“Los ateos tienen derecho a decir a los creyentes: Seriáis más libres si dejarais vuestra ridícula fe en Dios”.

Y los creyentes pueden contestar: “Tendríais un sentido más profundo de la libertas si tuvierais fe.”

La libertad de expresión incluye necesariamente el derecho a ofender; no el deber sino el derecho. En especial, debemos ser libres de decir lo que queramos sobre las figuras históricas, ya se trate de Jesús, Moisés, Mahoma, Churchill, Hitler o Gandhi, y luego dejar que se contrasten nuestras afirmaciones con las pruebas documentales. Puede que no estemos de acuerdo con lo que digan quienes quieren levantar controversias sobre estas figuras, pero debemos defender hasta la muerte su derecho a decirlo. Por motivos obvios, debe haber límites a lo que se puede decir sobre personas que están aún vivas, pero deben ser unos límites precisos.”

Creyentes y no creyentes –Por Timothy Garton Ash – El País 02-12-07

Leyendo este artículo no puede uno menos que hacer un alto en su domingo de principios de diciembre para reflexionar sobre la libertad de expresión. Según  el Sr. Garton debemos ser libres de decir lo que queramos.

En el artículo, él se limita a ejemplarizar su tesis hablando de las figuras históricas, supongo por hacer referencia a los sucesos como las amenazas al dibujante que tomó como objeto de trabajo la figura de Mahoma, o más recientemente los dibujos de los príncipes de España y si ahondamos un poco encontraríamos multitud de ejemplos a nivel mundial.

Yo, que soy ciudadano del común, que me levanto los domingos a ir por el pan y el periódico, que tomo autobuses, que tengo un jefe, y que jamás, diga lo que diga, en mi ámbito privado acerca de esas figuras históricas seré condenado a muerte. ¿Qué puede significar la voz de un ciudadano en el concierto mundial? Nada, a menos que ese ciudadano tenga respaldo de opinión pública, entonces si que sería condenado.

Eso no quiere decir que mi opinión acerca de terceras personas no sea dañina. ¿Quién no ha conocido a un empleado que ha sido despedido por ridiculizar a su jefe? ¿Quién no ha sufrido de la mala fama o el mal ambiente creado por vecinos envidiosos, amantes obsesivos, amigas/os ruines, que aguardan en silencio el momento más oportuno para utilizar tus propias palabras como afilado cuchillo para clavártelo en la espalda?

En este orden de ideas, no importa si eres poderoso o no, siempre estarás amenazado por el concepto libertad de expresión y más aún cuando no tienes arte ni parte en la elección de aquellos jueces que finalmente establecen qué se debe decir o no.

A través de la historia del hombre lo podemos ir comprobando, dependiendo de la cultura predominante, se establecía qué era lícito y qué no. Se crean normas, valores, medidas de acuerdo a determinada sociedad o ciclo histórico… siempre es una decisión de conveniencia al sistema y jamás una opción para lograr cimentar de manera universal en el hombre la libertad de expresión (tu puedes decir lo que quieras pero…) hasta ahí llega nuestra libertad. Hasta ese pero tan odioso y ambiguo en el que se pueden excusar las mayores atrocidades de la humanidad.

Y ahí nos quedamos, la gran mayoría siguiendo los pasos que la poderosas minorías nos marcan, ahí vamos renegando en voz no muy alta por la falta de libertad, procurando no atormentarnos mucho. Lo justo para expresar nuestra opinión sin que altere demasiado nuestro estilo de vida.

Sin embargo, algo está tomando forma en el universo, aún es muy pronto para saber qué derroteros vaya a seguir, pero ahí esta, se trata de la tecnología, que sin saber en qué se ha metido, le brinda al hombre un medio para expresarse libremente: Internet. Lo qué empezó siendo un sistema oficial y cerrado, ahora parece ser el territorio donde todo el mundo puede hablar, y lo más importante, ser escuchado. He ahí el éxito de los blogs personales, un medio que se utiliza para reivindicar, para tratar de definirnos, defendernos, sentirnos acompañados, donde podemos ser todo que no pudimos o no tuvimos el valor de ser, para vivir cómo hubiésemos querido hacerlo, hablar de cualquier cosa, desahogarnos, amar u odiar, exponer nuestros pensamientos y opiniones… en fin, una especie de diario secreto, porque lo escribimos a solas en la intimidad pero abierto al mundo, puesto que nos leen personas de quienes no tenemos ni remota idea de su existencia.

Quizás sea ese el camino para eliminar de la humanidad el (tu puedes decir lo que quieras pero…) La historia lo dirá, lo cierto es que a través de los blogs hemos creado un nuevo mundo habitado por infinidad de amigos con un denominador común, el punto com. Lo que brote de allí, está por verse.

L.D.