizados por empresas especializadas en el que se concluye que la gente trabaja en realidad tres días a la semana y desperdicia dos, deduciendo que sólo trabajamos una hora y media todos los días, el resto de horas lo desperdiciamos en internet, o asistiendo a las numerosas juntas innecesarias e improductivas, o en arreglar el escritorio, o en el cotilleo antes del primer café y por supuesto atendiendo al teléfono.

Entonces, cómo podemos entender que la gente viva ocupada las 24 horas del día,  y cómo podemos ser tan ineficientes si trabajamos tanto.

No será que nos estamos escondiendo tras esa fachada “de la fiebre productiva” para evitar pensar que en realidad no hacemos nada que contribuya al pleno y armónico desarrollo de la raza humana.

La Dirección

24 de Junio, 2007, 4:29: SelváticaAlaprima


Estoy acostada. Pasa una sombra negra por el suelo. Se acerca a un agujero pequeño que hay en la pared.
A la altura de los patas de mi cama. La sombra es muy grande para ese agujero. Logra pasar.
Me asusto. Mis pies caben perfectamente en el agujero que se tragó a la sombra.
Aparece ahora una sombra gris. Va hacía el agujero. Ahora es un snaucer gris, es devorado por el agujero. Tengo miedo. Ese agujero come lo que sea.
¿Mis pies caben ahí?

Por: Selvática
23 de Junio, 2007, 5:41: Charo GonzálezHablando de...

 


"Recital de miradas entonando una misma dirección."

"No tires los dados si ves la carta del contrario y mueve retrocediendo en cada apuesta, el juego limpio no está de acuerdo con el rugido del pavimento"

"Duerme siendo niño y al despertar descubre el pasado como presente y el futuro por terminar, páginas que escribir en el siguiente sueño."

"Cuatro veces, cuatro giros, cuatro vientos, cuatro destinos, en el tercero estoy y olvidé los anteriores para enfrentarme al cuarto."

"Los mensajes permanecen en casa esperando ser escuchados."

"Enreda tus dedos entre las letras, deja que ambos encuentren el abrazo creador de palabras."

"En la oscuridad de las decisiones individuales brilla la luz de los consejos de la libertad."

"Y sabiéndolo desde siempre lo olvidamos diariamente, deja que su puerta se abra cuando quiera, no dudes de la idéntica capacidad de la individualidad."

"Muda el rostro que muestra en la dirección de su mirada sin ojos, depende del dévil y evita al fuerte."

"Y la luz rompió en colores los hogares de los indecisos, las puertas se abrieron para inundar las estancias."

Por: Charo González

23 de Junio, 2007, 5:27: GladysGeneral


    Los pies cansados se lamentan, los dedos agarrotados de mundo se paralizan, enmudecen y tercamente se niegan a obedecer, a pesar de que el cerebro los conmina a continuar. Pero, ¿a dónde van a ir? Si los caminos ya no son rectos, si ese pobre ser humano ahora sólo se mueve en círculos, rodeando su futuro una y otra vez sin atreverse a dar el primer paso. Y sin embargo no sólo se trata de sus pies cansados, sus manos también se niegan a apartarse de los costados de su cuerpo, los ojos se negaron a abrirse y se perdieron en el negro absoluto de la inconsciencia, los oídos se cerraron a los borboteos exuberantes de la vida, pero en alguna rendija de ese cuerpo una débil fuerza espera expectante una señal; desde lo más profundo de las entrañas se halla alerta y obliga a ese pobre ser  atormentado a levantar la cabeza, a olfatear el aire, a esperar que de un momento a otro los vientos cambien de dirección y sean ellos los encargados de traer de nuevo ese olor tan amado.
    Poco a poco ese rayito de luz va cobrando fuerza, va horadando el cerebro y muy lentamente revive, en extraña alquimia, los olores que un día le dieron la vida y que por ello se guardaron latentes hasta que fue necesario revivirlos.
    Ahí están el olor a leche tibia de su madre, un olor que su instinto identificaba con la savia vital, y que la obligaba a prenderse de esos pechos y succionar hasta que la sensación de bienestar la desmadejaba y se sumía en el dulce sopor del sueño satisfecho. Más tarde fue el olor a asado de su casa, el olor de las sábanas secadas al sol, del jabón que usaba su madre para la ropa blanca, los ácidos olores de la escuela, el azahar de su profesora de lenguaje y cuando se sorprendió con la sangre entre las piernas, también supo que algo decisivo se cocinaba en  su ser, por eso emanaba aquel olor a mar, un olor que no alcanzaba a definirse por aquellas fechas hasta que encontró el amor, entonces el olor ya no necesitó de elementos extraños para aposentarse primero en su nariz, luego en su cerebro y por último en su alma.
    Recordó que al llegar tarde a casa, se detenía un momento antes de encender la luz, cerraba con llave cuidándose de no despertar al amor, luego, ya plenamente segura de estar a salvo dentro de su territorio, cerraba los ojos y dejaba que su nariz la guiara hasta el lecho, como un ciego levantaba sus manos y recorría a tientas los caminos que el olor del cuerpo amado le describía. Entonces retardaba la acción, se detenía un momento para almacenar grandes dosis de aquel olor y cuando se encontraba totalmente llena, dejaba que fueran los otros sentidos quienes se desbordaran en las lides amorosas.
    Esta madrugada repite cada uno de los pasos sabidos mientras intenta hacer que su memoria se narcotice, uno a uno va repitiendo los movimientos y al llegar al lecho nota que algo le pasa a su nariz, a su cuerpo entero, instintivamente salta  hasta el techo, se aferra a la lámpara y desde allí contempla aquella cama completamente lisa.
    Al poco tiempo los vecinos organizaron una brigada para descubrir a esa gata lastimera que no los deja dormir en paz.

             IV DE LA VIDA, DEL AMOR Y DE LA MUERTE

Por: Gladys
23 de Junio, 2007, 5:10: Daniel ValeroGeneral

 
    Muchas veces en la vida no sabemos realmente que o quienes somos: simplemente nos reflejamos en el espejo como un sin número de imágenes que parecen más un flash de incongruencias que un recuerdo. Tal era el caso de Jaime; joven solo pero tolerante, abstraído pero consiente, ilógico pero realista, soñador pero insatisfecho: en fin, simplemente un ser humano.
    En uno de sus tantos paseos al atardecer, dados mil y unas veces por la pasarela gris en que se han convertido las calles de nuestra ciudad (circo urbano de estéticas y frivolidades), Jaime fue sorprendido por una insospechada sorpresa: él mismo.
    La presencia del único ser que había visto hecho a su imagen y semejanza, en medio de una ciclo ruta y justo en frente del más desdichado de todos los árboles (nefasto inodoro de los más sucios perros del sector), lo llevó a tal extremo de perplejidad, que las lagrimas salieron de sus ojos en un impulso de impotencia por no poder entender lo que veía. Miedo, ansiedad, soledad, sensaciones indescriptibles comenzaron a recorrer  cada partícula de lo que podríamos decir que era Jaime.
    Jaime siempre caminaba en sentido contrario de las manecillas del reloj por su afán inconsciente de vencer el tiempo, y al ver que, luego de que su espasmo de sorpresa pasara, su imagen caminaba en el mismo sentido que lo hacía el segundero de su Casio, no toleró ser una pieza más de la pluralidad; siempre había rechazado la idea de ser un objeto cualquiera en el mundo.
    Una mirada de admiración se posó sobre él y experimentó la sensación de ser juzgado por cada acto de su vida.

 -       La banana en el comedor de Juana
no fue mi culpa.
-       Da lo mismo. Usted se la aventó a la
cara.
-       Los cigarrillos estaban sobre la mesa
-       Su mamá murió de cáncer en el
pulmón.
 

-       La bicicleta esta abandonada en el parque.
-       El dueño era su mejor amigo.
- Ella no me daba el beso en sano juicio.
- Su papá perdió una mano ebrio. 

    Tantos pensamientos para un solo segundo era algo que Jaime no podía soportar.

     Pasó la calle sin temor alguno al transporte público, que amenazante invadía una de las tantas “arterias principales” de la ciudad; él mismo seguía ahí… siguió a empujones entre la gente, que bajo el cielo nublado esperaba con ansiedad el bus que los llevaría quien sabe donde; él mismo seguía ahí… corrió desesperado entre calles llenas de polución, pasó frente a construcciones antiguas que rememoraban el esplendor de otras épocas, saltó bolardos en su intento por no caer como el mejor atleta nunca antes visto; pero él seguía ahí.

-       Simplemente era un poema.
-       El bibliotecario se lo advirtió. 

-       Error. Yo lo escribí.
-       Mentira. Igual que usted.

-       Él lo aceptó.
-       No. Desprecio. 

- Envidia. Igual que todos.
- Soy usted. 

-       No. Yo soy usted.
-       Usted no es nadie. 

-       Da igual. Así es todo.
-       No. Yo soy todo.

     Luchando contra él mismo, absorto por sus recuerdos y esperanzas, había vuelto al mismo punto donde antes se encontró.

    No es fácil regresar al punto de inicio cuando este se convierte en el principio del limbo, y así lo había entendido Jaime; imposibilitado por el cansancio y las lágrimas que nunca dejaron de caer de sus ojos, en un arranque heroico por su vida, sin otro objetivo que entender, enfrentó a su imagen-reflejo-recuerdo, con la misma valentía con la que en las mañanas se enfrentaba al espejo.

    Sentirse juzgado por la mortalidad de un ser hecho a su imagen y semejanza, fue la causadle estridente grito que expulsó Jaime desde lo más profundo de sus pulmones, asustando de muerte al perro que en aquel instante utilizaba, fisiológicamente, el mencionado árbol, y por controversias del viento, causando una invasión de hojas secas, caídas de los árboles en todo el ambiente de aquella cuadra citadina.

    Él mismo se llevo sus manos a la cabeza, imitando los gestos de Jaime, sintiendo como se desvanecía su presencia entre las hojas y su juicio se perdía en las profundidades de la conciencia de Jaime, entregándole la más anhelada libertad de humanidad y creación…

    Un cuerpo incoloro calló sobre el cemento dejando ver un delgado hilo de sangre que salía de sus fosas nasales como si fuese el río por el cual navegan los instantes del recuerdo y se pierden entre las rejas de la alcantarilla más cercana.

    La luz fatídica de un vehículo que pasaba, pegó tan fuerte en sus ojos que lo trajo de nuevo al mundo de la urbe; los pitos de buseta y la iluminación de los postes de luz, le recordaron a Jaime que eran sobre las siete y media de la noche y debía volver a su apartamento a recibir la llamada del hombre al que le había escrito su primer poema.

    Al subirse en el primer bus que pasó, luego de cruzar la registradora, puerta al incógnito campo de la guerra del centavo, sentarse al lado de una ventana en la ultima silla y recostar su cabeza sobre el vidrio, sintió la tranquilidad de volver a ser el mismo; la piquiña insidiosa en el cerebro, de ser alguien, volvía a su cuerpo.

    Sintiéndose el resultado de cada uno de los pensamientos de los demás pasajeros, Jaime tomó la firme decisión: no correría más riesgos, suspendería del todo sus caminatas al atardecer.

Por: DANIEL VALERO…

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