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Volvió a recordar aquellos
días salvajes, perdidos en un laberinto de maleza exuberante. Lo veía a él con
ese aspecto delgaducho, pero robusto, de tez morena, un auténtico bombón. Para
colmo era inteligente y sensible. Entonces, ¿por qué seguía en aquella
situación, con aquella panda de maleantes? Esta pregunta y otras muchas más se
las hacía cada vez que veía a su pequeño, Enmanuel, su niño, calco perfecto de
una relación prohibida entre víctima y verdugo. Pero llegó aquella fría mañana de otoño, en la que el jefe
de la guerrilla y sus propios compañeros le arrebataron las dos cosas que más
quería, a su hijo, y a su confort espiritual. Sabía que sería la última vez que
vería a ambos. Hoy, la vida le ha dado una segunda oportunidad, vive en
libertad y con aquel hijo fruto del amor y la libertad en una sociedad
esclavista y carcelaria.
Por: Jimul
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