http://www.zimbaweb.com/estambul/fotos/im020605.jpg


Medio congelada, miraba por la ventana a los clientes del bar, con la vieja mezcla de curiosidad y bronca. ¿Qué se sentiría poder entrar a un lugar así? Ofelia nunca había pasado de un café aguado en un bar de la estación, pero esos bares céntricos, siempre en penumbras doradas o rojizas, donde los clientes adquirían un glamour de estrellas de cine con sus tragos en la mano, la llenaban de envidia y curiosidad. Muchos años atrás había creído que algún día se contaría entre ellos, pero a su edad ya estaba claro que lo máximo a lo que podía aspirar era a un mate cocido en su habitación del pensionado. Pero esa mañana había cobrado la jubilación, y… ¿qué tan cara podrían cobrar una taza de té? Sí, seguro sonaría ridícula cuando lo pidiera, y entrar a un lugar tan fino vestida con esa traza… pero a esta altura de su vida ya no le importó. Seleccionó una mesa, y pidió su té. El barman no puso cara de asombro, ni de desprecio, ni de nada, después de todo. El té estaba bien caliente y tenía un sabor delicioso, tanto que casi no parecía té… “Lo que hace el dinero, que el té no parezca té…” Pensó, saboreándolo. En eso estaba, cuando sintió que su pierna chocaba con algo. Se agachó disimuladamente y lo palpó. Era una maleta. Su corazón se aceleró, sabía que no era correcto, pero… ¿Cuánto podría significar para su dueño, si la había dejado olvidada? Puso los cuatro pesos del té bajo la taza y salió apresurada con la maleta. Tal vez fueran los cuatro pesos mejor gastados de su vida… o tal vez sólo contendría papeles sin ningún valor para ella. Quizás debería dejarse de tonterías, volver y decir que la encontró al salir… pero algo cortó sus pensamientos: con un escalofrío, notó que la estaban siguiendo. Dobló en la primera esquina que encontró, y los dos hombres también doblaron. Desaceleró el paso, ellos también. Sí, la seguían. Pero no la alcanzaban, entonces… ¡entonces había algo ilegal en la maleta! De no ser así, se le acercarían abiertamente y le exigirían que la devuelva. Y algo ilegal ¿qué podría ser? Droga, fue lo primero que pensó. ¿Y si directamente fuera dinero? ¿Dinero contante y sonante? Dólares, para mejor… Le extrañó no sentir miedo a que la atacaran, en vez, lo que la atemorizaba era que le quitaran la maleta ¿Valía la pena arriesgar su vida por eso…? La respuesta fue violenta, y casi la dijo en voz alta “¿Una vida como la mía? ¡Síiiii!”
Su paso se hacía cada vez más rápido, al igual que el de sus perseguidores. Cuando llegó a la pensión, llave en la mano, creyó que entonces la alcanzarían, pero no, para su sorpresa, se volvieron y se alejaron. Ofelia atravesó las puertas de chapa oxidada preguntándose si esa pieza mugrosa seguiría siendo su hogar. ¿Cuánto habría? ¿Podría por fin entrar a todos esos lugares, mudarse a un departamento, tener su propio baño donde darse duchas calientes de una hora, una buena estufa para el invierno, ropa nueva, abrigada… y hasta elegante? Puso la maleta sobre la cama. “¿Y si es droga? ¿La vendo? ¿Pero a quién? ¿Y cuánto pido? No tengo idea…” La mente de Ofelia iba a mil. Quería abrirla, pero temía la decepción. La razón le decía que sólo encontraría papeles. Y que si había otra cosa, no sabría qué hacer con ella. Sería demasiado bueno que hubiera billetes…
Cecilia tendía la ropa en el fondo. Acababa de acomodar una sábana raída en la soga, cuando se halló tendida entre las plantas, con los oídos sonando. Le llevó un rato reaccionar, y ver que la parte delantera de la pensión estaba en ruinas. Una columna de humo negro salía de las piezas de adelante. “En la primera está Alejandra, pero no llega hasta la noche” pensó, aturdida “En la segunda… ¡Ofelia! ¡Y está todo el día en la pieza! ya sabía que iba a pasar una desgracia con esas garrafas podridas…”“¿Ya está hecho?” preguntó la voz en el celular “No, una vieja se llevó la maleta. Lo vamos a tener que hacer otro día. Hacemos igual, siempre va al mismo bar a desayunar y nadie lo va a relacionar, la vieja se llevó la valija a una pocilga a más de diez cuadras” “¿La pocilga voló?” “Sí, funcionó bien, de la vieja no habrán quedado ni los calzones…”

 

Por: Nofret