Es noche de navidad. No tengo con quien pasar la noche. Voy a casa de una señora pobre. Los pisos son de tierra. Las camas muy juntas.Tienen muchos hijos pero en casa quedan unos pocos. Las camas están muy juntas y no podemos pasar por entre ellas. No habrá cena de navidad. No hay bombillos de colores. No hay árbol de navidad, ni belén. Los niños más pequeños amasan vírgenes y ángeles de barro. Me acerco a ellos. Voy a ayudarles. Vamos a hacer un belén. Meto mis manos en el barro y hablo con ellos. Cuando los miro a los ojos, me doy cuenta que los niños son de plastilina, delgados, frágiles. Los tomo con cuidado y los coloco en la palma de mi mano. Se convierten en arañas. En la casa ya no hay nadie. Llamo a una tia, a una prima, nadie me responde.

Salgo a la calle. Desolación, miedo a la calle vacía. Aprieto mi bolso, que es un cartón de Ariel de 5 kilos. Me siento a salvo.

Por: Selvática