Título: Un hombre y dos mujeres

Autor: Doris Lessing

Editorial: Seix Barral S.A. – Biblioteca Breve

Barcelona 1967

 

Me encontré con esta escritora de forma casual, como suele suceder con todo aquello que nos sorprende sobremanera. Era un tomo amarillento, con manchas oscuras en algunas de sus páginas, como esas que les salen a los ancianos en las manos o en el rostro. Unas manchas que nos hablan de sus vidas, muy seguramente plenas de experiencias.

Lastimosamente no pude iniciar su lectura inmediatamente, sólo dos semanas después me encerré en el cuarto, encendí mi pequeña lámpara, acomodé las almohadas y me adentré en su lectura.

Un hombre y dos mujeres adopta el título de su primer cuento, un relato que habla de la amistad entre dos parejas con un lenguaje pausado, tranquilo, pero agudo, analítico, incisivo, característica común en muchos escritores anglosajones y que siempre nos abre nuevos puntos de vista acerca de situaciones, que por cotidianas, creemos ya sabidas, incluso, hasta faltas de interés.

En este primer relato, la forma compacta de dos parejas se quiebra al ausentarse uno de los hombres, dejando a su pareja en una posición crítica ante sus amigos. En esa especie de variación de roles, se presentan situaciones complejas, insinuaciones que a pesar de no concretarse en acción directa, van mellando la fortaleza de una amistad que se creía sólida, dejando en el ambiente una sensación de incorrección social.

Este libro, por su condición de selección de relatos, nos depara más sorpresas, nos describe mundos cotidianos desde varios puntos de vista, pues los protagonistas de los cuentos a veces son personas mayores, niños, cosas, o animales; todos con un denominador común: la incisiva amplitud psicológica que despliega la autora para dar coherencia a su obra.

No quiero terminar esta reseña sin expresar mi opinión sobre uno de los cuentos en particular: Dos Alfareros: en este relato, la escritora nos cuenta un sueño, este sueño es contado a una amiga, el sueño es recurrente y cada vez que se presenta, ofrece continuidad al relato, enriquece la acción entrelazándola de una manera fantástica, hecho que me llevó a preguntarme: ¿Por qué no le hago caso a mis sueños?, quizás si me los tomara más en serio, podría hacerlos realidad.

 

Ágata