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Tengo
una caja de ciruelas para vender a la orilla del camino. Les quito la piel con
los dientes y saboreo el ácido de su pulpa con mucho placer.
Luego las vendo. Sigo a la gente que me las compra hasta que las muerden. Saben
a mi, por eso me las compran.
Por: Selvática
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