4 de Agosto, 2007, 20:52: GladysUn libro para ti


Título:     Aún así
            Poemas reunidos
Autor:      Luis Aguilera
Colección de Poesía
Universidad Nacional de Colombia

Al leer la última página de este libro, me asaltó la siguiente reflexión: "las habitaciones tristes del ser humano". La triste condición de estar obligado a asistir a un evento que nos disgusta profundamente: la vida.
Aún así, tenemos que vivirla, pues no tenemos más remedio, la realidad duele, los acontecimientos producen salpullidos, los ojos se irritan. Aún así, estamos vivos. La pregunta es ¿para qué?
¿No es paradójico que esa sea la pregunta más inútil? Quizás nuestro destino es ignorarla.

Aqui me tomo la libertad de copiar algunos de sus poemas tomados al azar.
                                                                                                                Por: Gladys

Deriva
En los aleros el agua termina
un recorrido. Lo sé.
Bien pronto mi soledad fue lo único posible.

En cada propósito una herida
desalienta al corazón: un sueño hoy,
mañana la ciega desesperanza que lo agota.

Sólo el infortunio no es voluble.
Pasa la vida en bruma como nave a la que el tiempo
va dando su propio, su desolado paisaje de deriva.

Escena
Yo no me muevo
ni la arena cambia.
La geografía del horror
es inmutable. Abolido
el anuncio de otro infierno,
quien quiera subir a escena
que tome su fusil y se defienda.




4 de Agosto, 2007, 20:42: Charo GonzálezHablando de...




"La parte positiva es que la negativa es tan oscura que desaparece cuando enciendes la luz."

"Un manto a centímetros de la piel nos cubre de valor cuando nuestro cuerpo se encoje de miedo."

"Uno de los mejores regalos que tenemos es la sonrisa, usémosla, nunca se agota!!!"

"Torpes movimientos llenos de ingenio y esperanza, sonrisa en cada fallo porque descubre cómo hacerlo bien."

"Creamos creyendo que el creador es otro y cerramos la fuente de la creatividad, los creadores somos nosotros, dejemos que fluya la creación."

Por: Charo González

4 de Agosto, 2007, 20:29: Tony HervidaGeneral


 

    NOTA:

No es política de la Dirección alterar, cambiar, modificar o retirar los relatos publicados en caelanoche. A menos que el autor nos haga tal solicitud, previa identificación de su autoría.

Consideramos que los escritores tienen el derecho y la responsabilidad con sus lectores de modificar, reescribir o cambiar lo que consideren apropiado dentro de sus relatos. Y si este lugar contribuye a una experimentación y a un intercambio de ideas, bienvenidas sean.

Un saludo,


La Dirección.

4 de Agosto, 2007, 20:15: Fernanda ArguelloGeneral

 


    Fue el 16 de septiembre de 1997. La esperé mucho pero a las 12:29hs se dejó ver. Por segunda vez en mi vida me quedé sin palabras. Su hermano mayor había nacido muy tranquilo 3 años atrás, pero ella fue un huracán desde el primer momento. A los gritos, escandalosa; ya en su primer día de vida dejó muy en claro que era la dueña de una personalidad arrolladora. 
    Cuatro hermanitos marrones y ella, una gatita blanca y negra. Su madre limpió a las cinco crías a lengüetazo puro. Los ojitos recién nacidos aún no querían abrirse y temblaba su pequeño cuerpo apenas peludo. Todo era incomprensible para ella, solo dos sensaciones se hacían más intensas con el correr de los minutos: indescifrable, inexplicable, el ignoto instinto la empujaba a lo que luego conocería como alimentación y abrigo. Supervivencia.
    La acercaron a mi pecho, berreaba con ganas. Era campeona en succión: acto reflejo, impulso natural de supervivencia. En pocos meses sus cachetes tenían suficiente espacio como para poner en ellos grandes anuncios sobre las bondades del sol. Habló mucho, caminó con esfuerzo, corrió con ganas. Usó a su hermano mayor de caballito, de padre, de vendedor de supermercado, de Ken, de arquero y de guardaespaldas. Siempre creyó en Papá Noel.
    No tenía fuerzas para pararse. Buscaba la teta de mamá gata, pero le costaba estar cerca. Un olor la guiaba, sus hermanos la empujaban. Una pata en su ojo derecho le hizo sentir una nueva impresión, desagradable. Algo la levantó en el aire y la ubicó: al fin la leche corría por su garganta y llenaba su cuerpo de brío. Sus cuatro hermanitos marrones parecían vigorosos, fortachones. Ella luchaba por no rendirse. Un cansancio abrumador intentaba derribarla. Al fin, aprendió a caminar.
    La egresadita de preescolar sabía leer. Escribía en letras grandes "Papá" más que "Mamá" y no dormía sin mi beso de las buenas noches. Ese año creyó merecer una gran recompensa y en su primera carta escrita a Papá Noel pidió un gato. Discusiones, controversias. Odios y amores, todos votamos por el NO a los gatos pero también por el SI a la nena. Al final, Papá Noel anotó con mi letra "Vale por un gato. Usar solo después de las vacaciones".
    Días de vida. Algo siempre la levanta en el aire. Algo también le da alimento diferente al que ya conoce. Algo la reprende cuando el pis se escapa, "para eso están las piedras". Algo se lleva a la teta de mamá que ya nunca vuelve. Soledad. Entre tantos hermanos, soledad. Una jaula hace de casa pero no alcanza para cinco.

    Primer grado, primer guardapolvo, ultimátum: "quiero mi gato". El 5 de marzo de 2004, harta y resignada, la llevé a la veterinaria. Entregó el vale y desde atrás del mostrador me interpelaban con la mirada. Mis hombros respondieron por mí levantándose a coro con mis cejas. "Ahí están, lleváte el que quieras".
    Olor. Huele. Olor conocido. Olor a mamá. No es mamá, es parecido. Pero si es parecido a mamá es bueno. Buen olor.

"¡Mamá, quiero ése!"

    Tatiana acaba de cumplir nueve años. Va a tercer grado, escribe cuentos. Hasta hoy ganó dos premios literarios. Seis de los quince cuentos que ya escribió hablan sobre su gata. Juegan juntas, duermen juntas. Gati come helado de frutilla con Tati. Tati usa a la gata de sombrero, de bebé, de pelota, de caballo, de hija. La sienta en la cama y le lee libros. Le cepilla los dientes, la lleva a vacunar. Llora por ella, se deja arañar. Le dice "Boba" y también que la quiere.


      Mamá, ¿ella sabe que la amo?

    Claro, lo siente. (Pausa), ¿viste todo el amor que vos sentís por tu gata? Eso es lo que yo siento por vos…

      (Se sorprende) ¿Tanto?

Por: Lornafer

 

 

 

4 de Agosto, 2007, 19:59: GladysGeneral

 

 “Quiero morirme de manera singular”  La voz rasgada del cantante repetía el pegajoso estribillo una y otra vez sin que los comensales del restaurante le hicieran el más mínimo caso, los ecos de los tambores se elevaban sobre el humo de los cigarrillos y los sueños de los clientes, aún con legañas pegadas a sus pestañas, y la jornada de trabajo por delante.
    Al fondo, un entusiasta grupo brindaba con café con leche, por el éxito de un programa de televisión que había obtenido el más alto índice de audiencia que recordaba la historia de la televisión; gracias a los mas media, el presentador, Miguel, un joven periodista bastante comprometido con la situación social del país, había llegado a alcanzar el soñado éxito antes de los cuarenta y eso, había que celebrarlo.


“Quiero morirme de manera singular” chillaba la radio del taxi en medio de un atasco en plena séptima con setenta y dos, a las 7:30 de la mañana de un viernes cualquiera; pero ni el alegre tamborileo de la voz del cantante, ni el pegajoso ritmo de la salsa borraban el mal genio de la pasajera del taxi, quien, inquieta se retorcía las manos impaciente mientras le rogaba al conductor salir, cuanto antes, de aquel atasco de mierda.

-Es que me van a echar y a mi edad ya no estoy para llevar hojas de vida a las oficinas de empleo.

- Lo siento señora, yo mejor que nadie sé lo que es eso, no crea que yo siempre he conducido un taxi, antes, hace unos cinco años, yo también trabajaba en una oficina, bueno, un banco para ser exactos y también sufrí eso de las llegadas tarde involuntarias, y lo que es peor, me tocaba montar en buseta. Eso si es martirio.

- Buseta o taxi da lo mismo, igual me van a echar, usted no sabe como es mi jefe.

- Igual que todos, mi señora, unos ineptos, parece que les pagaran para joderle la vida a los empleados.

- Qué razón tiene, yo también pienso lo mismo, ¿dónde tendrán el molde para destruirlo?

- Mire, tenga paciencia, voy a ver si me puedo meter por este ladito y en la próxima giro a la izquierda, así cogemos un atajo que conozco. Nos desviará un par de cuadras por una zona residencial, pero en seguida estamos en la noventa y dos, y por favor, deje esa cara que usted está muy bonita para permitir que un tipo de mala calaña como su jefe le haga daño. Fíjese, yo, un buen día me cansé y me compré este taxi, preferí ir por libre que aguantarlo, ya verá como todo mejora.


 “Quiero morirme de manera singular”, sonaba en el destartalado transistor de Luis, quien yacía en la cama al parecer tranquilo, pero de vez en cuando, sin oír la radio, le daba una ojeada a su reloj de pulsera; faltan treinta minutos, a las menos veinticinco – se decía – me levanto y..., no mejor a las menos veinte... No, mejor ya, así aprovecho y...

Pero Luis no se decidía, seguía mirando al techo sintiendo como su cabeza era un barullo de pensamientos entrecortados. Al cabo de unos minutos, sacudió la larga melena y se puso en pie.

Ya, - dijo en voz alta – ¿para qué esperar?

Avanzó hasta la imagen de la Virgen del Carmen, un gran cuadro enmarcado en plástico imitación madera, apoyado sobre una repisa y alumbrado con cuatro velas de cera envueltas en papel rojo. Se arrodilló, cruzó las manos fervorosamente y desde su corazón brotaban promesas a la virgen de toda su vida. Los labios se movían imperceptiblemente mientras los párpados se cerraban con fuerza; en un rincón de su cerebro oía...  “quiero un adiós de carnaval”.


     “Quiero morirme de manera singular” entonaba una ronca voz haciendo dúo con el cantante en el asiento delantero de una ambulancia mientras Eduardo se quitaba su uniforme, estaba feliz, había terminado su turno, dormiría toda la mañana y parte de la tarde, porque en la noche, en esa noche de viernes se iría  de rumba, mucha salsita, mojada en aguardiente y su morena  sabrosa con su blusa de tiritas en la espalda bailando pegadita a su cuerpo.

    Sus pies seguían el ritmo de la música mientras sus manos tamborileaban sobre el volante de la ambulancia y su voz acompañaba al cantante “quiero un adiós de carnaval”, acercándose la mano derecha a la boca, con el puño cerrado, a manera de micrófono. Su voz mezclada  con la del cantante resonaba extraña en el parqueadero del hospital. Eduardo con el placer de la culminación de la jornada, ya saboreaba  la maravillosa noche del viernes loco que le aguardaba.


     “Quiero un adiós de carnaval” - Me voy -, dijo el periodista a sus amigos, tengo que dejar el libreto en realización y por la tarde salgo para la finca, los espero a todos, ok.

    - Espera Miguel, te llevo – le gritó desde el fondo del restaurante un compañero al periodista –

    - No gracias, tu, termina tranquilo, luego nos pillamos.

Miguel se levanta, pide la cuenta y se marcha apresuradamente sin esperar el cambio, el camarero corre tras él y logra alcanzarlo en la puerta, discuten amigablemente, el periodista da una palmadita sobre el hombro del camarero y abre la puerta.


 En el taxi:

-Ya vamos llegando mi señora, después de ese restaurante doblamos a la izquierda y...


En la moto:

    - Hágale Luis, dispáresela  de una, es el que está en la puerta.


    En la ambulancia:

    - Alerta unidades de la zona... Maldita sea mi suerte, - pensó Eduardo al escuchar la radio de la ambulancia - se me jodió el viernes.


    En la puerta del restaurante:

    Un frío en mitad del corazón casi le obliga a Miguel a volver al restaurante, sin embargo no era hombre que se dejara guiar por las emociones.


    - Cuidado chofer- dijo la mujer en el taxi... Maldito chino, dijo el taxista, casi me estrella con la moto esa...


    “Quiero morirme de manera singulaaa...”


    Atención a todas las unidades, atentado en el restaurante..., repito atentado al periodista...

 

Por: Gladys

4 de Agosto, 2007, 19:43: SelváticaAlaprima



Aparece un ratón cerca de donde estoy sentada.
Es negro,

mediano.
Me produce asco.
Alguien se acerca y le da con un palo,
a mi se me pasa la nausea.
Descanso.
Luego el ratón se crece,
sus ojos me miran fijamente,
brillan de ironía.
Se va por otro agujero.
Una multitud lo persigue,
lo apalea,
la sangre salta
me salpica,
pedazos de su cuerpo crecen,
se multiplican...
Yo pienso que es inútil,
jamás podremos vencerlos.

Por: Selvática