Uno de los mayores placeres que puede disfrutar el ser humano es caminar, el lugar por donde pasea ya depende de sus gustos particulares, unos prefieren la playa, otros los parques, o las calles.

Caminar te da una sensación de libertad, sobre todo si lo haces solo. Sales de casa, cierras la puerta y parece que has dejado atrás los problemas, el alma se aligera y los pies nos van llevando casi por inercia. La mente vaga de un pensamiento a otro, de una imagen a otra, de un deseo a otro. Si lo hacemos por estas fechas, de seguro nos tropezamos con otros seres humanos, les llamo de esa manera haciendo gala de su parecido físico a mi, pero su caminar es lento. Su espalda curva no puede resistir la carga de regalos que llevan en las manos.

Pasan a mi lado con bolsas elegantes, con rollos de papel para envolver los regalos, y sus voces hablan de determinados almacenes donde han visto... les han dicho... les aconsejaron...

Vidas, mundos, hechos, cosas que llenan la existencia de las personas, que les encauzan en horarios determinados y fechas por celebrar. Me rozan pero no me atraviesan, a veces, incluso nos tropezamos, pero de las disculpas no pasamos.

Creo que no soy humano, no tengo a quien regalar, no tengo horario por cumplir, no tengo que comprar un detallito para x o y. A pesar de todo me gusta la calle en navidad.

L.D.