¡Es ella! gritó y salió corriendo en su busca. Su amigo se quedó con la mano en el aire y la boca abierta. Al cabo de unos segundos regresó jadeante y empezó a balbucear.

- ¡Era ella! Estoy seguro.

- ¿Pero, quién?

- Laura. Una amiga de la universidad, incluso tuvimos nuestro momento. Recuerdo “el curioso caso de una maleta que encontramos una fría madrugada en pleno centro de la ciudad, cuando salíamos de un bar…” Al abrir la maleta, sólo había un teléfono. Ella, en medio de su borrachera se puso a jugar con él. Nos reímos, pues dijo muy seria, que tenía línea con el más allá. No recuerdo más, pero, no es irónico que después de tantos años, me la encuentre vendiendo minutos por las calles.

Por: Gladys