15 de Septiembre, 2007, 12:46: La DirecciónGeneral




Bueno, bueno, a pesar de las crueles estadísticas - se calcula que un blog casi nunca llega al año y menos un blog literario - caelanoche está a punto de apagar su primera vela.

Pero como somos conscientes que el uso y el abuso del cigarrillo nos tiene los pulmones hechos polvo, decidimos pedir la ayuda de nuestros colaboradores para celebrar nuestro primer cumpleaños y tener fuerza para soplar la maldita vela.
Así que los invitamos a esta nueva locura, les proponemos construir un relato breve a partir del siguiente suceso:

Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad,cuando salíamos de un bar...

¿A que les entró curiosidad?
Nosotros pensamos igual. El buzón - guiogla@hotmail.com - está con la boca abierta, ansioso de recibir sus creaciones.


La Dirección


15 de Septiembre, 2007, 12:35: Charo GonzálezHablando de...



"Escupe la cáscara de la pipa, después de quitarle la sal no vale nada."

"En nuestro empeño de permanecer cuerdos perdemos momentos de preciosa locura."

"Olor de galletas caseras en los hornos, café humeante, sentidos llenos de esperanza, llenos de fragancias."

"Si diese una patada sin romper ningún alma…. ¡lo haría!"

"La superioridad se la damos nosotros mismos dando cancha a sus conversaciones egocéntricas."

 

Por: Charo González
15 de Septiembre, 2007, 12:31: Selváticaminirelatos

El amor es un poro erizado irguiéndose ante su aparición, elevándose hasta formar un ejercito de pequeños montículos sobre los cuales el bosque del vello apenas deja traslucir los últimos rayos del sol.

Los vellos ondean con la brisa, se inclinan hasta tocar la piel para, instantes más tarde volver a levantarse orgullosos y satisfechos, henchidos de emociones, olores y sabores. En ese fugaz instante, la naturaleza muestra su magnificencia, sí, es sólo un instante, pero con ese recuerdo llenamos todos los años de nuestras talas desenfrenadas.

Por: Selvática
15 de Septiembre, 2007, 12:11: GladysGeneral


¡Ya! éste es el momento. No puede dudar más.

Incorporó un poco la cabeza y no lo vio por allí, tomó aliento, se relajó y empezó a despegarse de la página. Se deslizó por las patas de la mesa, empezó a arrastrarse sobre el piso hasta salirse por debajo de la puerta. Miró la calle. Los árboles, la amplitud de la avenida le regocijaba el alma. Debería salir a la calle más a menudo. ¿Por qué no lo hacía en vez de conformarse con dormir tanto?

Pensó en él, a esa hora estaría mirando el techo angustiado; los restos de comida, esparcidos por el suelo, yacerían junto a los libros, las colillas de cigarrillos o sus esqueletos chamuscados ofrecerían a sus labios ansiosos un último placer. Ella, entretanto retardaba el momento de volver. La calle la retenía, la embrujaba, podría caminar la noche entera de arriba abajo y no se cansaría de esa imagen, de esos aromas, de las luces y el aire que bailaba ante sus fosas nasales. Uno debería alimentarse de calles, saborearlas, deglutirlas una y otra vez.

Él, debe haberse cansado del techo y ahora estará boca abajo, oprimiendo su sexo contra las sábanas sucias, quizás me eche de menos.

Se detuvo debajo de la farola para bañarse con su luz. Encendió un cigarrillo. Un cigarrillo entero - pensó -  y no las colillas de él. Deja que la ducha de luz la ilumine mientras  paladea el humo. Con la punta de los dedos contempla el filtro amarillento, luego, iba a tirarlo a la calle pero se avergonzó de darle ese destino a las cenizas de su placer. Se agachó y lo dejó en un rincón al lado del andén.

Caminó unas cuantas cuadras, los letreros luminosos eran menos frecuentes y su silueta ya se bañaba de luz, ya se sumergía en la oscuridad de la calle. Las piernas obedecían gozosas, casi agradecidas por ese paseo nocturno. Que diferencia. ¡Esto es vida! ¿Cómo pudo pasar tanto tiempo atrapada en esa página? Es verdad que a veces esa situación le daba la oportunidad de escuchar ciertas aventuras,  ciertos diálogos que lograban traspasar la barrera de lo convencional y se le metían en los recovecos de su cerebro. Entonces agradecía esa inmovilidad y se olvidaba de los calambres y de la voz del hombre.

Caminó y le pareció que revivía, que alguien caminaba a su lado, que alguien le susurraba al oído que estaba linda esa noche, que ya no estaría nunca más sola.

Buscó una cafetería, un bar, algún sitio donde pudiera sentarse y calmar ese fuego que la desasosegaba. Casi corrió por la calle, su mente repasaba los detalles de todo lo que sentía en esos momentos para no olvidar nada. Era imperioso que grabara cada una de esas emociones, cada temblor de la piel, cada pelo erizado, cada estremecimiento, cada roce de sus piernas… todo debía quedar guardado tal y como lo había sentido. Antes de que él…

La mano de él oprimió la tecla supr. Inmediatamente su imagen desapareció de la pantalla. Nadie supo jamás de ella.

 Por: Gladys

15 de Septiembre, 2007, 12:02: ÁgataUn libro para ti


El vagón de las mujeres
Autor: Anita Nair
Santillana Ediciones Generales

El avance de las comunicaciones ha abierto una ventana desde la cual los occidentales hemos podido husmear a ese otro mundo que duerme mientras nosotros estamos despiertos. Gracias a la inmigración se nos han llenado los ojos de lágrimas al probar el picante de la comida hindú, o sentido en el paladar el crujido de insectos deliciosamente tostados, o hemos pasado noches en vela intentando profundizar en las religiones orientales. ¿Quien se resiste a la majestuosidad de las mujeres africanas, al colorido de los Saris usados por las indias, a los complicados recovecos de un cabello peinado a la japonesa? La comida, el vestido, la religión, las costumbres que llamamos exóticas nos llevan a tomar una posición: nos gustan o no. Estamos de acuerdo o no. Los admiramos o los detestamos. Pero nunca nos son indiferentes porque detrás de todo eso descubrimos a seres humanos que igualmente buscan su razón de ser, en eso somos iguales y no hay color de piel que sea ajeno a ello.

Y de ellos precisamente nos habla Anita Nair en su libro el vagón de las mujeres. En él, la autora nos hace viajar en un tren que atraviesa la India, nos mete en un compartiendo en el que viajan seis mujeres durante toda una noche, ocasión que ellas aprovechan para hablar libremente de sí mismas buscando un objetivo único: Ser escuchadas. Cada una deshilacha su mundo, su familia, su hogar, su dependencia de un entorno regido por los hombres, ya sean esposos o familiares, sus deseos y esperanzas; en últimas la búsqueda de su propia razón de ser.

Y en esa búsqueda andamos todos los seres humanos, hombres y mujeres, no importa que luzcamos un sari o un kimono o un jean y una camiseta, lo externo pierde relevancia, se deja de pertenecer a una raza, a unas costumbres, para ubicarse en un plano más universal: el de ser humano, el de hallar la propia voz que sale de las entrañas y que pueda llegar a reconocerse como propia.

Por: Ágata

 

 

 


15 de Septiembre, 2007, 10:50: Carolina GranadosHablando de...


La eterna lucha entre la razón y la pasión. Esta última como la máxima expresión de lo que es, pero no debería ser. Este es el dilema que se plantea en mi mente al pensar en la importancia de tener, en el caso de mi historia, a la persona exacta en el momento exacto de la vida. Ese momento en que pareciera que todo y todos se pusieran de acuerdo para que dos personas se unan y emerja lo que llamamos “amor”. Imagino que todos ustedes han sentido esto; todos en algún momento de la vida lo hemos sentido. Mi historia no es muy particular pero para mi es la mas intensa, confusa, gratificante pero a la vez dolorosa; en realidad son muchas historias creando una sola.
Sería un error de mi parte comenzar desde el principio. Me extendería y los llenaría de sentimientos encontrados. Esa es la idea en realidad, pero es corto el tiempo y el espacio de estas páginas. Así que comenzaré por hablar de las más relevantes generalidades.
Se siente como si se nos muriera alguien, como un ahogo y un nudo en la garganta que aprieta tan fuerte que apenas podemos respirar. Así es cuando no podemos hablar, cuando no podemos decir: “me voy contigo, muero contigo”. Solo queda un espacio en silencio, un espacio muerto, que ni la conciencia, ni la razón, ni la palabra misma, son capaces de explicar.
“Yo soy quien soy”, “yo soy el que soy” Con estas palabras Dios aparece como la subjetividad absoluta, dice Morin en su texto. Suponemos entonces, que Él es la verdad absoluta. La pregunta que se me viene a la mente es: ¿cómo nos explica Él ese suceso intenso de la vida? Como cuando se paró frente a mí ese sujeto que me movió el mundo con tal fuerza que casi caigo rendida a sus píes desde el primer día. Yo no creo que Él pueda decirme ¿por qué siendo yo una persona racional, con todas las aptitudes y cualidades intelectuales del caso, no logro poner freno a algo que sé que me hace daño? Con esto no intento poner en duda el poder de un Dios que para mi es un Todo, solo refuto que no ha puesto las herramientas necesarias entre Él y yo para poder entenderlo. Talvez sólo busca que sea yo quien las encuentre y eso hago todos los días de mi vida, tratar de encontrarle un sentido a las eternas preguntas que sé que más de mil veces han escuchado o pronunciado: ¿Por qué, para qué, cómo, dónde y de quien enamorarse? Eso lo aprenderemos en el camino, es la tarea para la vida. Sabemos que nos hace daño esta búsqueda, pero sin importar, nos arriesgamos a vivir lo que nos llenará de alegría y dolor solo por saber que no perdimos la oportunidad de sentirlo. Porque sentir es lo que nos mueve, por lo que vivimos, por lo que despertamos cada día.
La pasión y la ley, esa lucha entre estos dos “conceptos”, nunca dejará de atormentarnos. No obstante, “las máquinas humanas, tenemos la  capacidad de auto-repararnos o auto-regenerarnos sin cesar”. Lo importante es aprender a conservar las distancias entre lo que nos hace  bien y lo que nos hace mal. Talvez sea necesario caer en la tentación, vivir la agonía, la angustia, la pasión que nos da el amor, sea por la profesión, la familia, los amigos, cualquier cosa que creé en nosotros algún tipo de bienestar.
En lo personal, tengo la concepción de que para ser feliz hay que sufrir un poco, sino, no sería una felicidad completa. Tendremos en cuenta aquí, la noción de sujeto que nos presenta Morin en su texto: ésta supone la autonomía-dependencia del individuo. Nuestra tarea es identificar hasta qué punto somos capaces de ser autónomos y en que momentos necesitamos depender de alguien.
Desde que nacemos, nos vemos envueltos en el mundo de los aciertos y los errores, de eso se trata la vida. Errar ahora para acertar en el futuro. “Ya llegara tu hora” me decía alguien hace poco. Y se que llegara… la hora en que se encuentre la persona exacta en el momento exacto y con todo a nuestro favor; la hora en que la insuficiencia del alma será llenada por esa persona que podrá complementarme y podré pronunciar las palabras del ya tan citado filósofo y sociólogo: “seremos nosotros, aún siendo otros”. Sin necesidad de renunciar a lo que es natural; poder dejar que el agua corra sin llevarse los pedazos de nuestro corazón.
Espero que entre líneas, como dice mi canción, esté deseando lo que ya tengo pero no he querido ver; espero que la conclusión que expuse en estas últimas, sea lo que vivo ahora pero no he sabido apreciar. De eso se trata la vida de sentir sin ver… es la idea y el mensaje que quiero dejar: no miremos tanto, nisiquiera escuchemos. Sintamos pero pensando en lo que sentimos, sintiendo lo que pensamos. Rompiendo con las nociones que nos presentan a diario los grandes sabios de la vida cotidiana. Esos mismos que dicen ser sabios sin sentir… grave error.

Tomado de:

  • “Agua” de Jarabe de Palo.
  • “La Noción de Sujeto” de Edgar Morin.
Por: Carolina Granados
15 de Septiembre, 2007, 10:28: Ricardo Báez GonzálezGeneral

Transcurría la mañana del catorce de abril; el sol se encontraba oculto por dos nubes grises que en cielo se besaban, pero sin embargo generaba un calor sofocante, que se inmiscuía entre las persianas del apartamento de Simón. La sábana se encontraba en la parte baja de la cama, acoplada a su pierna izquierda, dejando descubierto el resto del cuerpo. La esquina del cuarto, justo antes de la puerta, era el único sitio que permanecía frío y oscuro. Dos movimientos espasmódicos y se encontraba sentado en su cama con la cabeza agachada y ocultando el rostro con sus pesadas manos, los pies descalzos acariciaban la lisa y fría madera.
El camino al baño fue más difícil de lo que se suponía; sin encontrarse totalmente despierto, palpaba las paredes, construyendo el camino en su mente. Una mirada endeble hacia el espejo para comprobar su existencia; se preparaba para su habitual rito de acicalamiento. La afeitadora cruzaba los surcos de la barba trasnochada en forma ondular, arrastrando consigo el jabón; a cada movimiento le seguía una sacudida de tres golpes sobre el aguamanil, inundado de jabón y agua con el grifo al máximo.
Afuera se oían gritos extraños, al principio parecía un mujer pidiendo auxilio, después un niño invocando a todo plumón a su madre; solo se dio cuenta que eran los ladridos de un perro píncher cuando levanto las persianas, para recibir el sol que separaba las dos nubes lesbianas. Preparó su traje gris para acudir a la cita donde sería cruelmente masacrado por una daga, escondida en forma de crucifijo.
Cerró la puerta con llave, percatándose con un empujon leve que hubiese quedado bien cerrada. Empujando la puerta de cristal, lo golpeó la brisa que arrastraba talegos y hojas secas por el corredor de la calle. Caminó acurrucado con las manos en el bolsillo, rozando con las yemas de sus dedos, los cigarrillos y las llaves.
En el restaurante Pasta Rosso Sangue se encontraba Dalila esperándolo; miraba su reloj, con la palma extendida y la muñeca frente a su nariz, de forma mendiga. Abrazaba su cartera, comprobando que traía el crucifijo. Le pidió al mesero una agüita de hierbas mientras destapaba su valeriana. Más allá las palomas despelucadas de la Plaza Núñez, se peleaban por un trozo de almojábana que les lanzo un pequeño. A cada abierta y cerrada, de las puertas de la cocina, se escapaba un humo frágil con olor a spaghetti y  boloñesa. Los cocineros escupían un plato de ravioles de una señora que había pedido que se lo cambiaran. Dalila intentó prender un cigarrillo, pero fracasó al comprobar que su mechero se encontraba vacío.
Simón doblaba la esquina, para introducirse en el Parque los vendedores, a dos cuadras de la Plaza Núñez. Caminaba rápido, con afán, saltaba los charcos que habían tras el aguacero de la noche anterior. Se preparaba para recibir su cometida.
NO, UN MOMENTO, NO QUIERO IR....Se preparaba para recibir su cometida... YA ME OISTE, NO VOY A IR; Por favor, ¿qué estas haciendo? NO VOY A IR A UN LUGAR A QUE ME ASESINEN. Eso no lo decides tu, eso lo decide el autor, además yo soy un narrador omnisciente, por si no sabías, lo más cercano a Dios; no puedes evitar tu muerte. NO IRE, NO ME MOVERE. ¿Quieres apostar?; con dos simples palabras, yo te puedo asesinar. PERO ¿POR QUÉ DEBO MORIR? es simple, el autor ha proclamado tu muerte como única solución al conflicto, si no mueres, esta historia nunca terminaría. NO ES JUSTO. Ya basta de alegatos ahora muévete. Caminó tres pasos cruzándose entre los vendedores hasta llegar a la esquina. NO PUEDES HACERME MOVER, ya lo hice ¿no? PUDRETE. Jajaja...miró hacia el cielo, levantó sus dos piernas en un movimiento estúpido, cayendo de bruces sobre un charco. Jajaja; no puedes pelear con un narrador omnisciente. ACASO ¿TU PUEDES HACER TODO?; A VER GOLPEAME, GOLPEAME. Jajaja ¿ahora me estas retando?... como quieras. El movimiento fue rápido pero fuerte, sintió un peso sobre su mejilla haciéndolo retroceder, sin poderlo esquivar se arrastró varios metros sobre el asfalto; cuando se detuvo se intentó recobrar, escupió dos dientes, se pasó su mano para tomar compostura de nuevo, mientras sentía el pómulo ardiente. Ahora sí, es mejor que vayas y mueras en las manos de Dalila con el crucifijo que ella esconde en la cartera. GRACIAS, ¿Qué dices?; GRACIAS, AHORA SOY LIBRE, UN NARRADOR OMNISCIENTE NO PUEDE INTERACTUAR CON SUS PERSONAJES, MUCHO MENOS GOLPEARLOS, EN ESTE MOMENTO ERES UN NARRADOR-PERSONAJE. LA VERDAD NO SÉ QUIEN SEAS, NI ME IMPORTA, PERO YA NO PUEDES VOLVER A SER OMNISCIENTE, PUES ME GOLPEASTE, TRASTOCASTE LA HISTORIA; TE CONVERTISTE EN PERSONAJE.
¿Qué demonios haces? Eso no puede ser cierto. Se limpió su traje, sacó un cigarrillo y lo prendió. DILE A TU AUTOR DE PACOTILLA, QUE MORIRA SIENDO UN COMPLETO FRACASADO. ¿a dónde crees que vas?, no puedes hacerme esto, debes ir a morir en el Pasta Rosso Sangue para dar fin a la historia. Lo vi alejándose calle arriba, dejando que su humo se perdiera con el viento que golpeaba esa mañana, justo antes de girar por la calle San Fermín, exhaló fuertemente, frunció sus labios, y señaló con el dedo anular hacia el cielo.

 

Por: José Ricardo Báez González