28 de Septiembre, 2007, 12:11: SelváticaAlaprima

Abro la caja de música que me encontré una madrugada...

MB baila con una mujer fea. él es hermoso, tiene ritmo, sus movimientos son muy sensuales. Ella en cambio baila mal, se mueve torpemente.

Yo siento envidia, quisiera ser yo la que baile con MB, yo si que sabría seguir todos sus movimientos, pero él no me ve. 

Mi marido toca en la puerta. Yo escondo rápidamente la caja debajo de la cama, ella es la prueba de que una madrugada...

Por: Selvática

28 de Septiembre, 2007, 11:56: SelváticaHablando de...

Dirección y guión: Peter Greenaway.
Año: 2003.

"Las maletas de Tulse Luper" cubre unos sesenta años de historia reciente, desde 1928 cuando el uranio fue descubierto, a la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría en 1989. Tulse Luper (J.J. Feild) un escritor y artista, está atrapado en una vida de cárceles. Hay un total de dieciséis cárceles en la historia empezando en el sur de Gales, cuando Luper tiene 10 años. Doce años más tarde, en 1938 en Moab, Utah, Luper es arrestado por su contacto con una familia americano-alemana que está a punto de viajar a Europa para hacer negocios sucios en la Segunda Guerra Mundial. Cuatro miembros de esta familia, tremendamente fascinados con Luper, actuarán como sus carceleros alrededor de Europa durante los próximos diez años. En los años de la Guerra Fría es encarcelado en Moscú y Siberia, antes de aparecer en Hong Kong y Kyoto. En los 80 Luper fue visto aparentemente en Beijing y en Shangai. Fue visto por última vez en el desierto de Manchuria. Luper aprende a usar su tiempo en prisión, escribiendo en las paredes de la cárcel, inventando proyectos en literatura, teatro, cine y pintura, y maquinando con sus carceleros todo tipo de tramas, proyectos y aventuras. Parece que los carceleros eran a su vez prisioneros de sus prisioneros. Esta conexión entre carcelero y prisionero permite todo el proyecto. A medida que la reputación de Luper como escritor y artista crece, su persona se convierte en más ficcional. En varias ciudades europeas se producen conferencias y exposiciones sobre Luper. Los objetos centrales expuestos de muchas de las exposiciones y conferencias son piezas de una colección de 92 maletas -92 siendo el número atómico del uranio- maletas con las que Luper ha estado supuestamente asociado en sus viajes, prisiones y aventuras. A través de los años, las maletas salen a la luz alrededor del mun-do. En la última noche de la definitiva Exposición y Conferencia sobre Tulse Luper en Nueva York, la más esperada maleta de Luper -la maleta 92- es abierta...

TLB.

28 de Septiembre, 2007, 11:35: Rafael CalmaestraGeneral

-Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar... ¿La pueden ver todos?

Algunos chicos del final alzaron los cuellos, mientras otros reprimían un bostezo primigenio.

-SI la observan bien, se darán cuenta de que está desgarrada por varios sitios. ¿Ven el color? Hace años debió ser gris; ahora nadie podría asegurarlo fehacientemente.

El profesor la tumbó sobre la mesa con violencia. El golpe retumbó por todo el aula y terminó de despertar a los que aún dormitaban.

-¿Alguien puede decirme qué clase de cerrojo es éste? –dijo, señalando un oxidado broche que unía la tapadera con la base.

Algunas manos se alzaron con timidez. El profesor eligió una extraordinariamente pecosa.

-Parece un... Smith-Carabo –contestó el alumno.

-Exacto. ¿Por qué lo ha sabido?

-Por la ranura invertida –contestó con rapidez.

-Muy bien. ¿Cuál es su nombre?

-Daniel Amor de Dios –respondió solícito.

-Señor Amor, ¿quiere salir a la tarima?

Un murmullo se abrió paso entre la clase. El alumno, pelirrojo, bajo, de pies extrañamente grandes embutidos en zapatos acharolados, comenzó a bajar desde su pupitre. Los demás chicos lo miraron bufando improperios.

-¡Basta! –exclamó el profesor-. Aquí, hijo.

Los dos se encontraron sobre la tarima. El profesor, señor Ruso, lo esperaba con expresión cansada, tras la enorme pizarra negra donde todos los días se dibujaban los diagramas. Sus cejas puntiagudas le daban el aspecto de vampiro viejo que todos comentaban siempre.

-¿Quiere abrirla? –le preguntó a su alumno. El chico sintió un escalofrío.

-¿Yo? ¿Y qué habrá dentro? –preguntó sin pensar; pronto las risas estallaron en toda su amplitud.

-¡Silencio! Vamos, Señor Amor –dijo poniendo los brazos en jarras-, pensaba que sabía de lo que estábamos hablando. Recapacite. ¿Qué puede haber dentro?

Daniel intentó concentrarse. Pensó en todo lo que había dicho el profesor; una maleta encontrada a la salida de un bar, de madrugada, en medio del invierno, en el centro... pero las risas de sus compañeros le impedían cavilar con claridad.

-¡Silencio he dicho! –volvió a gritar el profesor-. ¿Lo sabe o no?

Daniel tomó aliento antes de contestar:

-Bien –dijo-, por las circunstancias en que fue hallada, el lugar, el tamaño de la maleta y la hora... puede tratarse de dos cosas.

-Ilumínenos.

-Camisas y corbatas de un ejecutivo de la City pasado de copas –contestó carraspeando.

-O...

-O los restos de...

De repente, el silencio se adueñó del aula. Todas las miradas se fijaron en el objeto que descansaba sobre la mesa.

-No hay restos de sangre –objetó un alumno.

-Sí los hay –comentó el profesor, divertido. Con un rápido ademán dio la vuelta a la maleta y una mancha marrón, apenas advertida entre los lamparones que la cubrían casi por completo, hizo acto de presencia-. Su compañero estuvo más atento que usted.

Daniel la miraba contraído. Había oído un ligero golpe cuando el profesor la movió.

-Ábrala –insistió éste.

Respirando hondo, aplicó sus dedos al cerrojo. Cogió uno de los alambres que siempre estaban colocados sobre la mesa, el más grueso, y manipuló el mecanismo de cierre hasta que saltó con un click.

-Ábrala.

Todos lo miraban. Con lentitud, levantó la tapa y mostró el contenido a la clase. Tras unos segundos, los aplausos fueron poblando los pupitres ante el asentimiento satisfecho del profesor.

-Muy bien, Daniel. Siéntese.  

-Señores, señores, calma. Pasemos a otro objeto. Aquí tenemos un tupido abrigo de piel encontrado en los lavabos de la estación central de autobuses, por cortesía del inspector Malandro. ¿Pueden ver todos el bolsillo oculto...? 

Rafael Calmaestra

20.09.07

28 de Septiembre, 2007, 11:18: JimulGeneral

 

Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar la maleta comenzó a moverse levemente. Naturalmente ni le prestamos mayor interés, los 5 tequilas que llevábamos en el cuerpo, era una razón más que sobrada para olvidar ese tipo de cosas fantásticas. Pero impertinente la maleta seguía taconeando con las esquinas metálicas, e incluso lo hacía con más insistencia. Pasmados, y ya completamente serenos, pudimos comprobar como una voz desde el interior pedía ayuda. Cautelosamente nuestros pies se dirigieron hacia la maleta, nuestras temblorosas manos la colocaron en una mesa con mucho cuidado, más que nada por precaución, no por miedo; y la abrieron. Ante sus ojos, apareció un conejo de peluche con una chistera, una varita mágica y un montón de cachivaches mágicos. Luciano, así se llamaba el conejo, lloraba desconsoladamente, porque había sido abandonado por su dueño, un mago tarambana que había perdido hasta su camisa en una partida de pócker. Mi amigo, que es algo impulsivo y un tanto bocazas, le prometió hacerse cargo de él, a cambio Luciano, le enseñaría todos los secretos del Arte de la magia.

Hoy estamos en Washington, en una recepción de la Casa Blanca, vamos a actuar ante una delegación China y el presidente de los EE.UU., es nuestro primer aniversario en el nuevo mundo de la Magia.

 Por cierto, nos hacemos llamar Luciano’s Family, yo soy la partenair, y llevo todo el tema de contratación. Si alguien quiere contratarnos, pregunten por Alma.

Por: Jimul

28 de Septiembre, 2007, 11:06: La DirecciónGeneral

Desde el cielo que cubre a caelanoche han llovido maletas de todo tipo, maletas que se destripan al caer, que están cerradas herméticamente dejándonos intrigados por su contenido, maletas que se deshacen con la lluvia, maletas que traen consigo sus llaves, en una invitación velada para que nuestra curiosidad se sacie o maletas que viajan por Internet como la maleta del viajero de Saramago que reúne algunas crónicas publicadas en varios diarios de Portugal, la maleta del profesor Kai Amos y con la que montó una biblioteca penal institucional, o maletas de seres anónimos en las que sus protagonistas dudan entre colocar dinero negro en una maleta de Sansonite o en la mochila comprada en los establecimientos de todo a un euro; la maleta del poeta argentino Juan Pomponio, lo que se esconde en el forro de una maleta, o el cuerpo de un polizón, la maleta blanca que esconde un cadáver negro, o la maleta que discierne la diferencia entre ésta y las gallinas ficticias, o el miedo que producen los monstruos hermosos que habitan en la maleta, o de tres hombres que deciden robarse la maleta. Maletas, una especie de símbolo universal para celebrar nuestro primer aniversario y que vamos a empezar a desvelar cada semana en estricto orden de aterrizaje. Aún estás a tiempo de enviarnos la tuya. ¡Disfrutadlas!

La Dirección.