... o de ninguna parte?

Aunque bien podríamos decir de ¿Hollywood o de ...? y a continuación hablar del cine latinoamericano, chino, indu, coreano, europeo y dentro de esta franja Europa del Este o del Oeste, etc. es decir, el resto del mundo. Sin embargo, el cine del “resto del mundo” debe luchar contra los estereotipos mundialmente rentables que impone la apisonadora made in USA y tratar de sobrevivir con cuanto respirador artificial se le aparece por el camino; sumado a esto, debe enfrentar los dientes afilados de los criticos de su propios países, quienes en su afán de “pureza” deciden condenar a aquellos directores que se salen del margen instituido como “identidad nacional” y les lanzan epítetos como traidores a una cultura tradicional, en algunos casos ancestral como la china, a propósito de mega producciones con presupuestos extravagantes y espectaculares efectos especiales como “La maldición de la flor dorada”, “El banquete” y “La promesa”; así, sus directores (Zhang Yimou, Chen Kaige y Feng Xinogang), han sido catalogados como embusteros con una gran habilidad para moverse en la politica internacional sacando ventaja de ello, tachando sus filmes de aburridos y vacios, además de exageradamente comerciales.

Otro tanto ocurre al otro lado del mundo. En Mexico, directores como Alfonso Cuarón Orozco (Laberinto del fauno; París je t’aime – episodio 17 ème arrondissement; Princesas y Harry Potter y el prisionero de Azkabán) o Alejandro González Iñarritu (Babel; 21 gramos), o Guillermo del Toro también con el Laberinto del fauno entre sus más recientes producciones, han sido puestos en una especia de lista negra por los acerbados fanáticos del “llamado cine auténticamente mejicano”.

Pero dejando aparte las diatribas de uno y otro bando (crítica vrs. autores) pienso que debe hacerse una reflexión más profunda que ponga sobre el tapete lo que se está cociendo en el pensamiento colectivo de la raza humana.  No será que ya las nuevas generaciones están cansadas de tanta ideología absolutista, de tantos odios y conflictos sociales provocados por las religiones, cultos, imperios, dinero, y se están acercando a un nivel más íntimo y personal, sencillo, cotidiano, a ese algo con el que tenemos que convivir todos y los días, que se acuesta cada noche en nuestra cama: el amor, el desamor, la fantasia.

La polémica está servida, los artistas son hijos de su tiempo y espejo de su sociedad, por tanto, repito:  ¿no valdría la pena reflexionar más sobre el ser humano como ente universal, en vez de descalificar a todos aquellos que se niegan a elaborar arengas políticas del color que sea?

Por: Ágata