El amor es un poro erizado irguiéndose ante su aparición, elevándose hasta formar un ejercito de pequeños montículos sobre los cuales el bosque del vello apenas deja traslucir los últimos rayos del sol.

Los vellos ondean con la brisa, se inclinan hasta tocar la piel para, instantes más tarde volver a levantarse orgullosos y satisfechos, henchidos de emociones, olores y sabores. En ese fugaz instante, la naturaleza muestra su magnificencia, sí, es sólo un instante, pero con ese recuerdo llenamos todos los años de nuestras talas desenfrenadas.

Por: Selvática