cae la noche

...y las palabras emergen por los rincones de la ciudad...

Septiembre del 2007


Baila conmigo

Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 12:11. en Alaprima.
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Abro la caja de música que me encontré una madrugada...

MB baila con una mujer fea. él es hermoso, tiene ritmo, sus movimientos son muy sensuales. Ella en cambio baila mal, se mueve torpemente.

Yo siento envidia, quisiera ser yo la que baile con MB, yo si que sabría seguir todos sus movimientos, pero él no me ve. 

Mi marido toca en la puerta. Yo escondo rápidamente la caja debajo de la cama, ella es la prueba de que una madrugada...

Por: Selvática


Las maletas de Tulse Luper: La historia de Moab

Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 11:56. en Hablando de....
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Dirección y guión: Peter Greenaway.
Año: 2003.

"Las maletas de Tulse Luper" cubre unos sesenta años de historia reciente, desde 1928 cuando el uranio fue descubierto, a la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría en 1989. Tulse Luper (J.J. Feild) un escritor y artista, está atrapado en una vida de cárceles. Hay un total de dieciséis cárceles en la historia empezando en el sur de Gales, cuando Luper tiene 10 años. Doce años más tarde, en 1938 en Moab, Utah, Luper es arrestado por su contacto con una familia americano-alemana que está a punto de viajar a Europa para hacer negocios sucios en la Segunda Guerra Mundial. Cuatro miembros de esta familia, tremendamente fascinados con Luper, actuarán como sus carceleros alrededor de Europa durante los próximos diez años. En los años de la Guerra Fría es encarcelado en Moscú y Siberia, antes de aparecer en Hong Kong y Kyoto. En los 80 Luper fue visto aparentemente en Beijing y en Shangai. Fue visto por última vez en el desierto de Manchuria. Luper aprende a usar su tiempo en prisión, escribiendo en las paredes de la cárcel, inventando proyectos en literatura, teatro, cine y pintura, y maquinando con sus carceleros todo tipo de tramas, proyectos y aventuras. Parece que los carceleros eran a su vez prisioneros de sus prisioneros. Esta conexión entre carcelero y prisionero permite todo el proyecto. A medida que la reputación de Luper como escritor y artista crece, su persona se convierte en más ficcional. En varias ciudades europeas se producen conferencias y exposiciones sobre Luper. Los objetos centrales expuestos de muchas de las exposiciones y conferencias son piezas de una colección de 92 maletas -92 siendo el número atómico del uranio- maletas con las que Luper ha estado supuestamente asociado en sus viajes, prisiones y aventuras. A través de los años, las maletas salen a la luz alrededor del mun-do. En la última noche de la definitiva Exposición y Conferencia sobre Tulse Luper en Nueva York, la más esperada maleta de Luper -la maleta 92- es abierta...

TLB.


Escuela

Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 11:35. en General.
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-Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar... ¿La pueden ver todos?

Algunos chicos del final alzaron los cuellos, mientras otros reprimían un bostezo primigenio.

-SI la observan bien, se darán cuenta de que está desgarrada por varios sitios. ¿Ven el color? Hace años debió ser gris; ahora nadie podría asegurarlo fehacientemente.

El profesor la tumbó sobre la mesa con violencia. El golpe retumbó por todo el aula y terminó de despertar a los que aún dormitaban.

-¿Alguien puede decirme qué clase de cerrojo es éste? –dijo, señalando un oxidado broche que unía la tapadera con la base.

Algunas manos se alzaron con timidez. El profesor eligió una extraordinariamente pecosa.

-Parece un... Smith-Carabo –contestó el alumno.

-Exacto. ¿Por qué lo ha sabido?

-Por la ranura invertida –contestó con rapidez.

-Muy bien. ¿Cuál es su nombre?

-Daniel Amor de Dios –respondió solícito.

-Señor Amor, ¿quiere salir a la tarima?

Un murmullo se abrió paso entre la clase. El alumno, pelirrojo, bajo, de pies extrañamente grandes embutidos en zapatos acharolados, comenzó a bajar desde su pupitre. Los demás chicos lo miraron bufando improperios.

-¡Basta! –exclamó el profesor-. Aquí, hijo.

Los dos se encontraron sobre la tarima. El profesor, señor Ruso, lo esperaba con expresión cansada, tras la enorme pizarra negra donde todos los días se dibujaban los diagramas. Sus cejas puntiagudas le daban el aspecto de vampiro viejo que todos comentaban siempre.

-¿Quiere abrirla? –le preguntó a su alumno. El chico sintió un escalofrío.

-¿Yo? ¿Y qué habrá dentro? –preguntó sin pensar; pronto las risas estallaron en toda su amplitud.

-¡Silencio! Vamos, Señor Amor –dijo poniendo los brazos en jarras-, pensaba que sabía de lo que estábamos hablando. Recapacite. ¿Qué puede haber dentro?

Daniel intentó concentrarse. Pensó en todo lo que había dicho el profesor; una maleta encontrada a la salida de un bar, de madrugada, en medio del invierno, en el centro... pero las risas de sus compañeros le impedían cavilar con claridad.

-¡Silencio he dicho! –volvió a gritar el profesor-. ¿Lo sabe o no?

Daniel tomó aliento antes de contestar:

-Bien –dijo-, por las circunstancias en que fue hallada, el lugar, el tamaño de la maleta y la hora... puede tratarse de dos cosas.

-Ilumínenos.

-Camisas y corbatas de un ejecutivo de la City pasado de copas –contestó carraspeando.

-O...

-O los restos de...

De repente, el silencio se adueñó del aula. Todas las miradas se fijaron en el objeto que descansaba sobre la mesa.

-No hay restos de sangre –objetó un alumno.

-Sí los hay –comentó el profesor, divertido. Con un rápido ademán dio la vuelta a la maleta y una mancha marrón, apenas advertida entre los lamparones que la cubrían casi por completo, hizo acto de presencia-. Su compañero estuvo más atento que usted.

Daniel la miraba contraído. Había oído un ligero golpe cuando el profesor la movió.

-Ábrala –insistió éste.

Respirando hondo, aplicó sus dedos al cerrojo. Cogió uno de los alambres que siempre estaban colocados sobre la mesa, el más grueso, y manipuló el mecanismo de cierre hasta que saltó con un click.

-Ábrala.

Todos lo miraban. Con lentitud, levantó la tapa y mostró el contenido a la clase. Tras unos segundos, los aplausos fueron poblando los pupitres ante el asentimiento satisfecho del profesor.

-Muy bien, Daniel. Siéntese.  

-Señores, señores, calma. Pasemos a otro objeto. Aquí tenemos un tupido abrigo de piel encontrado en los lavabos de la estación central de autobuses, por cortesía del inspector Malandro. ¿Pueden ver todos el bolsillo oculto...? 

Rafael Calmaestra

20.09.07


Luciano’s family

Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 11:18. en General.
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Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar la maleta comenzó a moverse levemente. Naturalmente ni le prestamos mayor interés, los 5 tequilas que llevábamos en el cuerpo, era una razón más que sobrada para olvidar ese tipo de cosas fantásticas. Pero impertinente la maleta seguía taconeando con las esquinas metálicas, e incluso lo hacía con más insistencia. Pasmados, y ya completamente serenos, pudimos comprobar como una voz desde el interior pedía ayuda. Cautelosamente nuestros pies se dirigieron hacia la maleta, nuestras temblorosas manos la colocaron en una mesa con mucho cuidado, más que nada por precaución, no por miedo; y la abrieron. Ante sus ojos, apareció un conejo de peluche con una chistera, una varita mágica y un montón de cachivaches mágicos. Luciano, así se llamaba el conejo, lloraba desconsoladamente, porque había sido abandonado por su dueño, un mago tarambana que había perdido hasta su camisa en una partida de pócker. Mi amigo, que es algo impulsivo y un tanto bocazas, le prometió hacerse cargo de él, a cambio Luciano, le enseñaría todos los secretos del Arte de la magia.

Hoy estamos en Washington, en una recepción de la Casa Blanca, vamos a actuar ante una delegación China y el presidente de los EE.UU., es nuestro primer aniversario en el nuevo mundo de la Magia.

 Por cierto, nos hacemos llamar Luciano’s Family, yo soy la partenair, y llevo todo el tema de contratación. Si alguien quiere contratarnos, pregunten por Alma.

Por: Jimul


Maletas

Publicado el 28 de Septiembre, 2007, 11:06. en General.
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Desde el cielo que cubre a caelanoche han llovido maletas de todo tipo, maletas que se destripan al caer, que están cerradas herméticamente dejándonos intrigados por su contenido, maletas que se deshacen con la lluvia, maletas que traen consigo sus llaves, en una invitación velada para que nuestra curiosidad se sacie o maletas que viajan por Internet como la maleta del viajero de Saramago que reúne algunas crónicas publicadas en varios diarios de Portugal, la maleta del profesor Kai Amos y con la que montó una biblioteca penal institucional, o maletas de seres anónimos en las que sus protagonistas dudan entre colocar dinero negro en una maleta de Sansonite o en la mochila comprada en los establecimientos de todo a un euro; la maleta del poeta argentino Juan Pomponio, lo que se esconde en el forro de una maleta, o el cuerpo de un polizón, la maleta blanca que esconde un cadáver negro, o la maleta que discierne la diferencia entre ésta y las gallinas ficticias, o el miedo que producen los monstruos hermosos que habitan en la maleta, o de tres hombres que deciden robarse la maleta. Maletas, una especie de símbolo universal para celebrar nuestro primer aniversario y que vamos a empezar a desvelar cada semana en estricto orden de aterrizaje. Aún estás a tiempo de enviarnos la tuya. ¡Disfrutadlas!

La Dirección.

 

 

 

 


El Desierto

Publicado el 22 de Septiembre, 2007, 11:56. en General.
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The angel has fallen

For I though her lost

And no heaven would silence the pain

Teach me those secrets the sensual frost

Desire for warm blood again

 

Cradle Of Filth “Nocturnal Supremacy”

 

La segunda vez que Alejandra D’ Merak me contó que había soñado con el desierto, supe que iba suicidarse. Pero no se lo dije, le inventé que ese sueño quería decir soledad, que de pronto era eso, “Imagínate, tú tan lejos de la casa y todo”. Sin embargo la suerte estaba echada para ella, para los dos. Yo sabía que el que sueña con desiertos es porque va a ser libre y para un alma tan libre como la de Alejandra no había más libertad que la definitiva. Lo del significado del sueño me lo dijo mi abuelo Agustín. Un sabio que huyó de Molagavita con su novia en la parte de atrás de un camión porque los conservadores los estaban buscando para matarlos. Al llegar a Bucaramanga se instalaron en una casa del barrio San Francisco y con el tiempo la novia se convirtió en mi abuela. Pasaron muchos años antes de que pudieran volver al pueblo. Cuando volvieron todos estaban muertos, pobres o enfermos. Jodidos en resumen. Los liberales y los conservadores unidos en la miseria o en la tumba. Soy hijo y nieto de la violencia y por eso no quiero traer niños al mundo para que sean hijos, nietos y bisnietos de la violencia, y así por siempre.

El caso es que mi abuelo sabe, no sé de dónde, el significado de los sueños. Claro, no es que uno le diga me soñé con tal cosa y él le diga lo que ese sueño quiere decir, no, sino que él dice de un momento a otro, por ejemplo, “El que sueña con monstruos de ojos verdes es porque está siendo víctima de un ataque de celos” o “El que sueña con bosques que se mueven es porque se da cuenta que está perdiendo todo lo que tiene”. Y así. Un día dijo “El que sueña con desiertos es porque va a ser libre” y yo le contesté “Y el que sueña con serpientes es un mamerto que no escucha  sino a Silvio Rodríguez” y como que se rió sin entender. Él más que todo escucha a Gardel y lo vio cuando visitó a Bogotá hace muchos años.

Por eso, cuando Alejandra me contó lo del sueño, yo supe que el desenlace de la historia estaba cerca y por eso cuando Adriana del Pilar, la hermana de Aleja, me llamó por teléfono con voz de angustia y tragedia, supe lo que había sucedido. Alejandra D’Merak se había degollado en algún momento de la noche anterior. Ya lo habíamos discutido en alguna ocasión, era una forma rápida y poco dolorosa de morir y habíamos llegado a esa conclusión después de analizar los pros y contras del disparo en la sien o el paladar, el salto desde el viaducto La Flora y desde el viaducto García Cadena, el ahorcamiento y el Seconal en dosis de sesenta pastillas. El desangramiento nos parecía el más fino y el menos egoísta porque los órganos quedaban listos para trasplante. El desangramiento por corte en la yugular. En una carta donde Andrés Caicedo cuenta su primer intento de suicidio (y la tercera fue la vencida) dice que ninguna cortada en las venas de los brazos es efectiva. A Andrés hay que creerle en esas cosas.

Estaba anunciada entonces la muerte de Alejandra, pero cuando supe lo que había sucedido, sentí más rabia que tristeza. Sobre todo no podía entender por qué no me había avisado. “¡Maldita seas Alejandra de la Lluvia por no haberme avisado!” pensé. “Yo te prometí que estaría contigo en tu hora, en tu paso por la ventana… yo te tomaría de la mano por si acaso no todo era tan claro como parecía…No sabía, no sabíamos nada, pero nos acostumbramos a estar tan vivos… ¿Cómo haría para llenar los espacios vacíos donde solíamos hablar?” Adriana del Pilar seguía contándome los detalles al otro lado de la línea y yo a todo decía que sí sin escuchar. Hablaba y lloraba pero no intenté consolarla, la rabia no me habría dejado. Lo último que me dijo fue que la familia llegaría esa misma noche, que el funeral sería dentro de dos días y que Alejandra había dejado un paquete con mi nombre. “Una carta de despedida, supongo” agregó, colgando el teléfono sin despedirse.

Es curioso, pero esa noche no pensé en la muerte sino por unos pocos instantes, cuando consideré la posibilidad de mi propio suicidio. Luego decidí que ella no lo merecía me había abandonado y la odiaba por eso. Dormí tranquilo casi hasta el amanecer, hasta la hora en que las nubes de atrás de las montañas comienzan a incendiarse de a poquitos. Habíamos pasado un amanecer con Aleja en esas montañas. Páramo de Berlín. El frío era terrible y se sentía como miles de agujas perforando la piel, pero la visión del sol bajo los pies y la niebla saliendo de los lagos helados del páramo, hacía que todos los males del cuerpo salían sobrando. Entonces, de repente, todo era mentira, Alejandra de la Lluvia estaba viva y sonreíamos en un camión que nos llevaba hacia el sur, conociendo caminos y ciudades hasta que pudiéramos olvidarnos de sus nombres y jugando a ratos en el cielo y a ratos en el infierno, keep your eyes in the road, bebiendo vino de cualquiera, Moscatel de Pasas o vino de Anahuac o Nightrain, da lo mismo. Hasta whisky Indio Pedro “The Best Scotch from Valledupar”. Durmiendo en una plaza de Lima, “Buenas tardes, somos ciudadanos de todos los países, o de ningún país si ser ciudadano de algún país tiene algo que ver con presidentes impotentes y generales gordos”, “Sí claro jóvenes, sigan” nos contesta una señora de delantal verde. Estamos en todas partes, parados sobre algunas ruinas abandonadas invocando indios crucificados, tomándonos una foto instantánea frente al obelisco en Buenos Aires y mandándosela por correo a los del parche “Miren, hijueputas, de lo que se están perdiendo”. Rumbo a la calle Fascinación, a la Ciudad Paraíso, donde la hierba es verde y las nenas lindas (no te preocupes, Alejandra, sólo voy a mirarlas) Rumbo a Abbey Road y a Freemont Street, donde Jimi Hendrix se aparece en el cielo todas las noches. Rumbo a la Avenida Blanchot y al 16-66 de Love Street y a la Calle Fascinación. Y luego más al sur, al norte, al noroccidente, a algún punto cardinal que nos inventamos sobre un plano que interseca a setenta y ocho grados, 10 minutos, venticinco segundos exactos el plano de la rosa de los vientos. Estamos en el bosque noruego. En Seattle, donde los ángeles tristes se suicidan en abril. En el desierto comiendo peyote y cabalgando cielos desteñidos sobre el lomo tibio del escorpión gigante con alas de icopor que vimos la vez pasada ¿Te acuerdas, Aleja? en una caravana española rumbo a Portugal, a los dorados campos de Provenza y Andalucía. Bajo un puente, viviendo del asfalto. Los animales que atrapamos se convierten en nuestras mascotas. Estamos vivos, subimos montañas nevadas cada vez más altas y cuando llegamos a la más altisísima del mundo, gritamos ¡Estamos vivos! Al oeste y al oriente, volamos muy cerca del sol y lo escupimos en nombre de Ícaro y entre más alto volamos más pequeños le parecemos a la policía del karma que nunca aprendió a volar. Descubrimos la inutilidad de las palabras y bajamos  a besar cabezas de piedra, cabezas de muertos, dolorosas que siempre lloran. Es de noche y una luna de vampiros ilumina la ciudad, nos miramos a los ojos y nos besamos y nos hacemos uno solo sobre esa loza de mármol que el Dios que nos enseñaron en el colegio y mil Dioses más envidiarían para sus tumbas. Ya habrá tiempo para deslizarnos en la inconsciencia. La vida es tan mezcla de sonrisas y lágrimas como la muerte y nunca me va a quedar claro dónde se escucha mejor la música.

 

El día del funeral me levanté y bebí una cerveza. Pasé por la casa de Aleja pero ya todos habían salido. Un vecino me dio el dato de la funeraria. Cuando llegué toda la gente todos me miraron mal, supongo que en parte por mi ropa, que no era negra como la de los demás. Doña Adriana, la mamá de Aleja, salió de repente de no sé donde y comenzó a reprocharme entre sollozos. Entre dos tíos la calmaron y se la llevaron. No había notado lo grande que era la familia, colombianos por parte de la mamá y medio noruegos por parte del papá, que murió hace unos años. Fue precisamente uno de los semi-nórdicos el que se acercó y me dijo, cortésmente pero apretándome el brazo, “Es mejor que salga de aquí”. Me senté en una banquita de la entrada. Al rato salió Adriana del Pilar, estaba más blanca que nunca y sus ojos ya no eran azules del cielo más azul como se los conocía, sino como color gris porque en ese cielo azul había llovido mucho. Alguien dijo que Alejandra estaba con Dios. Imaginé a Aleja bailando entre nubes y a Dios todo embobado, rogándole para que se acercara y ella sonriendo como le sonríe a los admiradores que se levanta en los bares y pensando: “Qué borracho tan cansón”. Adriana del Pilar me pidió que la acompañara hasta el carro y del portaequipajes sacó una cajita de madera africana con una nota para mí: “Para Dani C., el de ojos tan lindos y tristes como el cielo nocturno del Cañón del Chicamocha”. Yo pensé en los ojos color aguapanela clarita de Aleja y sonreí, nunca se me había ocurrido que mis ojos pudieran inspirar una frase como esa. Adriana seguía hablando pero yo no le puse cuidado. Ignorada por segunda vez. Cuando volví a escuchar me dijo que por favor no regresara, que las cosas ya estaban bastante mal y todo mundo pensaba que yo era el culpable y así se lo habían hecho saber a lo largo de toda la mañana.

Aleja, seguro pensaste que no iba a ser capaz de entrar pero, ya ves, no me quedó tan difícil. Encontré una ventana pequeña por la parte de atrás y la abrí con facilidad. Leí tu nota y quiero que sepas que ya no te odio más. Todos se fueron y yo, con todo lo que me están odiando, me voy a quedar contigo hasta la madrugada. ¿A qué hora crees que vendrán? ¿A las siete por ahí? A esa hora tengo que irme porque si me encuentran me despedazan y yo no quiero morirme. No mentiras, sí quiero, o no sé. Me gustaría seguir vivo si estuvieras viva. ¿No vas a revivir, cierto? Entonces espérame. Yo parto antes de las siete porque no quiero morir despedazado sino desangrado. Como lo habíamos planeado, el corte directo al cuello porque ninguna cortada en las venas de los brazos es efectiva. Eso lo dijo Andrés C. ¿Ya te viste con él? Supongo que sí. Tú eres muy sociable con la gente bacana, te habrán recibido bien, allá en los perímetros, donde no hay estrellas. Todos con alas que crecieron a partir de la reacción química de la muerte. Cantando mucho y contando historias y tú invocando la lluvia como solías hacerlo. ¿Cómo es la lluvia en el cielo?, Es decir, ¿hay nubes de lluvia o todo es siempre azul? Deja que te bese, simplemente porque la última vez que te besé no sabía que iba a ser realmente la última. Uno debería siempre besar como si fuera la última vez. Todos los besos son el último. Este es más el última. Deja que pase mi lengua por tus dientes blancos y tus caderas silenciosas. ¿Sabes?, no estás tan fría. Yo me imaginé que los muertos eran más helados. Lo que sí estás es pálida, pálida como sólo puede estar alguien a quien se le ha escapado hasta la última gota de sangre. Quién iba a pensar que a estas alturas doña Adriana ya no iba a tener una hija blanca y otra morena sino dos blancas. Voy a bajar esa imagen de la pared, porque con esos brazos abiertos parece estar diciendo “¡Pobrecita!” y a ti nunca te gustó que te pobretearan. Mejor así y no sé qué más decir. Trato de reírme escondiendo las lágrimas en mis ojos. A veces lloraba y me secabas las lágrimas con la boca. Te decía que es la vaina de saber que antes uno pensaba que algún día iba a descansar sobre los sueños conseguidos y poco a poco uno se da cuenta que sólo va a pasar noches de insomnio arropado por sueños vueltos mierda. Y a veces también llorabas y te me recostabas en el hombro pidiéndome que te cantara una canción. Y yo con voz de sueños rotos te cantaba que te iba a amar hasta que se cayeran las estrellas.

Si estuvieras viva sería todo más bacano, pero igual no hay vuelta atrás.

Confieso que no pensé que la mamá de Aleja le cumpliera su última voluntad de enterrarla en Barichara y sobre eso escuché que comentaban muchos de los que vinieron “¿Por qué tan lejos de la casa y en este pueblo que ni siquiera conocía?”. Y yo sonriente, con ganas de pararme y gritarles que Aleja sí conocía este pueblo. Que cuando ella supuestamente viajó a Armenia para visitar a una tía anciana, terminamos recorriendo medio país. Y al llegar aquí, a este pueblo con calles y cementerio de piedra, escogimos esta tierra para nuestro primer pacto de eternidad. Una fogata, lluvia extinguiéndola, vino. Ternura y lujuria. Esa fue la primera de muchas noches en las que bebí su sangre tibia. Esa fue la noche en que prometimos que viviríamos lo necesario y  seríamos la excepción a lo de Nothing lasts forever.

Así, de una, resolvíamos la cuestión: Not to be, alzarnos en armas contra los flechazos de la fortuna y el mar tormentoso y dormir sin temer al sueño porque estaríamos escapando a una pesadilla, liberados por la sangre que derrama un puñal que va directo al cuello, porque ninguna cortada en las venas de los brazos es efectiva. Libres del todo y con las ideas vigentes, con la sangre que usamos para escribir nuestra historia aún sin coagularse y por eso aún vital en cada una de sus letras. ¿Y si no? ¿Si nos daba miedo y dejáramos que el tiempo pasara por encima de nosotros con su vocación de psicópata y aplanadora recién jubilada? ¿Si nunca fuera necesario escapar y llegáramos a viejos recorriendo el mundo o en una casa de frente al mar, de frente a la vida y al futuro que nunca dejaría de ser incierto, una casa con mucha música, libros y licor? La mañana nos encontraría calmados y el sol del mediodía quemaría su oro en tu cabello. Y en las noches nadaríamos en el mar sonriente. Y el verano no terminaría y como sabríamos que somos eternos seguiríamos haciendo pactos de eternidad eternamente. 

El funeral de Aleja fue corto y sencillo. Al final comenzó a llover y todos se fueron. Sólo quedé yo, como era de suponerse, y por fin pude acercarme, porque todo el tiempo estuve escondido y mirando de lejos. Curioso que llovió como el día en que nos conocimos. Yo estaba pasando unos días en Nirvana y el día de la Noche de Quema nos encontramos por casualidad frente a la catedral. Me encantaron sus ojos, color aguapanela clarita. La Noche de Quema es una ceremonia que hacen todos los años en Nirvana donde la gente enciende hogueras en la plaza principal y arroja al fuego papeles donde ha escrito sus malos recuerdos. Esa misma noche besé a Alejandra por primera vez bajo un aguacero, de esos de clima frío, y esa misma noche supe que ella era el lugar donde, por primera vez, Divinidad y Lujuria se encontraron. Ahora llovía nuevamente. Aleja, seguía invocando la lluvia como siempre lo había hecho, de alguna manera comenzábamos de nuevo.

Cuando me acerqué a la tumba pude leer tu lápida, tallada en piedra como todas las de tus vecinos en este cementerio. Tenía tu nombre y tus fechas. Un libro abierto, también esculpido, coronaba el conjunto. Era una biblia con una cita etiquetada como Salmo 116  “La muerte me enredó en sus lazos, la angustia del sepulcro me alcanzó y me hallé preso del miedo y el dolor, entonces invoqué el nombre del Señor y le rogué que me salvara la vida”. Una cita bíblica. Haber puesto “Only the goods die young” de Maiden, “I’d rather die before get old” de The Who o “Secrets of dark I know and thus we shall cheat death” de Cradle. Hay una de The Doors que me encanta, el epitafio de Lucas Wall,  “La muerte nos hace ángeles a todos y nos da alas donde antes teníamos hombros planos como garras de cuervo”. Qué sé yo, conociendo a Aleja debe estar realmente indignada “…le rogué que me salvara la vida…” rogar, ni después de muerto.

Después el atardecer me despedí de Aleja por un rato y salí a buscar algún carro de turistas que hubieran dejado pagando, por acá hay arquitectura colonial y fósiles y no es infrecuente la visita de extranjeros. Encontré uno bacano en el parque principal, dos gringos en paseo de fin de semana con dos niñas bien, que yo distinguía porque eran compañeras de Ilana. Los cuatro tomando guarapo y empujando perico y los tipos bailando y haciendo el ridículo. Hicieron escándalo como hasta medianoche y a esa hora se quedaron dormidos en el atrio de la iglesia. El radio del carro salió facilito y era una belleza, CD Player y todo. Se lo llevé a uno de los talladores que viven en las afueras del pueblo y le expliqué todo, recibiendo como respuesta que la lápida estaría como máximo en dos días. Eso fue antier. Hoy antes de mediodía pude recogerla terminada. Quedó bastante bacana, en lugar de la biblia tiene el símbolo de la paz, el “Yoko” que llaman. Luego con otro de los talladores conseguí prestada una carretilla. Pasar la reja del cementerio fue lo más difícil, tuve que hacer palanca con un madero para levantar la lápida y dejarla caer del otro lado, luego me encaramé como pude y la levanté con mucho trabajo. Lo que sí fue sencillo fue tumbar la anterior, un poquito de fuerza con la barra y listo, la biblia de piedra cayó al piso y la volví mierda a golpes con la barra, y en ese mismo agujero coloqué la lápida nueva :

 

Vendrán primero los sacerdotes y los esclavos

y quemarán nuestros cuerpos, y sobreviviremos,

luego regaremos la tierra con nuestra sangre fiel y triste

y con tu lluvia y con mi lluvia

y con la música, que nos pertenece desde que fue creada.

Con la vida y la muerte en nuestras manos no habrá minotauro que nos impida jugar a ser eternos

Regresaremos.

 

¿Qué te parece?, Lo escribí hace tiempo pensando en este día. Es el momento. He prendido fuego al techo de la catedral y espero que ese fuego se extienda por todo el pueblo. Por todo el mundo. Y ahí vamos, rumbo al infierno o cualquier otro lugar lejos de este cielo vacío que no pudo silenciar el dolor de tu partida. Libres y sin ningún sentimiento tan sucio como para que se parezca al remordimiento. Alcanzando el secreto y llorándole a la luna. Comprobando que somos la excepción a lo de Nothing Lasts Forever, que sobreviviremos a esta muerte y a mil muertes más y que regresaremos una y otra vez a contar las historias de esas muertes. ¡Que desciendan los espíritus magenta sobre esta tierra maldita y los estúpidos que la pueblan!. Anoche dormí en la entrada del taller del tallador y soñé que estaba en un desierto y tras caminar un rato largo llegaba hasta una playa inmensa en forma de medialuna y te encontraba, y bailábamos dando vueltas y mirando las estrellas que llegaban por todos lados a cubrir el cielo y el océano. Mi abuelo tenía razón, quien sueña con desiertos es porque va a ser libre. Ahora el puñal, que con tus últimas fuerzas empacaste para mí y que aún tiene algunas gotas de tu sangre, cumplirá su misión. Una sola cortada y que el líquido tibio que brote profane del todo esta tierra y llegué hasta tu cuerpo congelado. Adiós cielo azul. Una sola cortada y comienzo a desvanecerme, un solo corte, preciso, limpio y directo al cuello, porque ninguna cortada en las venas de los brazos es efectiva.

Por: Ricardo Abdahllah


Nolosé

Publicado el 22 de Septiembre, 2007, 11:42. en General.
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Veinte escalones de arriba abajo, o de abajo arriba, da igual donde te halles, el tacón pisa firmemente cada uno de ellos, como marcando ganado, la pierna dura, la rodilla flexionada, el muslo recio, la ingle... la vagina.

Ahí se va de su cuerpo, no son horas de pensar en esas partes.

¿Y por qué no? Son las diez de la mañana, la jornada ya ha empezado, todos los empleados han tomado sus puestos y aunque algunos hagan como que trabajan, nadie piensa en el sexo, ¿o sí?

Si fuera la heroína de algún trópico milleriano, ahora mismo me desnudaría y lentamente me acercaría hasta el ejecutivo más próximo, sin decirle nada cerraría la puerta, me sentaría sobre su escritorio... o ¿sus piernas? con mis labios bajaría la cremallera de sus pantalones, rompería con los dientes la tela suave del calzoncillo y entonces...

Mis ojos se cerrarían y mis manos recorrerían su cadera, su espalda, su cuello, su cara, llegaría hasta su cabeza y mis manos palparían las cicatrices del injerto de pelo que se ha hecho recientemente.

No, no son horas para ser milleriana, son horas para llenar con documentos, para hablar del prójimo, para llenarnos la boca con empanadas en vez de saliva de otro ser humano, ¿Qué estoy haciendo?

Tengo que entregar informes, pero este cuerpo que se mueve en busca de la oficina del director, en realidad busca otro ser que la acaricie, estos pechos necesitan de una mano que los sujete, estas cavidades piden a gritos ser llenadas, estoy a punto de explotar y sé que no pasará nada. Cuando mi madre me recibió de manos de la enfermera, sintió alivio cuando supo que era mujer. Sí, tenía una hija para que la cuidará en su vejez, a ella la guerra no se la robaría antes de tiempo, tampoco se largaría en busca de un mundo que conquistar, como los hombres.

Una mujer es dócil, cariñosa, tierna y jamás abandonaría a su anciana madre. Al contrario, tendrían sus diferencias en los primeros años de su juventud, pero cuando ésta se marchara de su vida volvería, cuando las arrugas y el cuerpo estén cansados, esa hija se convertiría en su amiga y juntas verían pasar los años desde la ventana.

 Ella tejería su mortaja y la devolvería a la tierra en su momento.

Ay madre, nunca sospechaste que el mundo cambiaría tanto, que tu niña finalmente, te salió un poco rara y aunque la guerra no se la robó, ella misma decidió conquistar un mundo, aunque no tenía entre las piernas un par de cojones.

La vida suele darte sorpresas, si algún día piensas en tu hija, nunca imaginarás que anda por los pasillos con una fiebre entre las venas y por las noches sueña con un hombre joven que llene sus cavidades y que jamás piensa en ti.  

Por: Gladys


Mundos posibles (16)

Publicado el 22 de Septiembre, 2007, 11:28. en Hablando de....
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"Ensimismado en sí mismo sería el mismo en sí que es".

"No se busca por llamar, los saludos son espejos de recuerdos, sentidos de acciones que no deben dejarse atrás".

"Tiene la luz color de flores mezclados para tí, tienen las flores olor a luces de colores brillando desde tí".

"Fuera de mi tiempo inexistente, acciones infinitas y mundos imposibles".

"Los brazos al cielo dejan desamparados a los que abrazaban, quizás las palmas de nuestras manos deban pasar más tiempo giradas hacía la tierra".

Por: Charo González


Travesuras de la niña mala

Publicado el 22 de Septiembre, 2007, 11:09. en Un libro para ti.
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Título: Travesuras de la niña mala

Autor: Mario Vargas Llosa

Editorial: Alfaguara

 

En nuestra sociedad y particularmente en América Látina, donde las diferencias, en vez de disminuir, se ahondan cada segundo, se nace con una marca de origen: el sello de clase social y sus hijos dedican la vida entera ya sea a alimentar esas diferencias o a eliminarlas de raíz, sin embargo, ese sello de odio no desaparece jamás y en su intento por borrarlo, o al menos disimularlo, la gente encauza su vida bajo un objetivo inamovible: tener dinero o mantenerlo eternamente; mucho dinero, posición, fama, a cualquier precio llevándose por delante a quien sea.

Ese es el lema de vida de hombres y mujeres, en este caso en particular, el de Otilia, la niña mala, esa es la realidad de muchas mujeres marcadas por el rencor y el desprecio entre clases sociales, ese es el motor que la lleva por las camas de muchos continentes pero que la esclaviza y la margina irremediablemente. Ella decide que es mejor tener cadenas que lleven firmas de prestigio y cárceles con piscina, a las cadenas de barrios marginales, hijos numerosos y maridos con sueldos mínimos.

Otilia, protagonista tallada por el talento de Vargas Llosa en un escenario con dos ambientes: Europa y Sudamerica, trescientos setenta y cinco páginas de contrastes que logran romper la membrana opaca que tamiza la realidad de los sudamericanos, por eso mismo, extraña leer en la contraportada del libro la siguiente frase: “cuál es el verdadero rostro del amor”. No es el rostro del amor, son las convulsiones de unos seres en su intento por borrar esa marca de nacimiento.

Por: Ágata


A punto de cumplir un año....

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 12:46. en General.
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Bueno, bueno, a pesar de las crueles estadísticas - se calcula que un blog casi nunca llega al año y menos un blog literario - caelanoche está a punto de apagar su primera vela.

Pero como somos conscientes que el uso y el abuso del cigarrillo nos tiene los pulmones hechos polvo, decidimos pedir la ayuda de nuestros colaboradores para celebrar nuestro primer cumpleaños y tener fuerza para soplar la maldita vela.
Así que los invitamos a esta nueva locura, les proponemos construir un relato breve a partir del siguiente suceso:

Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad,cuando salíamos de un bar...

¿A que les entró curiosidad?
Nosotros pensamos igual. El buzón - guiogla@hotmail.com - está con la boca abierta, ansioso de recibir sus creaciones.


La Dirección



Mundos posibles (15)

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 12:35. en Hablando de....
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"Escupe la cáscara de la pipa, después de quitarle la sal no vale nada."

"En nuestro empeño de permanecer cuerdos perdemos momentos de preciosa locura."

"Olor de galletas caseras en los hornos, café humeante, sentidos llenos de esperanza, llenos de fragancias."

"Si diese una patada sin romper ningún alma…. ¡lo haría!"

"La superioridad se la damos nosotros mismos dando cancha a sus conversaciones egocéntricas."

 

Por: Charo González

Pelusilla

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 12:31. en minirelatos.
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El amor es un poro erizado irguiéndose ante su aparición, elevándose hasta formar un ejercito de pequeños montículos sobre los cuales el bosque del vello apenas deja traslucir los últimos rayos del sol.

Los vellos ondean con la brisa, se inclinan hasta tocar la piel para, instantes más tarde volver a levantarse orgullosos y satisfechos, henchidos de emociones, olores y sabores. En ese fugaz instante, la naturaleza muestra su magnificencia, sí, es sólo un instante, pero con ese recuerdo llenamos todos los años de nuestras talas desenfrenadas.

Por: Selvática

Despierta

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 12:11. en General.
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¡Ya! éste es el momento. No puede dudar más.

Incorporó un poco la cabeza y no lo vio por allí, tomó aliento, se relajó y empezó a despegarse de la página. Se deslizó por las patas de la mesa, empezó a arrastrarse sobre el piso hasta salirse por debajo de la puerta. Miró la calle. Los árboles, la amplitud de la avenida le regocijaba el alma. Debería salir a la calle más a menudo. ¿Por qué no lo hacía en vez de conformarse con dormir tanto?

Pensó en él, a esa hora estaría mirando el techo angustiado; los restos de comida, esparcidos por el suelo, yacerían junto a los libros, las colillas de cigarrillos o sus esqueletos chamuscados ofrecerían a sus labios ansiosos un último placer. Ella, entretanto retardaba el momento de volver. La calle la retenía, la embrujaba, podría caminar la noche entera de arriba abajo y no se cansaría de esa imagen, de esos aromas, de las luces y el aire que bailaba ante sus fosas nasales. Uno debería alimentarse de calles, saborearlas, deglutirlas una y otra vez.

Él, debe haberse cansado del techo y ahora estará boca abajo, oprimiendo su sexo contra las sábanas sucias, quizás me eche de menos.

Se detuvo debajo de la farola para bañarse con su luz. Encendió un cigarrillo. Un cigarrillo entero - pensó -  y no las colillas de él. Deja que la ducha de luz la ilumine mientras  paladea el humo. Con la punta de los dedos contempla el filtro amarillento, luego, iba a tirarlo a la calle pero se avergonzó de darle ese destino a las cenizas de su placer. Se agachó y lo dejó en un rincón al lado del andén.

Caminó unas cuantas cuadras, los letreros luminosos eran menos frecuentes y su silueta ya se bañaba de luz, ya se sumergía en la oscuridad de la calle. Las piernas obedecían gozosas, casi agradecidas por ese paseo nocturno. Que diferencia. ¡Esto es vida! ¿Cómo pudo pasar tanto tiempo atrapada en esa página? Es verdad que a veces esa situación le daba la oportunidad de escuchar ciertas aventuras,  ciertos diálogos que lograban traspasar la barrera de lo convencional y se le metían en los recovecos de su cerebro. Entonces agradecía esa inmovilidad y se olvidaba de los calambres y de la voz del hombre.

Caminó y le pareció que revivía, que alguien caminaba a su lado, que alguien le susurraba al oído que estaba linda esa noche, que ya no estaría nunca más sola.

Buscó una cafetería, un bar, algún sitio donde pudiera sentarse y calmar ese fuego que la desasosegaba. Casi corrió por la calle, su mente repasaba los detalles de todo lo que sentía en esos momentos para no olvidar nada. Era imperioso que grabara cada una de esas emociones, cada temblor de la piel, cada pelo erizado, cada estremecimiento, cada roce de sus piernas… todo debía quedar guardado tal y como lo había sentido. Antes de que él…

La mano de él oprimió la tecla supr. Inmediatamente su imagen desapareció de la pantalla. Nadie supo jamás de ella.

 Por: Gladys


El vagón de las mujeres

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 12:02. en Un libro para ti.
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El vagón de las mujeres
Autor: Anita Nair
Santillana Ediciones Generales

El avance de las comunicaciones ha abierto una ventana desde la cual los occidentales hemos podido husmear a ese otro mundo que duerme mientras nosotros estamos despiertos. Gracias a la inmigración se nos han llenado los ojos de lágrimas al probar el picante de la comida hindú, o sentido en el paladar el crujido de insectos deliciosamente tostados, o hemos pasado noches en vela intentando profundizar en las religiones orientales. ¿Quien se resiste a la majestuosidad de las mujeres africanas, al colorido de los Saris usados por las indias, a los complicados recovecos de un cabello peinado a la japonesa? La comida, el vestido, la religión, las costumbres que llamamos exóticas nos llevan a tomar una posición: nos gustan o no. Estamos de acuerdo o no. Los admiramos o los detestamos. Pero nunca nos son indiferentes porque detrás de todo eso descubrimos a seres humanos que igualmente buscan su razón de ser, en eso somos iguales y no hay color de piel que sea ajeno a ello.

Y de ellos precisamente nos habla Anita Nair en su libro el vagón de las mujeres. En él, la autora nos hace viajar en un tren que atraviesa la India, nos mete en un compartiendo en el que viajan seis mujeres durante toda una noche, ocasión que ellas aprovechan para hablar libremente de sí mismas buscando un objetivo único: Ser escuchadas. Cada una deshilacha su mundo, su familia, su hogar, su dependencia de un entorno regido por los hombres, ya sean esposos o familiares, sus deseos y esperanzas; en últimas la búsqueda de su propia razón de ser.

Y en esa búsqueda andamos todos los seres humanos, hombres y mujeres, no importa que luzcamos un sari o un kimono o un jean y una camiseta, lo externo pierde relevancia, se deja de pertenecer a una raza, a unas costumbres, para ubicarse en un plano más universal: el de ser humano, el de hallar la propia voz que sale de las entrañas y que pueda llegar a reconocerse como propia.

Por: Ágata

 

 

 



Razón y piel

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 10:50. en Hablando de....
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La eterna lucha entre la razón y la pasión. Esta última como la máxima expresión de lo que es, pero no debería ser. Este es el dilema que se plantea en mi mente al pensar en la importancia de tener, en el caso de mi historia, a la persona exacta en el momento exacto de la vida. Ese momento en que pareciera que todo y todos se pusieran de acuerdo para que dos personas se unan y emerja lo que llamamos “amor”. Imagino que todos ustedes han sentido esto; todos en algún momento de la vida lo hemos sentido. Mi historia no es muy particular pero para mi es la mas intensa, confusa, gratificante pero a la vez dolorosa; en realidad son muchas historias creando una sola.
Sería un error de mi parte comenzar desde el principio. Me extendería y los llenaría de sentimientos encontrados. Esa es la idea en realidad, pero es corto el tiempo y el espacio de estas páginas. Así que comenzaré por hablar de las más relevantes generalidades.
Se siente como si se nos muriera alguien, como un ahogo y un nudo en la garganta que aprieta tan fuerte que apenas podemos respirar. Así es cuando no podemos hablar, cuando no podemos decir: “me voy contigo, muero contigo”. Solo queda un espacio en silencio, un espacio muerto, que ni la conciencia, ni la razón, ni la palabra misma, son capaces de explicar.
“Yo soy quien soy”, “yo soy el que soy” Con estas palabras Dios aparece como la subjetividad absoluta, dice Morin en su texto. Suponemos entonces, que Él es la verdad absoluta. La pregunta que se me viene a la mente es: ¿cómo nos explica Él ese suceso intenso de la vida? Como cuando se paró frente a mí ese sujeto que me movió el mundo con tal fuerza que casi caigo rendida a sus píes desde el primer día. Yo no creo que Él pueda decirme ¿por qué siendo yo una persona racional, con todas las aptitudes y cualidades intelectuales del caso, no logro poner freno a algo que sé que me hace daño? Con esto no intento poner en duda el poder de un Dios que para mi es un Todo, solo refuto que no ha puesto las herramientas necesarias entre Él y yo para poder entenderlo. Talvez sólo busca que sea yo quien las encuentre y eso hago todos los días de mi vida, tratar de encontrarle un sentido a las eternas preguntas que sé que más de mil veces han escuchado o pronunciado: ¿Por qué, para qué, cómo, dónde y de quien enamorarse? Eso lo aprenderemos en el camino, es la tarea para la vida. Sabemos que nos hace daño esta búsqueda, pero sin importar, nos arriesgamos a vivir lo que nos llenará de alegría y dolor solo por saber que no perdimos la oportunidad de sentirlo. Porque sentir es lo que nos mueve, por lo que vivimos, por lo que despertamos cada día.
La pasión y la ley, esa lucha entre estos dos “conceptos”, nunca dejará de atormentarnos. No obstante, “las máquinas humanas, tenemos la  capacidad de auto-repararnos o auto-regenerarnos sin cesar”. Lo importante es aprender a conservar las distancias entre lo que nos hace  bien y lo que nos hace mal. Talvez sea necesario caer en la tentación, vivir la agonía, la angustia, la pasión que nos da el amor, sea por la profesión, la familia, los amigos, cualquier cosa que creé en nosotros algún tipo de bienestar.
En lo personal, tengo la concepción de que para ser feliz hay que sufrir un poco, sino, no sería una felicidad completa. Tendremos en cuenta aquí, la noción de sujeto que nos presenta Morin en su texto: ésta supone la autonomía-dependencia del individuo. Nuestra tarea es identificar hasta qué punto somos capaces de ser autónomos y en que momentos necesitamos depender de alguien.
Desde que nacemos, nos vemos envueltos en el mundo de los aciertos y los errores, de eso se trata la vida. Errar ahora para acertar en el futuro. “Ya llegara tu hora” me decía alguien hace poco. Y se que llegara… la hora en que se encuentre la persona exacta en el momento exacto y con todo a nuestro favor; la hora en que la insuficiencia del alma será llenada por esa persona que podrá complementarme y podré pronunciar las palabras del ya tan citado filósofo y sociólogo: “seremos nosotros, aún siendo otros”. Sin necesidad de renunciar a lo que es natural; poder dejar que el agua corra sin llevarse los pedazos de nuestro corazón.
Espero que entre líneas, como dice mi canción, esté deseando lo que ya tengo pero no he querido ver; espero que la conclusión que expuse en estas últimas, sea lo que vivo ahora pero no he sabido apreciar. De eso se trata la vida de sentir sin ver… es la idea y el mensaje que quiero dejar: no miremos tanto, nisiquiera escuchemos. Sintamos pero pensando en lo que sentimos, sintiendo lo que pensamos. Rompiendo con las nociones que nos presentan a diario los grandes sabios de la vida cotidiana. Esos mismos que dicen ser sabios sin sentir… grave error.

Tomado de:

  • “Agua” de Jarabe de Palo.
  • “La Noción de Sujeto” de Edgar Morin.
Por: Carolina Granados

Pasta Rosso Sangue

Publicado el 15 de Septiembre, 2007, 10:28. en General.
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Transcurría la mañana del catorce de abril; el sol se encontraba oculto por dos nubes grises que en cielo se besaban, pero sin embargo generaba un calor sofocante, que se inmiscuía entre las persianas del apartamento de Simón. La sábana se encontraba en la parte baja de la cama, acoplada a su pierna izquierda, dejando descubierto el resto del cuerpo. La esquina del cuarto, justo antes de la puerta, era el único sitio que permanecía frío y oscuro. Dos movimientos espasmódicos y se encontraba sentado en su cama con la cabeza agachada y ocultando el rostro con sus pesadas manos, los pies descalzos acariciaban la lisa y fría madera.
El camino al baño fue más difícil de lo que se suponía; sin encontrarse totalmente despierto, palpaba las paredes, construyendo el camino en su mente. Una mirada endeble hacia el espejo para comprobar su existencia; se preparaba para su habitual rito de acicalamiento. La afeitadora cruzaba los surcos de la barba trasnochada en forma ondular, arrastrando consigo el jabón; a cada movimiento le seguía una sacudida de tres golpes sobre el aguamanil, inundado de jabón y agua con el grifo al máximo.
Afuera se oían gritos extraños, al principio parecía un mujer pidiendo auxilio, después un niño invocando a todo plumón a su madre; solo se dio cuenta que eran los ladridos de un perro píncher cuando levanto las persianas, para recibir el sol que separaba las dos nubes lesbianas. Preparó su traje gris para acudir a la cita donde sería cruelmente masacrado por una daga, escondida en forma de crucifijo.
Cerró la puerta con llave, percatándose con un empujon leve que hubiese quedado bien cerrada. Empujando la puerta de cristal, lo golpeó la brisa que arrastraba talegos y hojas secas por el corredor de la calle. Caminó acurrucado con las manos en el bolsillo, rozando con las yemas de sus dedos, los cigarrillos y las llaves.
En el restaurante Pasta Rosso Sangue se encontraba Dalila esperándolo; miraba su reloj, con la palma extendida y la muñeca frente a su nariz, de forma mendiga. Abrazaba su cartera, comprobando que traía el crucifijo. Le pidió al mesero una agüita de hierbas mientras destapaba su valeriana. Más allá las palomas despelucadas de la Plaza Núñez, se peleaban por un trozo de almojábana que les lanzo un pequeño. A cada abierta y cerrada, de las puertas de la cocina, se escapaba un humo frágil con olor a spaghetti y  boloñesa. Los cocineros escupían un plato de ravioles de una señora que había pedido que se lo cambiaran. Dalila intentó prender un cigarrillo, pero fracasó al comprobar que su mechero se encontraba vacío.
Simón doblaba la esquina, para introducirse en el Parque los vendedores, a dos cuadras de la Plaza Núñez. Caminaba rápido, con afán, saltaba los charcos que habían tras el aguacero de la noche anterior. Se preparaba para recibir su cometida.
NO, UN MOMENTO, NO QUIERO IR....Se preparaba para recibir su cometida... YA ME OISTE, NO VOY A IR; Por favor, ¿qué estas haciendo? NO VOY A IR A UN LUGAR A QUE ME ASESINEN. Eso no lo decides tu, eso lo decide el autor, además yo soy un narrador omnisciente, por si no sabías, lo más cercano a Dios; no puedes evitar tu muerte. NO IRE, NO ME MOVERE. ¿Quieres apostar?; con dos simples palabras, yo te puedo asesinar. PERO ¿POR QUÉ DEBO MORIR? es simple, el autor ha proclamado tu muerte como única solución al conflicto, si no mueres, esta historia nunca terminaría. NO ES JUSTO. Ya basta de alegatos ahora muévete. Caminó tres pasos cruzándose entre los vendedores hasta llegar a la esquina. NO PUEDES HACERME MOVER, ya lo hice ¿no? PUDRETE. Jajaja...miró hacia el cielo, levantó sus dos piernas en un movimiento estúpido, cayendo de bruces sobre un charco. Jajaja; no puedes pelear con un narrador omnisciente. ACASO ¿TU PUEDES HACER TODO?; A VER GOLPEAME, GOLPEAME. Jajaja ¿ahora me estas retando?... como quieras. El movimiento fue rápido pero fuerte, sintió un peso sobre su mejilla haciéndolo retroceder, sin poderlo esquivar se arrastró varios metros sobre el asfalto; cuando se detuvo se intentó recobrar, escupió dos dientes, se pasó su mano para tomar compostura de nuevo, mientras sentía el pómulo ardiente. Ahora sí, es mejor que vayas y mueras en las manos de Dalila con el crucifijo que ella esconde en la cartera. GRACIAS, ¿Qué dices?; GRACIAS, AHORA SOY LIBRE, UN NARRADOR OMNISCIENTE NO PUEDE INTERACTUAR CON SUS PERSONAJES, MUCHO MENOS GOLPEARLOS, EN ESTE MOMENTO ERES UN NARRADOR-PERSONAJE. LA VERDAD NO SÉ QUIEN SEAS, NI ME IMPORTA, PERO YA NO PUEDES VOLVER A SER OMNISCIENTE, PUES ME GOLPEASTE, TRASTOCASTE LA HISTORIA; TE CONVERTISTE EN PERSONAJE.
¿Qué demonios haces? Eso no puede ser cierto. Se limpió su traje, sacó un cigarrillo y lo prendió. DILE A TU AUTOR DE PACOTILLA, QUE MORIRA SIENDO UN COMPLETO FRACASADO. ¿a dónde crees que vas?, no puedes hacerme esto, debes ir a morir en el Pasta Rosso Sangue para dar fin a la historia. Lo vi alejándose calle arriba, dejando que su humo se perdiera con el viento que golpeaba esa mañana, justo antes de girar por la calle San Fermín, exhaló fuertemente, frunció sus labios, y señaló con el dedo anular hacia el cielo.

 

Por: José Ricardo Báez González

 


El espejo

Publicado el 8 de Septiembre, 2007, 17:50. en General.
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7: 15 a.m. Se ha hecho un poco tarde. No importa. Rodolfo acomoda la última entrega del día en el fondo del pequeño baúl de su ¨Yamaha DT ¨ y coloca los sobres y demás encargos encima. Los porteros le ofrecen un tinto. Rodolfo no lo acepta y agradeciéndoles afirma su mano derecha sobre el acelerador. El portero entiende el mensaje y se apresura a levantar la vara.

Mientras Rodolfo atraviesa la ciudad desde el extremo más norte de Bogotá, planea el recorrido del día. Primero el San Bartolo en el centro.

- por la séptima o la autopista.

 

Se decide por la segunda. Calcula llegar a las 8:00 a.m.; dejará la motocicleta en la 6º con 12 para luego poder desayunar en el restaurante de Giraldo, paisa de nacimiento y rolo de corazón.

Luego, consignación en Colmena de la Jiménez con 7º, donde tiene que recomendarle la moto al celacho pues no hay parqueadero.

Después buscará la Av. 19 y le dará la espalda al sol mañanero hasta tocar la carrera 30 para terminar ahora en la U. Nacional. Luego la Hemeroteca, un poco más cerca y, después, la Embajada Alemana. Cerca del mediodía y con un poco de suerte logra entregar un sobre en el centro 93.

Conforme con lo logrado en la primera mitad del día. Rodolfo almuerza en el restaurante de Doña Vicky de la 14 con 92 donde ya lo conocen y hasta le fían.

Cerca de las 4:00 p.m., Rodolfo descubre complacido que sólo le falta un paquete por entregar. Es la entrega más importante del día: ¨Dr. Holger Pahde TenKate. Biblioteca el Tintal¨.

-               Está en una reunión.

Se desocupa en media hora (dice la secretaria de acento valluno). Si quiere déjelo o vuelva mañana.

-               Mejor yo lo espero ...puedo dar una vuelta mientras

tanto?

-               Sí, claro

 

Ahora Rodolfo escarba curiosamente entre los estantes del segundo piso. Le parece muy extraño que el espacio de la biblioteca tenga una atmósfera tan industrial y acogedora a la vez.

Pasa su mano derecha lentamente sobre el lomo de los libros, hasta que en un momento su tacto le incita a tomar uno de ellos. Rodolfo esboza una ligera sonrisa al pensar en la fuerza que tiene el lenguaje de los dedos. Es un libro muy viejo, tiene esa fragancia extraña que sólo tienen los libros viejos. La tapa es de cuero con dibujos en letras doradas, al igual que los bordes de cada página. Se adivinan tres cintas rojas que asoman la punta por un borde. El título: ¨ La Princesa sin reflejo ¨. Rodolfo abre el libro movido por una extraña curiosidad. Lo acerca a su rostro y lo vuelve a oler, esta vez lenta y profundamente.

Se incorpora luego de un momento y comienza a leer. El libro cuenta la historia de una princesa que víctima de un hechizo ha sido condenada a vivir eternamente sola en un gigantesco castillo con la imposibilidad de poder volver a ver su reflejo en espejo alguno. La princesa entonces se dedica a deambular sin descanso por los corredores y escalinatas del castillo - cargando en una pequeña mochila de lana un pequeño libro y varias hojas de papel de colores - tratando de encontrar cualquier motivo para vivificar su desolada existencia.

-               Que triste forma de vivir.

Interrumpe una voz cálida y tranquila.

Rodolfo entre sorprendido y asustado contesta:

-               Usted de verdad cree que ella está triste?

-               Ohh, claro que lo está, la soledad es muy triste cuando pasa de ser un estado del alma a convertirse en el alma misma.

La mujer que ahora Rodolfo contempla con más detalle es hermosísima. Sus cabellos rojizos y ensortijados caen suavemente sobre sus hombros desnudos. Su cara es limpia y graciosa. Tiene su mirada el brillo de los ojos de un niño ingenuo que acaba de cometer una travesura y no quiere ser descubierto y su voz es como una estocada de energía en el centro del pecho.

Ella deposita un pequeño libro en el estante.

-               pero dicen que la soledad permite encontrarse con

uno mismo, replicó Rodolfo extasiado por la belleza de la mujer

-               Es sólo un primer paso - contesta -; para aprender a

conocerse a sí mismo es necesario reconocerse en los demás, de lo contrario no existiríamos.

Rodolfo se sintió fascinado por las palabras de aquella mujer, tanto que ni el mismo podía articular una sola en este momento. Así que se vino ahora un silencio prolongado y extraño. Extraño porque no resultaba incómodo. Por el contrario era un silencio placentero  y exquisito. Parecía que los dos lo disfrutaran por igual.

En este instante una voz algo lejana interrumpió aquel trance:

-    El Dr. Pahde lo puede atender ahora.

Rodolfo que desvió su mirada hacia la secretaria de acento valluno, cuya espalda desaparecía ahora por el rellano de la escalera, se sorprendió al comprobar que la mujer de cabellos rojos había desaparecido.

Inquieto Rodolfo la buscó inútilmente por la biblioteca hasta que  - un poco cansado - se rindió y busco la oficina del Dr. Pahde  que le aguardaba.

Realizada la diligencia, Rodolfo indagó sobre el nombre de la muchacha de los ojos de papel con los otros trabajadores. Sin mucho éxito regresó al segundo piso por el libro de la princesa. Lo tomó y justo cuando se disponía a marchar, vio un pedazo de otro libro que se asomaba tímidamente entre los demás. Recordó entonces que la mujer con quien había hablado antes lo había colocado en ese lugar. ¨Origami¨, era el título del pequeño libro y Rodolfo ansioso buscó el tarjetero en la segunda solapa y pudo descubrir su nombre: ¨G. Cristina S. P. Di R.¨.

Tomó los dos libros, firmó el tarjetero, se despidió de la secretaria y luego, montado sobre su Yamaha, volaba pensando en Cristina, la mujer con cabeza de fuego fatuo y voz de leño ardiendo. Mañana volvería a buscarla, volvería por ella. Sería capaz de decirle lo hermosa que era y lo mucho que la amaba. Sí, la amaba. Rodolfo había estado buscando a esta mujer por mucho tiempo. La veía en las calles, en los semáforos, en los andenes, la veía en las fuentes del Parque Nacional jugando con los niños, caminando alrededor del poliedro de Maloka y tomando fotos a los turistas que de paso también se enamoraban de su mirada juguetona, la veía trepada en la cima de las vigas circulares del Chorro de Quevedo contándole cuentos  a las estatuas de piedra. Sencillamente la veía en todas partes, no porque Cristina fuera omnipresente, sino porque ella, Cristina, estaba tatuada en el arco de sus ojos; sólo que antes la tenía tan cerca que no la podía ver, ahora que la había contemplado de lejos podía comprenderlo todo.

Rodolfo que era un tipo muy tímido siempre había sentido miedo de no encontrar a la mujer de sus sueños, pero aún más de encontrarla y no ser capaz de decirle cosa alguna. Así que la enfrentaría y le diría todo lo que había querido decirle toda su vida.

Al día siguiente, Rodolfo centelleaba por las calles capitalinas. Quería terminar rápido. Había preparado su discurso toda la noche frente al espejo y estaba listo.

El almuerzo lo cogió en Chapinero. Conocía un pequeño restaurante diagonal al Parque De Lourdes.

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