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Octubre del 2007
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 9:52.
en Hablando de....
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Vuelven los Héroes del silencio, y con ellos vuelven las mentiras que deciamos para poder ir a sus conciertos, vuelve el cosquilleo en la barriga, el sudor en las manos y esa sensación de que alguien por fin hablaba de cosas que a esa edad, no teníamos valor de decir de frente y en voz alta.
Larga vida a los Héroes.
"Hechizo
No es la primera ver que me encuentro tan cerca de conocer la locura, y ahora por fín, ya sé qué es no poder controlar ni siquiera tus brazos y sientes que están completamente agotados y no entiendes por qué..."
Por: Ágata
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 9:39.
en Hablando de....
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Su genio, la concepción del mundo que tenía en su cabeza
sólo era capaz de llegar al 100% si se expresaba en un lienzo. El sufrimiento
que plasmaba en esos colores más o menos vistosos; más o menos oscuros, quiso
llevarlo a su vida real. Su particular martirio y guerra contra su “yo” más
oscuro, fue arrinconándolo en un mundo del que no pudo escapar. Una noche
primaveral, en la que la ciudad volvía a ponerse bella, ensimismado en sus
propios pensamientos no advirtió las luces de un vehículo que no pudo esquivar
un bulto oscuro al salir de aquella curva. La muerte había jugado ya su baza, y aunque falló por una
milésima, sólo tuvo que esperar pacientemente en aquella residencia llena de
personas a las que no lograba reconocer.
Y llegó un día otoñal en que firmó su parte del trato con Ella. Aún así la
personalidad de aquel ser de aspecto bronco y duro quedará inmortalizado en sus
colores y formas por toda la historia humana.
Murió
un hombre, renace un artista.
Por Jimul
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 9:33.
en minirelatos.
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Recuerdo que alguna tarde mostraste fascinación por unos muy cortos versos que
quise dedicarte, y yo, consciente de la situación, te respondía que no era
virtud del escritor el escribir bien, al tiempo de agregar que quien
se dedicaba a este oficio se ganaba la vida como el más descarado plagiario.
Por qué, me preguntabas, tal vez sorprendida y pareciendo disentir de mi
postura. Yo te respondí, como lo sostengo ahora, que no es virtud mía el plasmar
algunos escuetas oraciones, aún si te llenan de embelezo; yo, como cualquier
otro que se dedique a esta empresa, necesita de una musa, esa que más que
fuente de inspiración, parece conducir por mano propia la pluma sobre el papel
y crear, como fuente de vida, lo más bello de que pueda emerger de la
naturaleza humana. El escritor, por tanto, no es otra cosa que su plagiario. Perdóname por explotarte de esa manera, pues tú, como mi musa, eres la víctima
y a la vez beneficiaria de toda la pureza, nobleza, cariño y dulzura que mi
espíritu, a través de esta prosa, te pueda ofrecer. Tan contradictorio y
hermoso es lo que recorre mis sentires cuando la ternura de tus ojos me hace
estremecer y el fuego de tu mirada me consume en tu figura, que las palabras se
me hacen poco dignas para definir lo que me invade. Me preguntabas qué me
enamoraba de ti y mi voz se ahogaba incapaz de pronunciar tan sublimes
concepciones. Me pregunto ahora cómo hacer para hallar las especificidades;
cómo darle nombre a la admiración por tu lucha, cómo adjetivar lo que me
produce tu ternura, cómo identificar lo que me despiertan tus caricias y cómo
descifrar a lo que me saben tus besos. Si me preguntas qué me une a ti caeré en mil contradicciones antes de que
pierdas el interés en mi respuesta, pues no es conocida, como te lo dije, una
unidad de medida precisa para calificar tal sentimiento. Será inútil seguirlo
intentando, lo sé. Lo único que te pido, y perdona mi descaro, es que me
permitas seguir robándole palabras a todo lo que me inspiras. Permíteme seguir
siendo tu plagiario, mi musa; permíteme seguir llamándome escritor, aunque sea
tan poco plausible mi tarea.
Por Giovanni
González Arango
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 9:25.
en Hablando de....
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"Acompaña
aquel que en silencio entiende las palabras no dichas."
"El
silencio cambia de tonos, tiene música propia en su esencia, acostumbrada a oirle le dejo dedicarme su melodía."
"Cuido las partes de
infinitas partes, pinceladas entre piedras de antiguas batallas. En el tiempo
de árboles desnudos dibujo, con versos, rúbricas de sueños."
"Pasamos
tanto tiempo midiendo en tiempo que vivimos en un reloj."
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"Cuido
las partes de infinitas partes, pinceladas entre piedras de antiguas
batallas. En el tiempo de árboles desnudos dibujo, con versos, rúbricas de
sueños."
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Por: Charo
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 8:25.
en General.
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¡Es
ella! gritó y salió corriendo en su busca. Su amigo se quedó con la mano en el
aire y la boca abierta. Al cabo de unos segundos regresó jadeante y empezó a
balbucear.
-
¡Era ella! Estoy seguro.
-
¿Pero, quién?
- Laura.
Una amiga de la universidad, incluso tuvimos nuestro momento. Recuerdo “el curioso caso de una maleta que
encontramos una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de
un bar…” Al abrir la maleta, sólo había un teléfono. Ella, en medio de su
borrachera se puso a jugar con él. Nos reímos, pues dijo muy seria, que tenía
línea con el más allá. No recuerdo más, pero, no es irónico que después de
tantos años, me la encuentre vendiendo minutos por las calles.
Por: Gladys
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 8:18.
en General.
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Ese
día había sido particularmente malo. La lluvia había lavado el maquillaje, y un
mimo con la cara limpia no gusta a nadie.
Llegó
tarde al comedor comunal y la sopa estaba fría, los compañeros olían a mugre
húmeda. Un día así acaba fatal. Por eso decidió no darle la menor oportunidad a
la vida. Se quedó sentado en la fuente del parque Santander hasta que llegó el
ocaso, vio como las estrellas fueron ocupando su lugar en el firmamento
mientras el culo se le iba adormeciendo; resistió hasta que presintió que la
madrugada estaba pronta a brindarle su bautizo astral. Así que decidió irse a
casa.
Una
calle antes de llegar a su apartamento vio un objeto cuadrado al lado de la
pared, justo bajo la vitrina de una agencia de viajes, engalanada con
impresionantes fotografías de playas paradisíacas.
Ese
es el auténtico paraíso pensó Javier y añoró a su antepasado Adán, mientras la
lluvia le chorreaba por la nariz. Se quedó inmóvil contemplando aquellas playas
por largo tiempo hasta que se le entumecieron los músculos. Un calambre le
obligó a cambiar de posición. Su pie tropezó con el objeto cuadrado: una maleta
metálica. Lanzó una maldición, pero luego, se agachó y la abrió. Contempló un
apetitoso fruto mordisqueado. El estómago rugió de hambre. Supo por qué esa
tarde se había acordado de su antepasado.
Por: Juan
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 8:02.
en General.
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¡Mentiras!
Mentiras de colores, suaves, ásperas, gordas,
delgadas, evanescentes, pesadas como rocas desbordaban una maleta abandonada en
una fría y lluviosa madrugada.
El agua las arrastra por las calles, las
dispersa por plazas y parques, humedece las paredes, desfonda techos y caen en
forma de gotas que se introducen por los orificios de las orejas de los
humanos.
Por: Jako
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 8:00.
en General.
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Cabezas de muñecas. Ojos inmóviles, sin pestañas, sin cejas en los
rostros de plástico. No puedo vivir sin ellas – fue lo que dijo el reo al
jurado – mientras confesaba que todo empezó al encontrar una maleta una
madrugada en una calle solitaria de su ciudad. Él alimentó y cuidó a la niña
con mucho amor, pero fue incapaz de arrebatársela a la muerte.
Por: Dario
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Publicado el 28 de Octubre, 2007, 7:45.
en General.
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Lamentablemente, por inconvenientes técnicos estuvimos varias semanas en un limbo que no nos permitía subir los textos de nuestros colaboradores. Ahora parece que los problemas se han solucionado, lo cual no es una garantía, pues tan misteriosamente como se bloqueó la página, ahora ya nos permite actualizarla. Cosas de la tecnología que, en casos como este, nos deja con una sensación de impotencia muy desagradable.Sin embargo, en tales circunstancias, es cuando se nos aparecen ángeles, aunque sean infernales a echarnos una mano. Gracias amigo por permitirnos usar tu blog para publicar algunos textos. Pedimos disculpas a todos nuestros amigos de caelanoche y esperamos que disfruten de éstos nuevos textos.
La Dirección
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Publicado el 4 de Octubre, 2007, 19:56.
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Medio congelada,
miraba por la ventana a los clientes del bar, con la vieja mezcla de curiosidad
y bronca. ¿Qué se sentiría poder entrar a un lugar así? Ofelia nunca había
pasado de un café aguado en un bar de la estación, pero esos bares céntricos,
siempre en penumbras doradas o rojizas, donde los clientes adquirían un glamour
de estrellas de cine con sus tragos en la mano, la llenaban de envidia y
curiosidad. Muchos años atrás había creído que algún día se contaría entre
ellos, pero a su edad ya estaba claro que lo máximo a lo que podía aspirar era
a un mate cocido en su habitación del pensionado. Pero esa mañana había cobrado
la jubilación, y… ¿qué tan cara podrían cobrar una taza de té? Sí, seguro
sonaría ridícula cuando lo pidiera, y entrar a un lugar tan fino vestida con
esa traza… pero a esta altura de su vida ya no le importó. Seleccionó una mesa,
y pidió su té. El barman no puso cara de asombro, ni de desprecio, ni de nada,
después de todo. El té estaba bien caliente y tenía un sabor delicioso, tanto
que casi no parecía té… “Lo que hace el dinero, que el té no parezca té…”
Pensó, saboreándolo. En eso estaba, cuando sintió que su pierna chocaba con
algo. Se agachó disimuladamente y lo palpó. Era una maleta. Su corazón se
aceleró, sabía que no era correcto, pero… ¿Cuánto podría significar para su
dueño, si la había dejado olvidada? Puso los cuatro pesos del té bajo la taza y
salió apresurada con la maleta. Tal vez fueran los cuatro pesos mejor gastados
de su vida… o tal vez sólo contendría papeles sin ningún valor para ella.
Quizás debería dejarse de tonterías, volver y decir que la encontró al salir…
pero algo cortó sus pensamientos: con un escalofrío, notó que la estaban
siguiendo. Dobló en la primera esquina que encontró, y los dos hombres también
doblaron. Desaceleró el paso, ellos también. Sí, la seguían. Pero no la
alcanzaban, entonces… ¡entonces había algo ilegal en la maleta! De no ser así,
se le acercarían abiertamente y le exigirían que la devuelva. Y algo ilegal
¿qué podría ser? Droga, fue lo primero que pensó. ¿Y si directamente fuera
dinero? ¿Dinero contante y sonante? Dólares, para mejor… Le extrañó no sentir miedo
a que la atacaran, en vez, lo que la atemorizaba era que le quitaran la maleta
¿Valía la pena arriesgar su vida por eso…? La respuesta fue violenta, y casi la
dijo en voz alta “¿Una vida como la mía? ¡Síiiii!” Su paso se hacía
cada vez más rápido, al igual que el de sus perseguidores. Cuando llegó a la
pensión, llave en la mano, creyó que entonces la alcanzarían, pero no, para su
sorpresa, se volvieron y se alejaron. Ofelia atravesó las puertas de chapa
oxidada preguntándose si esa pieza mugrosa seguiría siendo su hogar. ¿Cuánto
habría? ¿Podría por fin entrar a todos esos lugares, mudarse a un departamento,
tener su propio baño donde darse duchas calientes de una hora, una buena estufa
para el invierno, ropa nueva, abrigada… y hasta elegante? Puso la maleta sobre
la cama. “¿Y si es droga? ¿La vendo? ¿Pero a quién? ¿Y cuánto pido? No tengo
idea…” La mente de Ofelia iba a mil. Quería abrirla, pero temía la decepción.
La razón le decía que sólo encontraría papeles. Y que si había otra cosa, no
sabría qué hacer con ella. Sería demasiado bueno que hubiera billetes… Cecilia tendía
la ropa en el fondo. Acababa de acomodar una sábana raída en la soga, cuando se
halló tendida entre las plantas, con los oídos sonando. Le llevó un rato
reaccionar, y ver que la parte delantera de la pensión estaba en ruinas. Una
columna de humo negro salía de las piezas de adelante. “En la primera está
Alejandra, pero no llega hasta la noche” pensó, aturdida “En la segunda…
¡Ofelia! ¡Y está todo el día en la pieza! ya sabía que iba a pasar una
desgracia con esas garrafas podridas…”“¿Ya está
hecho?” preguntó la voz en el celular “No, una vieja se llevó la maleta. Lo
vamos a tener que hacer otro día. Hacemos igual, siempre va al mismo bar a
desayunar y nadie lo va a relacionar, la vieja se llevó la valija a una pocilga
a más de diez cuadras” “¿La pocilga voló?” “Sí, funcionó bien, de la vieja no
habrán quedado ni los calzones…”
Por: Nofret
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Publicado el 4 de Octubre, 2007, 19:33.
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Salíamos
del “palacio la sífilis”. Era una madrugada de otoño. Había refrescado. La calle
estaba mojada, y el olor a tierra nos llegaba de la cercana explanada del
Triunfo. Si no fuera por el brillo del empedrado, bien podíamos creer que en
lugar de salir del palacio de la sífilis, lo hacíamos del cortijo “los
pencales”.
Ibamos los tres por el centro de la calle, Miguel el de la “Plana”, Pedro
Llanes y el otro cuyo nombre no quiero decir. Pasamos debajo del Arco de Elvira
y nos adentramos en la calle desierta, por eso nos gustaba andar por el centro,
temíamos que algún borracho asentado en algún portal nos molestase para pedir
fuego o tener que ayudarle a encontrar la llave de su puerta.
Era un disfrute caminar por la calle solitaria, parecía que tomábamos posesión
de la ciudad dormida. Los faroles apenas alumbraban y nos dejábamos guiar por
las primeras luces de la aurora. Había escampado y la frescura de la mañana nos
daba ya en la cara.
Al llegar a la altura de la “gota de leche”, encontramos, en medio de la calle,
una maleta de esas de cartón piedra, con las esquinas remachadas de metal y dos
cerraduras gemelas de las que se abrían con cualquier llave de maleta. La
sorpresa fue grande por que la maleta pesaba lo suyo. Inmediatamente se dedujo
que no estaba abandonada para tirar, parecía nueva y estaba llena como de
libros por su gran peso. Tras una breve discusión, - el innombrable decía que
íbamos a violar la propiedad privada -, la arrastramos como pudimos a la luz de
una farola y casi sin forzar las cerraduras la abrimos. Estaba llena de
novelas, todas iguales, repetidas, pero,! Qué alegría!, cuando pudimos leer en
sus portadas: El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez.
P.D.
Permitir una pequeña aclaración. El “palacio de la sífilis”, tan frecuentado
por aquellos años, era una tasca donde en una taza de color desconocido, te
ponían un caldillo de caracoles que levantaba el ánimo. Allí no entraban las
mujeres, ni unas ni otras, en esa época los bares era cosa de hombres.
Por: Piedra
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