Se miró en el cristal del escaparate, allí se reflejaba su cara, bueno algo parecido a lo que ella recordaba que era su cara, pero que no correspondía a la que su cerebro guardaba en una de las gavetas.
¿Qué había pasado con su vida? A dónde se habían fugado las emociones, dónde se agazapaban los sentimientos, el placer de tumbarse sobre la arena, y todo aquello que alguna vez se llamó...


Javier, recoja ese maniquí y la próxima vez, átelo fuerte porque siempre se está cayendo.

Por: Selvática