Dibuje sobre el perfil del vaho
un nombre: aquel en que moje
su dedo más frecuente la memoria.

Si el cristal llora, no se agite.
Oprima un poco el corazón
y deje fraguar al tiempo sus desahucios.

Pronto obtendrá usted
resultados sorprendentes.
Retire con cuidado
la película velada de sus días
(si es de los que creen
que todo pasado fue mejor)
y espere a que se haga verdad
su frágil transparencia
pues no todo lo que muere
se corrompe. Entonces compruebe
que la música es el único cielo
conocido y que el amor inventa
lo que el corazón desea. Algo así
como quien dibuja un nombre
en la ilusión del vaho
y pretende que no quede escrito
el funeral de un sueño.

Por: Luis Aguilera