El rostro de Clara Rojas, recientemente puesta en libertad por las FARC, su voz intentando mantenerse firme ante los periodistas, su sonrisa sincera, su imponente humanidad contrasta con la prepotencia de los bandos que se desangran en Colombia y que no dudan en utilizar el medio que sea para lograr sus propósitos.

¿Pero desde cuándo, en la historia de la humanidad, los seres humanos se convirtieron en artículos de cambio? Lamentablemente debemos contestarnos que desde siempre, desde que unos de ellos se irguieron más pronto que los otros. Sin llegar a atrevernos a lanzar teorías acerca de la evolución del hombre, podríamos evaluar la hipótesis de que tal comportamiento es propio del ser humano, único espécimen capaz de torturar, sentir placer en ello, o utilizarlos para beneficios propios.

Lo que nos llama a reflexión, en este momento no es sólo la capacidad del hombre para torturar a sus semejantes, sino la resignación de los dominados ante tales hechos ¿Por qué aceptamos que nos encarcelen, que nos aten con cadenas y nos obliguen a andar por la selva, en el caso de los secuestrados por las Farc, que es el ejemplo extremo, ya que si ampliamos la visión nos encontraremos con situaciones de tortura, menos mediáticas, pero igualmente intolerables dada la supuesta cultura, desarrollo y tecnología que caracteriza el mundo del siglo XXI.

Es acaso el instinto de supervivencia el que nos obliga a resignarnos pensando que quizás la tortura cese pronto y podamos volver a ser libres, o en el caso de Clara, el instinto maternal fue lo que la mantuvo viva. Y de ser así, por qué ese mismo instinto no nos ayuda a la hora de buscar soluciones a los conflictos, por qué no es capaz de cuestionar y replantear las ideas en vez de eliminar o torturar a los hombres.

¿Necesitará el hombre aniquilarse para evolucionar?

L.D.