I

Con la mano izquierda

sostengo tu llanto.

 

II

Te observo desde el balcón

mientras tu vestido negro,

inútilmente, intenta contener

las bravías olas que expulsa tu cuerpo.

 

III

Presiona con tus dedos la soga

sin importar el ahogo de tu cuello.

 

IV

Llevas la barca

y un olor fallecido

crea una leve espuma

sobre la mar agitada.

 

V

Sobre una pequeña silla negra

la infancia se mece

y mis dedos

no dejan de dibujar recuerdos:

el ave que sonríe en el tejado,

el piso de casa convertido en barca,

las pequeñas bailarinas

atadas a la porcelana.

 

VI

Tendido bajo la sombra

veo el pastizal moverse,

busco a mi lado

una voz que me sostenga

pero mi mano izquierda

encuentra la huella de una lágrima.

Por: Mario H. Echeverry Beltrán