Siempre me gustó aquella tradición de quemar los objetos representativos de nuestros infortunios el último día del año, objetos que se camuflaban en el cuerpo de un hombre hecho de trapos viejos y entrañas de pólvora.

    Cada año era yo quien aportaba más objetos… por tanto tenía el privilegio de ser el primero en lanzarle el fósforo. Este año el privilegio recayó sobre Pepe. Será él, el encargado de lanzarme el primer fuego de la noche.

    Por: Selvática