Su genio, la concepción del mundo que tenía en su cabeza sólo era capaz de llegar al 100% si se expresaba en un lienzo. El sufrimiento que plasmaba en esos colores más o menos vistosos; más o menos oscuros, quiso llevarlo a su vida real. Su particular martirio y guerra contra su “yo” más oscuro, fue arrinconándolo en un mundo del que no pudo escapar. Una noche primaveral, en la que la ciudad volvía a ponerse bella, ensimismado en sus propios pensamientos no advirtió las luces de un vehículo que no pudo esquivar un bulto oscuro al salir de aquella curva.
     La muerte había jugado ya su baza, y aunque falló por una milésima, sólo tuvo que esperar pacientemente en aquella residencia llena de personas a  las que no lograba reconocer. Y llegó un día otoñal en que firmó su parte del trato con Ella. Aún así la personalidad de aquel ser de aspecto bronco y duro quedará inmortalizado en sus colores y formas por toda la historia humana.

Murió un hombre, renace un artista.

Por Jimul