Con el pretexto de las navidades, el fin de año y los reyes, los cerebros de la humanidad exprimen sus neuronas para lograr la máxima rentabilidad: Los periódicos se afanan en editar suplementos especiales, o recurren a las voces literarias de mayor prestigio. Los comerciantes viajan hasta el fin del mundo para pescar en mercados ilegales las novedades que va a deglutir el primer mundo en esos quince días de locura, las familias hacen cola en los bancos para pedir sobregiros, préstamos o avances de dinero, los empleados trabajan horas extras o se buscan un apaño para aumentar sus ingresos y así toda la humanidad por fin logra cohesionarse bajo un elemento: el consumo.

    Entre la oferta de los periódicos se encuentra por supuesto la cultura, - de eso no se libra ni Dios – y en un suplemento editado por El País, ellos tan amables con sus lectores, se tomaron la molestia de reseñar los títulos, que según las famosas listas de cada año, constituían los más vendidos. Era tal la profusion de autores, de estilos, de temas que recomendaban que uno se sentía como en un centro comercial. ¿Que leer? El ganador del último premio Planeta? Nadal? de narrativa joven? o ¿sería mejor decantarse por los temas, ficción, novela histórica, cuentos o poesía?

    Hay para escoger y que cada uno emplee su libre albedrio, además si no le gusta lo puede devolver o acogerse a los programas de retorno de libros, así, además de leer, sin duda uno se sentirá mejor porque ha contribuido a hacer algo por los demás.

    Las ventajas del mercado. De poseer dinero para comprar lo que queramos y eso está muy bien - Somos afortunados -.

    Días más tarde, el mismo periodico, otro suplemento, otro mar de información y ¿qué me hallo? Que quizá esas mismas personas con dinero para comprar cuanto les apetece y que a lo mejor devolvieron un libro para que otro lo pudiera leer, podrían ser las mismas que van a países como China, Rusia, Nepal, Etiopia, Congo, Colombia, Mexico o Perú con el ánimo altruista de adoptar niños – comprar niños – hambrientos, desarraigados, abandonados por sus padres y los Estados. Toda una obra de caridad. Tienen el dinero, pagan los trámites y llenan los bolsillos de los intermediarios para lograr traerse un niño de color extraño a su casa, tomarle fotos, comprarle ropa en Zara y enseñarlo orgullosos a sus amistades.

    Muy noble – ¿recuerdan el rostro de Angelina y su bello marido a lado y lado de un niño oscuro? – niños que muchas veces no se adaptan a sus nuevos hogares, a sus nuevos padres y se hacen rebeldes, vengativos, crueles, por tanto son devueltos a los orfanatos, lanzados otra vez a los avatares del destino, con las heridas de la maldad humana sangrándoles en sus corazones aterrorizados, sin poder dar crédito a lo que está pasando: sus nuevos padres no los quieren, no los soportan.

    Nuestra bella, práctica y opulenta sociedad no aguanta el mal carácter de sus hijos y los lanza a la calle. A eso hemos llegado. Los reyes nos traen un regalo y como no nos gusta lo devolvemos o lo desechamos y tan tranquilos.

    Ojo, no olvidemos que esos niños abandonados crecen, se hacen hombres y...

La Dirección