Negociaciones, desmovilizaciones, entregas y diálogos son
términos claves en la descripción del panorama político que actualmente enmarca
la realidad nacional. Mientras las voces amigas de los gobiernos del mundo se
unen a la causa de la pacificación, a nivel interno, los disentimientos siguen
pareciendo irreconciliables y tanto gobierno como guerrilla se eternizan en su
posición, desde la cual el primero se niega brindarle reconocimiento político a
la contraparte y el segundo se niega a asumir la legitimidad de su oponente.
Es difícil encontrar una convergencia de intereses en la liberación
de los secuestrados por las FARC, cuando estos representan su única herramienta
en una negociación que se hace impensable a los ojos del gobierno Uribe. Para el presidente, cuya bandera política es
representada en la seguridad democrática, que significa la derrota militar de
los alzados en armas, una negociación representaría el fracaso de sus
intenciones. Para la guerrilla, por su parte, esta respuesta le dejaría
desprovista de toda protección, si antes no se consolida el establecimiento de
un mecanismo similar que le permita seguir combatiendo.
Mientras ambos exhortan a su oponente a que muestre
una voluntad política, las esperanzas de acuerdo parecen cerrarse
progresivamente, toda vez que sus intereses se muestran distantes y anversos.
Los subversivos instan al gobierno a que les permita suplir la utilidad que les
ofrecen los secuestrados por el control de una extensión de territorio
estratégico, cuando se sabe que ese mismo gobierno considera que la presencia
de tropas en algunas áreas es suficiente para expresar la autonomía del Estado
y que se niega a reconocerles un estatus político, teóricamente materializable
en una negociación. Esto significa que tanto para uno como para otro el ceder
en sus pretensiones les dirige a la pérdida de su objetivo.
Las irreconciliables posiciones de los enfrentados no deja
dudas acerca de la poca probabilidad de las negociaciones, pues lo que estos
ponen en juego hace que el riesgo supere la potencialidad del éxito. Salvo el
surgimiento de presiones internacionales lo suficientemente agobiantes en el
orden económico y/o político, esta situación se mantendrá vigente y las miles
de familias de los secuestrados continuarán soportando la ausencia de sus seres
queridos.
Por: Giovanni González Arango
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