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14 de Julio, 2007
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 11:08.
en Hablando de....
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Nadie que
me acompañe Nadine Gordimer –
Nadie que
me acompañe es el título de un libro que cayó en mis manos en un momento de
infinita soledad y vacio. Cada una de esas letras saltaron de la portada y
prácticamente me obligaron a llevarlo conmigo hasta la tibieza de mi cuarto. No
sabía mucho de su autora NADINE GORDIMER, algo había escuchado acerca de su
obra, considerada por la critica mundial como el mejor reflejo de la situación
social de Surafrica, sabía de su posición critica ante el racismo y la censura
política, pero nada de esa información me llevó nunca a comprar un libro suyo,
menos aún a buscarlo en las bibliotecas.
Títulos
como La suave voz de la serpiente (1956); Seis pies de tierra (1956); La huella
del viernes (1960); No para publicarlo (1960); El conservador (1974); La hija
de Burguer (1974); La historia de mi hijo (1990), entre otras, no tenían el
atractivo suficiente para estremecer mi tan disipado interés.
Así que
decidí darle una oportunidad, quizás este libro, tras su carátula me regalara
ese sentimiento profundo y trascendente que busco desesperada. Mis ojos se
detuvieron en el siguiente párrafo: “De
pronto usted resulta odiando a alguien, apenas si se aguanta las ganas de
estrangularlo, y es por una tonteria, por un pedazo de cuerda para amarrarse un
zapato; una vez tuve una pelea por el turno en la ducha. Y éramos los mismos
que, cuando estábamos en huelga de hambre, jurábamos hacer cualquier cosa el
uno por el otro... yo no podía creer que fuera yo...”
Más
adelante el libro cayó en lugares comunes mientras intentaba describir la
humillante condición del hombre negro a manos del blanco y sus intereses
económicos, igual que hace quinientos años, igual que siempre, desde que
tenemos conocimiento de la humanidad. No importa, - me dije - el libro perdió
interés, la autora también se me refundió en la memoria, sin embargo me quedó
ese algo trascendente que buscaba: el interrogante sobre la condición humana.
Si el libro te interesa ya puedes correr a buscarlo, se lee fácil y de una sola
tirada.
Por: Ágata
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 10:26.
en minirelatos.
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Se miró en el cristal del escaparate, allí se
reflejaba su cara, bueno algo parecido a lo que ella recordaba que era su cara,
pero que no correspondía a la que su cerebro guardaba en una de las gavetas. ¿Qué había pasado con su vida? A dónde se habían
fugado las emociones, dónde se agazapaban los sentimientos, el placer de
tumbarse sobre la arena, y todo aquello que alguna vez se llamó...
Javier, recoja ese maniquí y la próxima vez, átelo
fuerte porque siempre se está cayendo.
Por: Selvática
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 10:18.
en Alaprima.
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Voy por la calle en que nací, rodeando la catedral. Es de
noche, ya se prendieron las luces y un viento de lluvia silba y sacude las
copas de los árboles. Cuando llego al frente de la iglesia, me encuentro con
una escena horrible: cientos de palomas colipavas blancas tapizan la vereda,
ensangrentadas y agonizantes. Quisiera ayudarlas, pero son demasiadas y no sé
qué hacer. Cruzo la calle y me encuentro en la plaza; hay una ronda de gente
sentada en el piso, están escuchando a un hombre que lleva una túnica y se
parece un poco a Jesús. El hombre me
hace señas para que me acerque, y me siento con ellos. Dice que las cosas
pueden verse bien por fuera, pero estar podridas por dentro, me recuerda los
sermones de mi escuela. Mientras habla, toma una sandía lustrosa, y la parte al
medio con un machete. Apenas la fruta se abre, miles de hormigas gigantes
brotan de su interior, parecen multiplicarse a medida que van saliendo, y se
diseminan por toda la plaza. Cruzan la calle en hordas, atacan a las palomas
moribundas y se las comen. Entonces lo sé: es el fin, el Apocalipsis. Me
refugio en la catedral aunque, por dentro, es la capilla de mi escuela. Están
dando una misa, y me quedo quieta en un banco sin hacer ruido. Me siento a
salvo, hasta que un hombre de la primera fila se levanta de golpe, toma un
candelabro y le parte la cabeza a una anciana con violencia animal. En cuestión
de segundos, la gente se divide en dos bandos: los locos y los cuerdos, y se
trenzan en una batalla feroz. Se desata un caos, vuelan cosas por todas partes,
muchos caen entre los bancos, fulminados. Sé que esto está pasando en todo el
planeta. Yo estoy con los cuerdos, y peleo por mi vida. Recurro a mis viejas
clases de taekwondo, y también uso un candelabro. Pero mi grupo va menguando
rápidamente, al tiempo que el bando enemigo crece: los cuerdos se transforman
en psicópatas asesinos y se pasan al otro lado. Nos rodean, el ataque es
despiadado. No podremos resistir mucho, sé que es una lucha estéril, pero no me
resigno y sigo peleando. Ya casi todos los míos se pasaron al otro bando, o
están muertos. Siento mi propia muerte inminente. Duele, duele mucho dejar la
vida, la pena me desgarra. Lucho con todas mis fuerzas, aunque es sólo por
furia, por impotencia, no puedo ganar,
me quedé sola. Sólo mi madre está a mi lado, muy joven y vestida con la ropa
que usaba cuando yo era niña. No pelea, sólo llora. Nunca antes se lo dije,
pero me sale del alma: “Te quiero mucho, mamita”. Es lo último que digo.
Por: Nofret
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 10:03.
en Hablando de....
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"Vuelve el
viajero sin irse, recorre kilómetros en su reposo."
"Cualquier
movimiento retrasado es un paso que no espera ya respuesta, pero dejar de
hacerlo es cerrar todas las puertas."
"Puestecitos
de dulces en la alameda de nuestros refugios compartidos."
"Entiende
la respuesta y olvidó la pregunta seguramente esto le trae los eternos
interrogantes."
"Cuantas
veces me deje de mirar otras tantas me volveré invisible para el resto."
Por: Charo González
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Publicado el 14 de Julio, 2007, 9:58.
en Hablando de....
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... o de ninguna parte?
Aunque bien
podríamos decir de ¿Hollywood o de ...? y a continuación hablar del cine
latinoamericano, chino, indu, coreano, europeo y dentro de esta franja Europa
del Este o del Oeste, etc. es decir, el resto del mundo. Sin embargo, el cine
del “resto del mundo” debe luchar contra los estereotipos mundialmente
rentables que impone la apisonadora made in USA y tratar de sobrevivir con
cuanto respirador artificial se le aparece por el camino; sumado a esto, debe
enfrentar los dientes afilados de los criticos de su propios países, quienes en
su afán de “pureza” deciden condenar a aquellos directores que se salen del
margen instituido como “identidad nacional” y les lanzan epítetos como
traidores a una cultura tradicional, en algunos casos ancestral como la china,
a propósito de mega producciones con presupuestos extravagantes y espectaculares
efectos especiales como “La maldición de la flor dorada”, “El banquete” y “La
promesa”; así, sus directores (Zhang Yimou, Chen Kaige y Feng Xinogang), han
sido catalogados como embusteros con una gran habilidad para moverse en la
politica internacional sacando ventaja de ello, tachando sus filmes de
aburridos y vacios, además de exageradamente comerciales.
Otro tanto
ocurre al otro lado del mundo. En Mexico, directores como Alfonso Cuarón Orozco
(Laberinto del fauno; París je t’aime – episodio 17 ème arrondissement;
Princesas y Harry Potter y el prisionero de Azkabán) o Alejandro González
Iñarritu (Babel; 21 gramos),
o Guillermo del Toro también con el Laberinto del fauno entre sus más recientes
producciones, han sido puestos en una especia de lista negra por los acerbados
fanáticos del “llamado cine auténticamente mejicano”.
Pero
dejando aparte las diatribas de uno y otro bando (crítica vrs. autores) pienso
que debe hacerse una reflexión más profunda que ponga sobre el tapete lo que se
está cociendo en el pensamiento colectivo de la raza humana. No será que ya las nuevas generaciones están
cansadas de tanta ideología absolutista, de tantos odios y conflictos sociales
provocados por las religiones, cultos, imperios, dinero, y se están acercando a
un nivel más íntimo y personal, sencillo, cotidiano, a ese algo con el que
tenemos que convivir todos y los días, que se acuesta cada noche en nuestra
cama: el amor, el desamor, la fantasia.
La polémica
está servida, los artistas son hijos de su tiempo y espejo de su sociedad, por
tanto, repito: ¿no valdría la pena
reflexionar más sobre el ser humano como ente universal, en vez de descalificar
a todos aquellos que se niegan a elaborar arengas políticas del color que sea?
Por: Ágata
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