La ciencia de vez en cuando nos recuerda cosas que tenemos enquistadas en el cerebro y que alguna vez recibimos de la abuela, los campesinos, o los brujos del pueblo... bueno, los que en este siglo XXI, todavía podemos recordar tener abuelas o haber vivido en un pueblo, un grato inconveniente del que se libran las nuevas generaciones de citadinos.
    Ahora resulta que la ciencia, esa bruja de silicona, nos anuncia con letras tamaño 38 puntos que hay que mover las neuronas para permanecer jóvenes. Según un estudio realizado por la Universidad de Barcelona y del hospital Clinic de Barcelona, “la educación continua desde la más tierna infancia permite llegar a la vejez con reservas mentales que permiten que el cerebro funcione bien, pese al deterioro físico”.
    Ya lo decía mi abuela, estudie mijo, lea mucho, que en las páginas de los libros se esconde el mundo. ¡Cuanta razón tenías abuela!
    Yo te hice caso, un poco tarde, pero cuando dejaste de contarme historias, las busqué en los libros y así he podido vivir más o menos en armonía con el mundo, ese es mi caso, único y personal, pues no tengo estadísticas, ni tiempo para hacerlas. En un rincón de mi cerebro tengo la certeza de ello, por eso me pregunto, qué preparará la ciencia para las nuevas generaciones sin abuela y sin pueblos. No dudo que siempre habrá gente inquieta por la lectura, estudiosa y critica, pero esos conocimientos no tendrán la calidez que imprimía la entonación de los abuelos o los campesinos, con su voz lenta y profunda, incluso hasta las dudas que surgían de esas charlas en el comedor (cuántas veces no pensamos, pobre abuela está un poco loca y hay que seguirle la corriente), pues esas dudas son las que se nos quedaban en la memoria y cuando leíamos en los periódicos o escuchábamos a los profesores algo en nuestro interior nos hacía CLICK, y le concedíamos la razón a  la abuela.
    Dicen también que los seres humanos poseemos una memoria genética que trasciende generaciones, yo deseo que sea así porque sería lindo que los jóvenes, cuando se hagan mayores, de repente se vean asaltados por esos recuerdos y logren ser más sabios que nosotros, pero no con una sabiduría académica, sino con el sentido conocimiento de los campesinos. Vale, me olvidaba que ya no quedan muchos y que las mujeres de esta generación (la mía también) jamás corresponderán al papel de abuelas, pues han decidido no envejecer y  hablan y se visten como sus nietas.

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