La eterna lucha entre la razón y la pasión. Esta última como la máxima expresión de lo que es, pero no debería ser. Este es el dilema que se plantea en mi mente al pensar en la importancia de tener, en el caso de mi historia, a la persona exacta en el momento exacto de la vida. Ese momento en que pareciera que todo y todos se pusieran de acuerdo para que dos personas se unan y emerja lo que llamamos “amor”. Imagino que todos ustedes han sentido esto; todos en algún momento de la vida lo hemos sentido. Mi historia no es muy particular pero para mi es la mas intensa, confusa, gratificante pero a la vez dolorosa; en realidad son muchas historias creando una sola.
Sería un error de mi parte comenzar desde el principio. Me extendería y los llenaría de sentimientos encontrados. Esa es la idea en realidad, pero es corto el tiempo y el espacio de estas páginas. Así que comenzaré por hablar de las más relevantes generalidades.
Se siente como si se nos muriera alguien, como un ahogo y un nudo en la garganta que aprieta tan fuerte que apenas podemos respirar. Así es cuando no podemos hablar, cuando no podemos decir: “me voy contigo, muero contigo”. Solo queda un espacio en silencio, un espacio muerto, que ni la conciencia, ni la razón, ni la palabra misma, son capaces de explicar.
“Yo soy quien soy”, “yo soy el que soy” Con estas palabras Dios aparece como la subjetividad absoluta, dice Morin en su texto. Suponemos entonces, que Él es la verdad absoluta. La pregunta que se me viene a la mente es: ¿cómo nos explica Él ese suceso intenso de la vida? Como cuando se paró frente a mí ese sujeto que me movió el mundo con tal fuerza que casi caigo rendida a sus píes desde el primer día. Yo no creo que Él pueda decirme ¿por qué siendo yo una persona racional, con todas las aptitudes y cualidades intelectuales del caso, no logro poner freno a algo que sé que me hace daño? Con esto no intento poner en duda el poder de un Dios que para mi es un Todo, solo refuto que no ha puesto las herramientas necesarias entre Él y yo para poder entenderlo. Talvez sólo busca que sea yo quien las encuentre y eso hago todos los días de mi vida, tratar de encontrarle un sentido a las eternas preguntas que sé que más de mil veces han escuchado o pronunciado: ¿Por qué, para qué, cómo, dónde y de quien enamorarse? Eso lo aprenderemos en el camino, es la tarea para la vida. Sabemos que nos hace daño esta búsqueda, pero sin importar, nos arriesgamos a vivir lo que nos llenará de alegría y dolor solo por saber que no perdimos la oportunidad de sentirlo. Porque sentir es lo que nos mueve, por lo que vivimos, por lo que despertamos cada día.
La pasión y la ley, esa lucha entre estos dos “conceptos”, nunca dejará de atormentarnos. No obstante, “las máquinas humanas, tenemos la  capacidad de auto-repararnos o auto-regenerarnos sin cesar”. Lo importante es aprender a conservar las distancias entre lo que nos hace  bien y lo que nos hace mal. Talvez sea necesario caer en la tentación, vivir la agonía, la angustia, la pasión que nos da el amor, sea por la profesión, la familia, los amigos, cualquier cosa que creé en nosotros algún tipo de bienestar.
En lo personal, tengo la concepción de que para ser feliz hay que sufrir un poco, sino, no sería una felicidad completa. Tendremos en cuenta aquí, la noción de sujeto que nos presenta Morin en su texto: ésta supone la autonomía-dependencia del individuo. Nuestra tarea es identificar hasta qué punto somos capaces de ser autónomos y en que momentos necesitamos depender de alguien.
Desde que nacemos, nos vemos envueltos en el mundo de los aciertos y los errores, de eso se trata la vida. Errar ahora para acertar en el futuro. “Ya llegara tu hora” me decía alguien hace poco. Y se que llegara… la hora en que se encuentre la persona exacta en el momento exacto y con todo a nuestro favor; la hora en que la insuficiencia del alma será llenada por esa persona que podrá complementarme y podré pronunciar las palabras del ya tan citado filósofo y sociólogo: “seremos nosotros, aún siendo otros”. Sin necesidad de renunciar a lo que es natural; poder dejar que el agua corra sin llevarse los pedazos de nuestro corazón.
Espero que entre líneas, como dice mi canción, esté deseando lo que ya tengo pero no he querido ver; espero que la conclusión que expuse en estas últimas, sea lo que vivo ahora pero no he sabido apreciar. De eso se trata la vida de sentir sin ver… es la idea y el mensaje que quiero dejar: no miremos tanto, nisiquiera escuchemos. Sintamos pero pensando en lo que sentimos, sintiendo lo que pensamos. Rompiendo con las nociones que nos presentan a diario los grandes sabios de la vida cotidiana. Esos mismos que dicen ser sabios sin sentir… grave error.

Tomado de:

  • “Agua” de Jarabe de Palo.
  • “La Noción de Sujeto” de Edgar Morin.
Por: Carolina Granados