8 de Diciembre, 2007, 15:13: L.D.General

    


        En el puente de la comunicación, aquella vivaz y avispada mujer, tan rotunda y exacta en sus opiniones fue presa de un predador, cuyas buenas maneras le hicieron caer en sus garras.

       Envuelta en una rotonda de sentimientos, se quedó anclada en medio del puente de la felicidad, cuya circunvalación periódica estuvo a punto de costarle su existencia.

       Una vía nueva de salida, llamada Eva, le hizo abandonar su caótica deriva.

       Hoy continúa su camino por el puente y aunque no logra a ver el final de él, sí ha dejado atrás la recurrente vía de la destrucción.

 

Por Jimul

 

(Dedicado a todas las mujeres que piensan que su situación no tiene solución)

8 de Diciembre, 2007, 15:01: La DirecciónGeneral



Cada mañana, tan pronto abro los ojos enciendo mi pequeña radio – a propósito ya suena bastante mal, tendré que regalarme una para reyes – y sintonizo mi emisora prefrida. No, para escuchar las noticias, al contrario, procuro ensoñar un rato para poder tener el valor de enfrentarme con la realidad de nuestros países.

Hace un par de días, la locutora, con su dulce voz literalmente clavó una estaca en el corazón de mis fantasías. Estaba hablando sobre los continuos y largos periódos en que las epidemías asolaban la vieja europa, se refería en concreto a Hungría y a la epidemia de la rabia, cuyos síntomas: sexualidad exacerbada, espumarajos y una reacción a la luz brillante, quizás dieron origen al mito de los vampiros. Al ahondar en el tema, se descubrió que la Hungría rural sufrió una epidemia de rabia en el siglo XVIII, que se extendió por Europa mientras proliferaban los relatos de vampiros. Por ello, se cree que los campesinos, aterrorizados por la rara conducta de las víctimas de rabia, concibieron este mito para explicar el fenómeno.

¡Ya está! Otro mito que se me deshacía entre los dedos. Y no es que yo ande con un manojo de ajos por la vida, o que hurgue debajo de los pétalos de las flores en busca de Hadas, duendes o Unicornios, sin embargo me gusta creer en ciertas fantasías, me gusta pensar que hay algo mágico en nuestras vidas y que incluso puede ser peligroso; eso lo hace más excitante, más tentador, como si te dijeran, cuidado con estirar los dedos porque puedes quemarte con el sol, ¿pero no vale la pena intentarlo?

Por eso me levanté decepcionada. Otro mito que se me había ido al carajo. Detesté el saber, odié el conocimiento, odié crecer, mientras me preparaba para salir a trabajar.

Ya en la noche, la fantasía se apoderó de mis sueños… me sentí mejor… siempre nos quedan los sueños.

L.D.

8 de Diciembre, 2007, 14:57: Selváticaminirelatos


Ha llegado el momento definitivo. Solo un par de pasos y listo.

No ha sido ningún moco de pavo todo el trabajo de los últimos siete días. Poblar el mundo es cosa jodida, hay millones de detalles que tener en cuenta, ¡y ayyyyy de las consecuencias! No quiero ni imaginar lo que podría pasar si me hubiera olvidado algún protozoo rosa.

Bueno, a vuelo de pájaro la cosa parece funcionar muy bien, casi que puedo sentirme orgulloso del resultado. Es lo que yo llamo un trabajo perfecto. Vamos, digno de mí.  El tiempo apremia, pero ¿Dónde habré puesto mis piernas?

Por: Selvática

8 de Diciembre, 2007, 14:47: GladysGeneral



Edad indefinible, rostro impredecible,  cabellos entre rubios y castaños, vestida igual que millones de mujeres en la ciudad, luciendo las joyas que se venden en cualquier tienda del todo a cien.

Y sin embargo no puedo apartar mi mirada de su imagen.

Los ojos se me voltean sin querer hacía ella cada vez que desvío la mirada, justo cuando una paloma, el ruido de un autobús, un niño llorando,  el vendedor de helados o globos se interpone entre su imagen y mis pupilas.

¿Por qué?

No lo sé y en este preciso momento tampoco me importa, ni tengo voluntad suficiente para averiguarlo, el cerebro no quiere trabajar, está lleno de esa imagen no hay espacio para nada más.

Un momento. ¡Me miró!

Y sentí un puño en la cara.

Ahora se levanta me ignora, me ha olvidado, recoge su falda, se arregla el cabello, toma su bolso. ¡Me abandona!

Se va, pero va dejando un rastro de arena que corresponde exactamente a la medida de su pie, en el primero la arena ha formado la figura de una casa de campo con jardín, en el segundo hay varios niños jugando, en el tercero una mecedora, en el cuarto una cama sin hacer y con la huella de un cuerpo entre las sábanas.

Y tengo miedo. Si alguien pisa esas huellas la destruirían.

Por Gladys

8 de Diciembre, 2007, 14:39: Charo GonzálezHablando de...




"Respira despacio para que puedas saborear cada aliento y dibuja sonrisas en el cristal de la ventana que te recuerda que se va escapando el tiempo"

"Fue tan silencioso que el eco se quedó dormido de aburrimiento"

"Sobre un paso pendiente de otro no mantenemos movimiento, mantenemos espera."

 "Bajo la tormenta dejó que la lluvia resvalase por su rostro y en ese instante los truenos ya no le parecieron tan amenazadores."

 "Si seguimos buscando motivos terminaremos encontrando razones falsas donde sólo existen  hechos evidentes"

Por: Charo  González

8 de Diciembre, 2007, 14:30: Ricardo AbdahllahGeneral


No tengo ninguna queja. Es decir, tengo una queja pequeña, un detalle que me molesta, pero salvo eso estoy contento. O no contento porque las despedidas encierran cierta cosa parecida a la tristeza, pero sí satisfecho como quien ha disfrutado el banquete y se retira a dormir y ya luego si se han quedado cosas por hacer hay que saber que el tiempo es infinito pero no para nosotros. Estuvo bien haber caminado de noche bajo la lluvia y haber parado en las esquinas y bajar antes que ella el anden para que nuestros labios quedaran a la misma altura y haber vendido traducciones de canciones como si fueran poemas para conseguir algunas monedas y haber desocupado tantas botellas de vino barato y un par de copas de buena champaña y ni siquiera me arrepiento de haber sufrido, porque cada vez que el dolor tomaba su lugar en mi corazón me daba la oportunidad de escribir algo (con pésima letra, por supuesto, lo saben bien) y complacer a la vida, mi adorada reina con lengua de serpiente. Por eso el detalle incómodo es tan pequeño, incluso solucionable si les parece. Toda resaca termina a eso de las cuatro de la tarde y siempre hubo un auto que se detuvo para levantarme en una carretera donde se diría que ya nunca pasa nadie. Lo supe hace tiempo: antes del final todos mis deseos habrían sido complacidos conseguidos y eso explica esta sonrisa inusual, la sonrisa de la puerta que se abre, del peso del morral en la espalda en una ciudad en la que uno nunca había estado, el ruido de las teclas a la hora de armar palabras, la llamada esperada, un poema donde una mujer pudo decir en dieciocho palabras todo lo que estoy tratando de decir, que estuvieron bien las fogatas, a pesar del olor a ceniza en la ropa y en el cabello mientras hubo cabello y los pactos de sangre, a pesar del dolor en las yemas de los dedos, que la torpeza para hacer música se compensó con una melomanía notoria, que nací de una mujer fuerte, fume lo que puede sin saber fumar y siempre hubo alguien que me recomendó buenos libros, que mis zapatos se gastaron caminando, que pienso ahora en el buen sabor que tenía su piel y los desiertos conocidos y el desierto que nos espera  aunque al menos por un tiempo tenga que ir a vivir al bosque, qué bien que todo salió bien y se leyó lo que se alcanzó y hubo tiempo para ver conciertos y aprenderse montones de canciones y cantarlas en los bares con una cerveza helada en la mano, y haber encontrado pronto los ojos que me iban a mirar por siempre y que esos ojos quisieron mirarme y esa mujer sabía hacer llover y tuve buenos amigos poetas y buenos amigos borrachos y alguien me dijo una vez que le había quitado la mitad de la tristeza. Y eso es algo ya y no sólo es la cuestión del ego, de saber que cuando salgan de aquí van a pedir una cerveza y hablarán de mí, es la alegría de haber podido reunirlos, lo que de hecho justifica esta muerte tan pequeña como todas. Tan pequeña como ese detalle que no es la gran cosa pero les voy a contar para que no se queden con la duda: pasa que cada vez cae más y más tierra sobre la tapa de mi ataúd y ahora, cuando por fin ustedes me han evitado algo tan burdo como ‘Tú eres mi hermano del alma realmente un amigo’ en favor de “November Rain” durante mi funeral, estaré completamente sepultado antes del fragmento final y voy a perderme ese ritmo tan de lujuria y muerte y sobre todo ese instante preciso donde la música, como todo, se transforma en un sonido de lluvia y luego en ese rudito que se parece al silencio.


De nosotros hace ángeles la muerte

y nos da alas donde teníamos hombros

planos como garras de cuervo. 

Jim Morrison

Por: Ricardo Abdahllah