Melancolía


Se quejaba el instrumento gimiendo las penas de su amo. Lloraba, y su lamento se ampliaba por las calles vacías y mojadas y por las ventanas se filtraba como fino polvo de aserrín. La gente, inquieta, percibía su sollozo y un estremecimiento, apenas perceptible, inundaba sus espíritus como presagiando algo, más, no sabían qué.
Hasta que un día le encontraron en su casa, la guitarra callada y él exánime.
Nadie supo que funesto pájaro pudo anidar en el corazón de aquel hombre de mirada triste y pelo níveo.
Al paso del tiempo, alguien volvió a la casa y encontró la guitarra; yacía sobre una silla y estaba vieja y repleta de polvo. Cuando trató de asirla se deshizo, desintegrada por la carcoma, y el aserrín que de ella fluyó se fue esfumando raudamente por cada resquicio de la casa hasta no quedar nada.
Después, ya en las calles vacías y mojadas, surcó el aire como movido por un suspiro, - acaso el de su amo muerto-, y se introdujo por las ventanas de los hogares del barrio.
Llantos lastimeros y sollozos tristes se oyeron en todas las viviendas aquella noche y todos supieron que lloraban porque la soledad les había invadido el alma. Pero no entendieron por qué. 

Entusiasmo

Miles de chispas multicolores bordean tu cuerpo como mariposillas alocadas. Andas con una levedad celestial, jubilosa, como si apenas tocases el suelo con tus pies.
Tus ojos resplandecen y la aurora aparece en ellos, esplendorosa y flamante, dispuesta a enseñarte el nuevo día colmado de dones.
Tu sonrisa es radiante, tan ilusionada que contagias al mundo entero y todo te parece maravilloso.
No sé cuál es ese sentimiento tan sublime del que gozas pero es hermosísimo.
Pudiera llamarse felicidad si no fuera porque siempre está en ti, innato y perpetuo. Pero no debe de ser ella porque dicen que la felicidad no existe.

Rencor

Fue consumiéndose y tornándose su cara aguzada y amarillenta y Martita comprendió que su madre languidecía de pena desde que su padre ¡mal nacido!, las había abandonado. Y mamá fue adquiriendo cada vez más el aspecto de una mantis y se pasaba las horas sentada en la cama, con las escuálidas manos en posición de súplica, mientras Martita maldecía a su padre que las había dejado y lloraba de pura rabia e impotencia.
Un día apareció padre en la puerta, —según dijo había vuelto para recoger unos papeles que necesitaba— y mamá levantó la cabeza y su rostro se iluminó al verle, le preparó un rico estofado y él se quedó esa noche a cenar, abrumado ante tanto agasajo.
A la mañana siguiente, Martita entendió, al ver a su progenitor tieso sobre la cama y con los ojos terriblemente abiertos, que, en realidad,  no era la pena sino el resentimiento quién tiene forma de mantis.

Juntos de recreo
A amor le descubrí en el interior de la nívea rosa de un enorme rosal; en ese mismo instante un enamorado se fijaba en la flor y la desprendía para confiársela a su amada.

Tristeza se hallaba tras una sombría nube de invierno.Odio se sulfuró cuando fue manifiesto en los ojos de Don Héctor, el tirano alcalde del pueblo. Encontré a Alegría columpiándose en el sonido de la risa de una niña que jugaba. Deseo se ocultó en los carmesíes labios de Carmela; le sorprendí cuando una vehemente boca varonil se unía con ímpetu a los labios femeninos.

Compasión se había hilvanado entre las líneas de la mano temblorosa de una mendiga que limosneaba a la puerta de una iglesia. Miedo permanecía velado entre las sombras de los cipreses del cementerio. Desconfianza se ocultó bien en el corazón de un marido celoso y Simpatia se fusionó en la grata charla de dos amigos. Ilusión se había diseminado entre las páginas del cuento "Las mil y una noches".

Indiferencia, ni siquiera quiso jugar con nosotros al escondite. Y yo, Entusiasmo, me apasioné sobremanera con el esparcimiento. Mañana jugaremos otra vez.

 

Por: Dori Siverio Fumero.