UNA MALETA ABANDONADA POR AHÍ.
	El taxista abandonó el bar luego de dejar a una pareja que llegaba 
tardíamente al animado local. Montó en su taxi, se deslizó suave y
silenciosamente en la noche. No se escuchaba más que el ronroneo de los
neumáticos sobre el asfalto mojado. El parabrisas recibía desenfocados los
evanescentes reflejos de los avisos de neón que pendían de los puntos altos de
la avenida. El taxi tomó una curva y cuando había avanzado unos metros
se detuvo. Los ojos del taxista se animaron codiciosos. Casi en la mitad de la
calle se veía abandonada una maleta nueva. La maleta insinuaba un atractivo
contenido y al decir verdad su abandono parecía comportar algo  provocador...
El taxista oteo la soledad del lugar  y con cautela se bajó del taxi. Con pasos
medidos se planto frente a la maleta.
La miró apreciándola en su conjunto.
Taxista: ¿Qué haces bandonada por ahí, a estas horas de la madrugada? - 
La voz suave de la maleta lo sorprendió -
Maleta: Usted lo ha dicho, me han abandonado...
Taxista: ¿Y por qué nadie te ha echado mano y te ha llevado?
Maleta: - Un tanto apenada - Bueno, eso no lo sé...
Taxista: Si así están las cosas, ¡pues vamos, te vienes conmigo!
La maleta indecisa se encogió de sus correas....
El taxista la apreció en su justa medida, pero justo cuando se disponía a 
echar mano de las manijas, algo lo detuvo. Retrocedió un paso y miró a los
extremos de la calle con recelo. Su entusiasmo se disipó...
Taxista: Una maleta bastante bonita, de seguro con buen contenido y abandonada, 
¿en plena madrugada? No, ¡mis amores! Estas emboscadas no son para mi... ¡Dios
me libre de un asalto!
Desconfiado subió al taxi, dio una última mirada a la maleta y se alejó. En 
pocos segundos el taxi era una manchita amarilla que se desvanecía a lo lejos.
Pasó un tiempo sin que ocurriera nada. De pronto se escucharon unos pasos 
desordenados. Un joven despistado paso dándole patadas a una lata.
La maleta se ilusionó con el encuentro, pero fue una mera ilusión. El joven 
balbuceó un "hola" cuando paso a su lado y siguió calle abajo, pateando la lata,
con su carita de niño despistado. Con pesar la maleta lo vio perderse en la
esquina. Volvió el silencio de la noche y el sonido de algunos coches que pasaban
allá, al fondo, en la avenida. Unas carcajadas de mujer, se escucharon de pronto.
Pero la maleta no vio nada.
Unos segundos después se vio la silueta de dos mujeres jóvenes que venían 
abrazadas en evidente jolgorio. Con viva curiosidad la maleta las observo
hasta que estas llegaron a pocos pasos. Las amigas se miraron entre sí, miraron
la maleta y estallaron nuevamente en sonoras carcajadas...
MUJER 1: ¿Qué haces aquí?, tan mona y tan sola...
MALETA: - Sin tono de victima - como lo ven, aquí me abandonaron...
Hubo un silencio entre las amigas pero seguido estallaron en nuevas risotadas.
MUJER 2: Pues vienes con nosotras, que la vas a pasar muy bien y la noche es 
joven...
La maleta las miro indecisa y lo pensó.
MALETA: Ustedes están de fiesta, creo que yo les estorbaría... 
Las amigas apenas escucharon a la maleta. Hicieron pases de baile, posaron como
 modelos y se fueron haciendo adioses con las manos sin parar de reír. Volvió el
silencio. Por un breve tiempo ni el sonido de los carros se escuchó. La maleta no
se exasperó pero se sentía triste. Tal vez por eso ni se dio cuenta a que horas
apareció el anciano reciclador que venia recogiendo cartones de los botes de
basura en un carrito de madera.. Pensó que el anciano se iba arrojar sobre ella
pero ocurrió lo contrario. El anciano escarbo en botes cercanos a la maleta y
apenas le dispensó un par de miradas.. Soltó unas frases como si se conocieran
de siempre.
ANCIANO: Parecía una noche lluviosa y ya ve, se ha puesto muy buena la noche....
MALETA: ¡Es verdad! ...Aquí he estado ya hace unas horas, me han abandonado...
El anciano detuvo por unos instantes su tarea y observo con detalle a la maleta. 
Se quedo pensando y se pasó varias veces las manos en la cabeza, como si fuera
un gesto de preocupación...
ANCIANO: Es un poco raro que viéndose usted tan bien, se encuentre ahí, en la 
mitad de la calle, sola, cuando podría estar en muy buenos lugares…
MALETA: ¡Así es la vida! -Dijo la maleta, sin tornarse patética.
Lejos de mostrar interés el anciano se disculpó...
ANCIANO: Usted me comprenderá, mi tarea es recolectar todo el cartón que 
pueda... ¡Es mi comida! No la puedo llevar conmigo. Si lo hago, me puede traer
problemas, pues me conocen por el cartón… Pero con una maleta nueva, ¿quién me
lo va a creer?
Siguió dándose razones y hablando para sí mismo mientras seguía pacientemente 
su labor. Así estuvo un buen rato mas en esa calle y se olvidó de la maleta.
Después desapareció como llego. De pronto retorno el silencio y la soledad.
Sobrevino luego un tímido amago de lluvia. La maleta se estremeció y su
reluciente cuero habano se lleno de repente de puntitos mas oscuros.
La lluvia ceso cuando apareció la mujer elegante. Parecía tener algo más de 
cuarenta años y todas sus prendas como sus modales eran sofisticados, elegantes.
No se inmutó por la suerte de la maleta y no paro de hablar de los nuevos tiempos,
de la moda, de la soltería, de los sitios de vacaciones, de los buenos licores,
de los amantes, de los idiomas y de las malas amigas...Le echo flores a la maleta
antes de irse y se fue como si nada...Nunca le ofreció llevarla consigo. Una
inquietud se apoderó de la maleta. La madrugada seguía su curso y ya no pasaba
nadie, ni siquiera a lo lejos.... Parecía que así seria hasta el alba, cuando el
muchacho que había pasado pateando un lata reapareció de regreso.
Parecía de buen ánimo y venia como hablando solo. Tenia cierto aire de orfandad 
aunque su ánimo contradecía todo. Se sorprendió cuando se vio junto a
la maleta....
JOVEN: - Mirando incrédulo y admirativo a la maleta-  ¿Qué haces aquí a estas 
horas de la madrugada....
MALETA: Lo mismo te podría preguntar.
JOVEN: ¡Me gusta la noche! ....Los días que deseo salir, espero que mis padres 
se duerman y salgo sin ser visto.. Temen que pueda sucederme algo, pero funciono
bien con la noche... - Vuelve a mirar a la maleta incrédulo- ...No puedo creer
que estés a estas horas sola, abandonada...
MALETA: Pero si ya habías pasado por mi lado y me dijiste un ¡hola!
JOVEN: -Incrédulo consigo mismo- ¿qué pasé y te dije un hola? Vaya por Dios, 
¡vivo en la luna! ¡Discúlpame!
Y siguieron hablando justamente de la luna, de las formas de las nubes, de los 
silencios de la madrugada, de las diferencias de noches parecidas y de las letras
de las canciones que cambian de acuerdo al estado de ánimo. También de las cosas
abandonadas en las calles. Rieron y se contaron mucho mas cosas. El muchacho,
sin dudarlo, se apresto a tomarla de la manija pero la maleta le dijo que estaba
de acuerdo, pero que era importante que mirara su contenido. El muchacho le dijo
que no importaba, que entrarían con sigilo en la casa y allá lo haría. Pero la
maleta
insistió. Entonces el muchacho procedió con toda delicadeza. Puso la maleta 
sobre el anden, soltó las correas y activo el cierre. La maleta se abrió. Allí,
luminosas y brillantes estaban montones de fotos de muchas calles de la ciudad
en la noche... y también innumerables fotos de personajes que se detenían hablar
con maletas abandonadas a la madrugada....Con cierta ansiedad el muchacho repaso
muchas de las fotografías. Quería comentar sobre todo aquello pero volvió a
ordenar el contenido y cerro la maleta. Sonrieron animados. El muchacho puso
sus tibias manos en las manijas de la maleta y echo a andar hacia su casa. Se
fueron hablando de cosas normales, como la hora, los indicios de sol y de la
gentes. Pero tema no les iba a faltar. En la esquina se cruzaron con el taxista
que ya había pasado y este, a media marcha, los miró con recelo.
 
Por: Ricardo Suárez.