Empezamos con el curioso caso de una maleta, encontrada una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar la maleta comenzó a moverse levemente. Naturalmente ni le prestamos mayor interés, los 5 tequilas que llevábamos en el cuerpo, era una razón más que sobrada para olvidar ese tipo de cosas fantásticas. Pero impertinente la maleta seguía taconeando con las esquinas metálicas, e incluso lo hacía con más insistencia. Pasmados, y ya completamente serenos, pudimos comprobar como una voz desde el interior pedía ayuda. Cautelosamente nuestros pies se dirigieron hacia la maleta, nuestras temblorosas manos la colocaron en una mesa con mucho cuidado, más que nada por precaución, no por miedo; y la abrieron. Ante sus ojos, apareció un conejo de peluche con una chistera, una varita mágica y un montón de cachivaches mágicos. Luciano, así se llamaba el conejo, lloraba desconsoladamente, porque había sido abandonado por su dueño, un mago tarambana que había perdido hasta su camisa en una partida de pócker. Mi amigo, que es algo impulsivo y un tanto bocazas, le prometió hacerse cargo de él, a cambio Luciano, le enseñaría todos los secretos del Arte de la magia.

Hoy estamos en Washington, en una recepción de la Casa Blanca, vamos a actuar ante una delegación China y el presidente de los EE.UU., es nuestro primer aniversario en el nuevo mundo de la Magia.

 Por cierto, nos hacemos llamar Luciano’s Family, yo soy la partenair, y llevo todo el tema de contratación. Si alguien quiere contratarnos, pregunten por Alma.

Por: Jimul